lunes, 30 de diciembre de 2019

Propuesta de acción revolucionaria para el ciclo corto que se avecina (2020- 2021)


I.            Introducción

Estado del conflicto y ventanas de posibilidad que se desprenden:
a)  Desborde popular de la institucionalidad entorno a la contradicción soberanía (democracia) / neoliberalismo (capitalismo).
Ø  Reformas en clave de soberanía y democracia (socialdemócratas) con protagonismo popular que vayan en dirección contraria al neoliberalismo y al capitalismo.
Ø  Testeo de las fuerzas de cambio según cómo afrontan la contradicción desnudada.
Ø  La crisis de CS y FA se explica en que prometiendo ser agrupaciones anti neoliberales y soberanistas, oxigenaron al bloque neoliberal en el poder al tributar a la doctrina del shock sobre la que se fundó la transición[1].
b)  Empate catastrófico entre las fuerzas de cambio y populares y las del régimen neoliberal.
Ø  Expresión del conflicto en una lucha electoral por el poder en el ciclo 2020 - 2021.
Ø  Reacomodo del proyecto neoliberal y anti neoliberal. Su historicidad dependerá de la unidad que logren para el ciclo corto que se abre (2020-2021).
Ø  Unidad en proyecto restauracionista de la aristocracia terrateniente rentista (derecha); unidad en proyecto neokeynesiano de la oligarquía financiera[2] (centro izquierda); unidad en proyecto socialista de la clase trabajadora, capas medias y clases populares (izquierda).
c)  Reacomodo de las fuerzas en el campo neoliberal y anti neoliberal para la constitución de los bloques históricos a conducir la próxima fase de enfrentamiento de clases.  
Ø  Posibilidad de constituir un bloque histórico anti neoliberal que dispute el poder coordinadamente (institucional y popular) y oriente las transformaciones en un sentido socialista.
Ø  Disputa de dirección del bloque entre sectores reformistas y revolucionarios. Diferencia radicada no en el programa, sino en el protagonismo popular de las transformaciones estructurales por venir.
Ø  Necesaria victoria de conducción del bloque histórico popular por parte del Partido Comunista de Chile como única expresión orgánica del pueblo que ha interpretado en clave soberana a las masas en lucha.




Tras la crisis del Estado oligárquico, se avecina una lucha por el poder donde las clases medias desplazadas del poder político y la clase trabajadora desplazada del poder económico, se pueden articular en una sola expresión orgánica para luchar por el poder en contra del proyecto restauracionista de la aristocracia terrateniente y el proyecto neokeynesiano de la oligarquía financiera.

Para habilitar la victoria electoral en el ciclo que se abre, necesitamos la más amplia articulación de las fuerzas de cambio y así corresponder a la lucha heroica del pueblo chileno por derechos sociales. Sin embargo, eso no es lo más importante por venir. Hay dos elementos indispensables para que esta necesaria articulación sea posible como proyecto de país: 1. La alianza entre movimientos sociales y partidos políticos. 2. El protagonismo popular como habilitadora del proceso de cambio radical.
Ambos elementos se testearán tras el ciclo corto 2020-2021, cuando la derecha toque las campanas de la reacción por el avance de nuestras posiciones y así anuncie el punto de bifurcación entre los sectores reformistas y revolucionarios. Ese momento histórico, a ocurrir probablemente tras la victoria electoral del bloque de poder antineoliberal, marcará la guía del proceso chileno entre reforma o revolución[1]. Por ello, es fundamental lo que se haga hoy para enfrentar esa específica situación mañana.
Es evidente que, de las expresiones orgánicas del pueblo, el Partido Comunista de Chile es el único capaz de conducir el actual momento político de refundación nacional. La alternativa populista representada por el Frente Amplio tuvo la ocasión de articular una fuerza viva que totalice la subjetividad oprimida, sin embargo, ha derivado en una conducción autonomista y liberal que poco y nada tiene para ofrecer al pueblo organizado de Chile, salvo una derrota histórica más en manos del fascismo.
Entorno a estas ideas preliminares, se detalla la siguiente propuesta para esta nueva izquierda que surge con perspectiva estratégica y comprensión del momento histórico que vivimos. Que no se pierde en la conquista cosista del poder sin ideología, sino que se esfuerza por disputar el poder real para posibilitar la soberanía de Chile en el mediano plazo.


