jueves, 27 de julio de 2017

¿Qué implica la elección de Beatriz al frente del Frente?


Para muchos y muchas militantes de los movimientos sociales y del Frente Amplio nos sorprendió la elección de Beatriz Sánchez como candidata de la coalición por las fuerzas dirigentes. En un inicio, nos convencíamos de que pese a la posición que asumió cuando murió Fidel Castro u otras tributaciones a posiciones alejadas de la izquierda su elección se iría justificando a medida que pase el tiempo, y luego de las primarias ya estamos en momento de hacer evaluaciones sobre ¿qué hay detrás de esta elección de liderazgo?
En este ensayo intentaremos dilucidar qué significa haber escogido a Beatriz como lideresa del acumulado político social del Frente Amplio. Si bien este fue un llamado de Revolución Democrática (RD) y Movimiento Autonomista (MA), a él se plegaron la mayoría de fuerzas políticas del Frente Amplio, y en realidad hemos de considerarla la primera valla de fuego de lo que se autodenominó en su minuto “polo estratégico” (Izquierda Libertaria, Movimiento Autonomista, Nueva Democracia, Revolución Democrática) y un hito infranqueable de reconfiguración geopolítica entre las fuerzas anti neoliberales.
Entonces, ¿qué significa que los partidos hegemónicos (RD y MA) hayan escogido a Beatriz Sánchez para dirigir el F.A? El haber escogido a Beatriz Sánchez como lideresa traza una línea que diferencia política e ideológicamente a las organizaciones que forman el F.A. En las argumentaciones a favor de Beatriz se arguye que su perfil es preferible para la lucha electoral y al momento de emergencia que vive el Frente Amplio dado que se muestra: conciliadora, mediática y empática. Otros menos imaginativos, sencillamente argumentan que Beatriz es la candidata dado que fue decisión del partido, aunque personalmente tuvieran otras preferencias. Entre los argumentos más concienzudos está la idea de que ella representa mejor el momento que vive Chile, dado que nos puede dejar fuera de la escena política asumir posiciones “izquierdistas”, afirmando entrelíneas que su candidatura es más “centrista”.
Pero ¿por qué se supone que el rehuir del conflicto y el ser una figura mediática son atributos de dirigencia del Frente Amplio? Adelantándose a quienes elucubrarán la diferencia entre el momento electoral del resto de las luchas que hemos de dar, está prohibido suponer que la candidatura presidencial es inocua para el desarrollo futuro de nuestras fuerzas y olvidar el rol central de las agencia en la tarea de transformar el mundo.
Se supone que Beatriz podrá quitarnos la caratula de izquierdistas ante un público rehén de los prejuicios que el bloque dominante ha instalado como sentidos comunes, por ello, representa la posibilidad de ampliar la influencia del Frente Amplio ante el votante desilusionado de la Nueva Mayoría que ve en nosotros un proyecto susceptible de convertirse en gobierno. Esta apuesta supone la existencia de un ethos transicional en la sociedad chilena que hay que respetar si se quiere disputar en el área electoral, tierra extraña y enemiga. El respeto a este ethos suele asumirse como un campo contextual incontestable para cualquiera que desee insertarse en la realidad chilena: que rehuimos del conflicto, que no hay recibo en las convocatorias a la clase trabajadora, que expropiación, socialismo, capitalismo entre otras son palabras vetadas del vocabulario son parte de los enunciados recurrentes.
A tono, las fuerzas del Frente Amplio que escogieron a Beatriz como la carta presidencial, optaron por ella siguiendo un cálculo electoral basado en el respeto al ethos transicional cultivado en los gobiernos concertacionistas. Ese que posiciona en los más altos pedestales la colaboración, el consenso fundamental por este tipo de democracia y el respeto a la institucionalidad vigente.
