viernes, 16 de abril de 2021

El dilema peruano, fascismo o antifascismo


 

Las elecciones recién pasadas en nuestro hermano país hacen que retumbe la sentencia de Teotonio Dos Santos sobre el dilema latinoamericano entre el socialismo o el fascismo. En la segunda vuelta peruana no hay medias tintas, o se está con el fascismo o con la izquierda para realizar las transformaciones socio económicas necesarias para que Perú supere la profunda crisis a la que se enfrenta.

                Las apuestas políticas desde el progresismo socialdemócrata fracasaron al bajar Verónica de un auspicioso 18% en 2016 a un 7% al 2021. Su campaña fue impecable y más allá de haber sido ensuciada por casos de corrupción en Juntos por el Perú, analistas del “Colectivo de Redacción Nuestra Bandera” explican que el retroceso de Verónica se explica sobre todo por su cesión a los lugares comunes que le fueron impuestos por la oligarquía peruana. Así, se desquitó del color rojo que le fuera impuesto y la socialdemocracia y la oligarquía peruana le endosaron como una maldición ese color a Pedro Castillo, mientras que Verónica se vestía de un cómodo verde. Sin embargo, aparentemente, y contra los diagnósticos de los discursos centristas, el color rojo rinde electoralmente en estos tiempos de crisis mundial del capital.

                La fragmentación de la izquierda peruana es un espejo de nuestra derrota pasada y futura. Su unidad es la única fórmula para superar el estancamiento en el que se encuentra y logre superar el trauma de Sendero que la dictadura fujimorista se esfuerza en revivir con el beneplácito de los centristas que se sirven del discurso condenatorio para realzarse como alternativa de paz. Lo que no deben olvidar socialdemócratas de Juntos por el Perú y los marxistas de Perú Libre es que al frente tenemos a Keiko Fujimori, imputada por lavado de activos quien en su campaña prometió indultar a su padre que está condenado por crímenes de lesa humanidad y vanagloria su dictadura que instaló en Perú el neoliberalismo como en Chile, a punta de sangre y fuego.

                Si sumamos los números, la unidad antifascista, la unidad de la izquierda y el progresismo, pueden vencer en la segunda vuelta del 28 de julio próximo. Claro que esto requiere gestos tanto de Perú Libre como de Juntos por el Perú como principal articulación de una izquierda fragmentada, y más allá aún, si se quiere conminar a las demandas por derechos sexuales y reproductivos para construir una mayoría que no sólo sea capaz de ganar las elecciones, sino que además posicione un proyecto de país que logré sacar al Perú de la crisis económica, la pandemia y la corrupción. Perú Libre debe abandonar su agenda conservadora y Juntos por el Perú debe superar su beneplácito con el centro político que le llevó por presiones respecto a Venezuela a señalar “estar en contra de la dictadura de Maduro”. Perú nos recuerda que esto que algunos llaman política es en realidad lucha de clases.

                La tarea enfrente es gigantesca, si a Verónica le dijeron “terrorista” en la cara y le revelaron “evidencias” de su vinculación con Sendero Luminoso, nada menos se puede esperar a que hagan con Pedro Castillo quien se ha mantenido de incógnito aún para el poder mediático. Van a tratar de destruirlo e invocar el “sentido común democrático” para evitar cualquier suma a su apuesta por llegar a la Casa de Pizarro el próximo 28 de julio. Solo la unidad programática más amplia del antifascismo puede evitar que llegue al gobierno del hermano país el fascismo.

 

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