jueves, 8 de agosto de 2019

En Venezuela se pone en juego la soberanía latinoamericana


¿En qué normativa se ampara el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente “encargado” de Venezuela? En ninguna. Solo en el hecho de que el 23 de enero los 13 países del Grupo Lima, donde participa Chile, coordinaron un reconocimiento internacional a Juan Guaidó 12 días más tarde que éste fuese autoproclamado como presidente ‘encargado’ en un acto en la plaza del edificio de la ONU en Caracas. Doce días más tarde que este mismo se haya autoproclamado. Curiosa demora.
Sus defensores postulan que la razón de su reconocimiento reside en que Juan Guaidó es el presidente de la Asamblea Nacional, que sería algo así como el parlamento. Ahora, ¿en el parlamento hay puros de derecha? Por supuesto que no. ¿En el parlamento hay pura gente de izquierda? Claro que no, en ninguna democracia ocurre eso. Bueno, tampoco en Venezuela. Entonces si conviven derechas e izquierdas en el parlamento venezolano ¿todo el cuerpo parlamentario votó a Guaidó como su presidente ‘encargado’? Claro que no, porque esa Asamblea Nacional a la que hacen referencia no existe en la actualidad ya que no opera desde el 2016. Y ¿por qué no existe? Porque en las mismas elecciones que salieron electos Maduro como presidente y Guaidó como diputado –año 2013-[1], se verificaron irregularidades electorales en tres diputaciones. El Consejo Nacional Electoral, organismo autónomo, llamó entonces a repetir las elecciones de esas diputaciones y la oposición forzó una votación en la Asamblea Nacional para desobedecer. El caso pasó a un organismo autónomo: el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), y luego de mucho dialogo con la oposición que se debatía como siempre entre el golpismo o la democracia, dicho organismo declaró en desacato a la Asamblea Nacional en diciembre de 2015[2]. Desde entonces, los parlamentarios chavistas y la oposición democrática se retiraron de la Asamblea, y los únicos que siguieron actuando a nombre de la asamblea son los parlamentarios pertenecientes a la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Entonces, la Asamblea Nacional es un invento para darle legitimidad a Guaidó.
Luego, el artículo 233 de la constitución que esgrime Guaidó para su autoproclamación señala que en caso de que el presidente este imposibilitado de ejercer se debe convocar a un cabildo abierto para la elección de un presidente encargado. En este caso, ni el presidente electo está imposibilitado de ejercer, ni se realizó un cabildo abierto de acuerdo a lo establecido por la constitución.
Sobre el gobierno de Maduro, puede haber muchas visiones disímiles, a favor o en contra de su gobierno. Sin embargo, para discutir de un tema tan delicado donde se pone en juego la soberanía de un país latinoamericano, es fundamental argumentar sobre hechos.
Lo primero, es que las elecciones presidenciales de mayo de 2018 donde Maduro salió electo contaron con varios veedores internacionales, todos los parlamentarios de Chile que asistieron al proceso firmaron actas de conformidad y el proceso fue respaldado por el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (Ceela). En esa elección votaron más de 10 millones de personas, y de ellos más de 6 millones de personas votaron por Nicolás Maduro. Fue una elección con una alta abstención sin lugar a dudas (53,98%), pero más baja que la de Chile en las elecciones donde salió electo Sebastián Piñera (57%). Si nos remitimos a los hechos, los partidos de oposición que participaron del proceso alcanzaron un 30% de los votos entre los candidatos Falcon y Bertucci, y no interpusieron ninguna acusación formal ni pruebas de que haya habido irregularidades.
La verdad es que el gobierno adelantó las elecciones de diciembre para mayo como concesión a la demanda de la oposición de adelantar elecciones. Una parte de la oposición, decidió no participar de estos comicios electorales, ya que igual que en el año 2002, tenían en sus planes preparar un escenario de ilegitimidad institucional que justifique una intervención extranjera que en caso de completarse con éxito afectaría la soberanía de todo nuestro agujereado continente. Y eso es muy preocupante.



[1] Elecciones avaladas por toda la oposición que participó de ellas y por ex presidentes como Jimmy Carter y José Luis Zapatero.
[2] Dejó de funcionar por la sentencia realizada por el Tribunal Supremo de Justicia en diciembre de 2015 dada la demostración de cohecho por parte de parlamentarios recién electos pertenecientes al partido opositor MUD (Mesa de Unidad Democrática).

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