Creemos que esa apuesta se fundamenta en que se tiene por principal objetivo la emergencia política entendida como aquella que logra aparecer en la arena de la lucha electoral con cierto capital político creíble o susceptible de ser vencedor. Por ello la línea estratégica de disputa electoral debe ser completa, en todos los planos, no sólo en el presidencial sino también en el parlamentario. ¿Eso necesariamente implica usar la técnica del camaleón? ¿Disfrazarse de oveja siendo lobo? ¿No será en realidad al revés? ¿Nosotros somos la oveja que se disfraza de lobo para competir en el juego de los lobos y cuándo las cifras no nos acompañen así sin más los mismos que nos dieron el disfraz de lobos nos señalaran como carne fácil? Más allá de las elucubraciones, es sin duda curioso renunciar a la toma del poder antes de amenazar con lograrlo.
Tenemos claro que disputamos el poder del Estado, sin embargo no podemos eludir las dos preguntas que le siguen a ese ¿qué? Y son: ¿para quién disputamos? Y ¿para qué? Con ellas recién comenzamos a delinear estrategia. La figura de Beatriz como lideresa de nuestro acumulado, en base al cálculo electoral y las posibilidades de acumular hacia el centro, nos invita a pensar en la eficiencia y efectividad en el marco de un vacío de estrategias (para qué) y de claridad del sujeto a construir (para quién) para transitar a un Chile refundacional[1].
Un claro síntoma de este fenómeno es que la candidatura de Beatriz no instala agenda en el espacio público fuera de lo que el proceso de construcción programática del Frente Amplio ya ha validado. Se queda en la afirmación de lugares comunes de lo que ya ha dicho u hecho el movimiento social, inclusive como tributo a ese ethos transicional y a la verosimilitud que debe expresar en los medios de comunicación, ya ha sacrificado demandas del movimiento social en el altar de la tecnocracia[2], el lapidario: “hay que evaluarlo con expertos”. Un ejemplo bien claro de que las ideas políticas de su candidatura están más bien en el ideologizado campo de posibilidades que permite la burguesía financiera, es que al momento de equivocarse al señalar que el gobierno de Allende era “un régimen totalitario” su justificación fue del orden: “me adelanté a lo que ellos querían”. La idea de que para responder al régimen debemos ponernos en sintonía con los poderosos es de una elocuencia muy significativa para evaluar las implicancias estratégicas de haber escogido a Beatriz como lideresa de nuestro acumulado.
Su candidatura se ha entendido como una vocería de lo que hasta ahora ha construido el movimiento social y no articula esos elementos en un sentido histórico de proyecto país. Lo grave de esto es que si el Frente Amplio no desarrolla un rol más significativo que el de una simple vocería en la esfera pública, no estaríamos haciendo justicia al sentido político de representar la franja organizada de un pueblo movilizado hace más de 30 años por un cambio de modelo. Hay diagnósticos, hay experiencias, hay propuestas acabadas en términos técnicos y lo más importante, hay sentido histórico en nuestra lucha, y la historia no espera a nadie. Si el Frente Amplio no se posiciona con claridad en su rol de conducción del acumulado, apostando decididamente por aumentar su capilaridad social y conducir políticamente la crisis de expectativas ante las posibilidades de mejoría del modelo por desposesión que nos gobierna, bien puede que el Frente Amplio no sea la expresión orgánica de cambio de modelo y tengamos que luchar otro ciclo más para lograr avanzar.
Hay dos posibilidades, o la elección de Beatriz como lideresa demuestra una renuncia a una estrategia de toma del poder, a las claridades soberbias que aporta la izquierda sobre la gestión de derechos sociales o sobre los juicios categóricos acerca de las condiciones de trabajo de la gran mayoría de nuestras compatriotas… o bien demuestra la falta de planificación de largo y mediano plazo, amparada en una visión efectista de la política que apostó por jugársela el todo por el todo en la actual contienda electoral. Y tengan claro que en la cancha electoral, las reglas no las ponemos nosotros, así que perdemos de todos modos. El problema es que perdamos y nos hagan creer que ganamos, así nos pueden desviar para donde queramos con tal de seguir el son de los lugares comunes neoliberales. 
La superación de los 300 mil electores de las municipales en solo 21 mil, son números que nos deben llamar la atención, si bien conseguimos emerger y sobre eso hay mucha complacencia, aún el Frente Amplio no ha salido de los márgenes de debate y posibilidad que imponen los poderes fácticos de la burguesía financiera. Ha prevalecido una cultura de hacer política en lo absoluto distinta a la dominante durante la transición. El Frente Amplio nace de las capas medias como sectores movilizados ante la crisis de expectativas que ha generado la crisis neoliberal, pero estamos ante una crisis orgánica del neoliberalismo internacional y criollo, con paupérrimos niveles de aprobación y significativas muestras de descontento popular, sí están las condiciones de ampliar nuestro espectro en función de construir un sujeto colectivo transformador necesariamente anclado en el mundo del trabajo. A pesar de ello, la ‘vocería’ del Frente Amplio le sigue hablando a los sectores medios molestos por la crisis, cercándonos en los límites que afanosamente han impuesto los poderes fácticos. Tras las elecciones primarias salió toda la prensa derechista a señalar que el descontento con el modelo era de una clase media emborrachada con las promesas neoliberales, quizás los números del Frente Amplio les ayudó a sostener esa tesis respaldada por las encuestas que manipulan a discreción.
Ante los peligros de que el Frente Amplio no tenga capacidad de instalar agenda pública, ni que conduzca a los movimientos y sectores populares hacia desafíos de transformación, el polo estratégico como espacio de conducción se disolverá y se reconfigurará la geografía política del conglomerado en función de lineamientos estratégicos con claves en:
a)      Sujeto dirigente y sujeto a construir.
La cuestión de la procedencia clase mediera del Frente Amplio es una carga si no es capaz el conglomerado de asumirlo y seguir adelante. Que lo haya usado la mismísima Bachelet en contra nuestro es reflejo de que sí es un factor importante en tanto puede condicionar los alcances de nuestro espectro. No dejemos que eso pase, y apostemos decididamente por aumentar nuestra capilaridad social en los sectores populares. Para ello debemos tomar una posición clara y así podremos prefigurar conscientemente para quién estamos haciendo política institucional para que no sean los perfiles de nuestros dirigentes lo que lo determine.
Hay sectores en el Frente Amplio decididos a construir un sujeto para las transformaciones de Chile, y otros, más preocupados de los ratings mediáticos y encuestas de elecciones pasadas que al obviar la pregunta por el sujeto, el perfil de quienes pongan enfrente será el que se universalice.
b)      Momento político y rol de los sectores movilizados.
Otra clave es el momento político en el que nos encontramos y las posibilidades que de éste se desprenden. En otro escrito argumentábamos que las distintas candidaturas a primarias presidenciales del FA  (Mayol y Sanchez) reflejaban la convivencia de dos lecturas distintas del momento político, ahora bien, la dirigencia de Sánchez nace sobre el diagnóstico de que estamos ante condiciones subjetivas insuficientes para un desborde de los lugares comunes neoliberales, por ello, su apuesta es por una apertura democrática palanqueada desde arriba por medio de la victoria electoral donde los sectores movilizados son base social de apoyo para gestionar la apertura democrática. No se trataría entonces de cambiar todo, sino de generar transformaciones en la gestión del poder político para que las mayorías tengan más vehículos de manifestación. El liderazgo de Beatriz pone en cuestión que la historicidad del FA se tributa en los movimientos sociales de resistencia al neoliberalismo, dado que “da la otra mejilla” cuando le preguntan por Allende.
Fuera de Revolución Democrática, Movimiento Autonomista y demás fuerzas auxiliares, hay expresiones que sin miedo al fracaso parten de la idea de la toma del poder para la transformación radical de este ordenamiento político social neoliberal para volver a “demarcar la cancha” en términos más beneficiosos para los y las trabajadoras. Ese sector político ya ha ido agarrando forma como Polo Socialista o de Izquierda, y encuentra entre sus fuerzas a Nueva Democracia, Partido Igualdad y movimiento SOL. Ejemplifica una de las implicancias más superficiales de la elección de Beatriz Sánchez como lideresa de nuestro acumulado, y es que el polo estratégico no sorteo la primera valla que se encontró y es necesaria una nueva geografía si queremos ser más que una anécdota electoral.










[1] http://www.eldesconcierto.cl/2017/05/19/socialistas-comunistas-y-clases-populares-en-chile-4-notas-sobre-un-desanclaje-social-y-una-sobre-el-frente-amplio/
[2] Nótese su reacción ante la demanda de condonar el CAE. 

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