           II. NIVEL SOCIAL: Salida popular.

a) Constituyente chica desde abril a octubre: construcción programática. 

El espectro político está absolutamente fragmentado y disociado del campo popular. El único espacio capaz de darle conducción a la movilización en un sentido transformador es la Mesa de Unidad Social. Eso no significa que sea la mesa en tanto tal la que ha de conducir la movilización, sino que las organizaciones sociales encontradas en el esfuerzo de construirla. Ya que ese esfuerzo está inspirado en la conciencia de sí de la clase trabajadora para dotarse de una herramienta orgánica.

La Mesa de Unidad Social por las naturales diferencias tácticas que ahí cohabitan, solo puede construir una alianza programática que profundice la unidad ya avanzada en un sentido de soberanía popular y anti neoliberal. En términos de subjetivación marxiana, sería un avance de la conciencia de sí a la conciencia para sí.

La unidad del campo popular entorno a un mismo programa de soberanía y antineoliberal, permitiría delimitar el campo de las fuerzas de cambio que están por transformaciones con protagonismo popular. Entorno a esa clave: el rol protagónico del pueblo, se debe ir construyendo el bloque histórico que empujará las transformaciones venideras hacia el socialismo. El bloque de poder antineoliberal desde RD al PC tendrá unidad programática, la conducción se está disputando en el cómo hacer realidad ese programa.

Para construir esa alianza programática, podemos echar mano a la historia. En 1925, en el contexto de la ruptura popular al régimen liberal parlamentario chileno (1900 – 1930), se realizó una Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales con el fin de aunar criterios programáticos del pueblo movilizado y presionar a la oligarquía para que efectivamente se realice la Asamblea Constituyente como lo había prometido el presidente Alessandri en 1924.





Grez. Asamblea Constituyente, alternativa democrática... 2015

La Constituyente Chica soberana y antineoliberal de las organizaciones sociales en lucha, dará como resultado un marco programático de lo postneoliberal a disputar en la Constituyente Nacional y durante la fase de Confrontación Democrática (2020 – 2025)[1] a la cual la clase dominante cede tímidamente. Ese marco programático ya está construido sectorialmente por cada uno de los distintos movimientos sociales constituidos, abordarlo multisectorialmente es construir puentes de equivalencia (Laclau, 2008) entre las demandas democrático populares para construir al sujeto pueblo con proyecto de gobierno refundacional de país.

Para que el esfuerzo por venir, efectivamente sea uno de refundación nacional, es importante que el cemento programático a construirse durante la Constituyente Chica consiga poner de relieve tanto las contradicciones de corta duración que se han expresado en el estallido social (nacionalización de recursos naturales y derechos sociales universales) como las contradicciones de larga duración que se han comenzado a develar en el estallido (colonialismo interno y doctrina de seguridad nacional)[2]. La realización de esa Constituyente Chica puede ser entre mayo y octubre del 2020.

El marco programático del pueblo movilizado construido tras la Constituyente Chica abrirá la pregunta sobre cómo disputar este programa. Entonces nos encontramos frente a la necesidad de construir orientaciones tácticas comunes donde participe un segmento importante de las organizaciones sociales en lucha y se aborde la articulación de la lucha institucional con la social para promover el avance del programa.

             III. NIVEL SOCIOPOLÍTICO: alianza táctica.

b) Alianza táctica político social para la superación del neoliberalismo.

Las organizaciones sociales articuladas soberanamente en un mismo programa antineoliberal, al abrir la pregunta sobre cómo disputarlo, iniciarán la construcción de una alianza programática y táctica para disputar el proceso constituyente y momento histórico de apertura democrática. Dicha alianza debe integrar a organizaciones político populares en el esfuerzo de construir poder popular y disputar la institucionalidad burguesa con protagonismo popular.

Si programáticamente las definiciones del campo popular serán en clave de soberanía postneoliberal, tácticamente las definiciones del movimiento político popular, deben ser de vehiculizar esas transformaciones con protagonismo popular. Así, nuestra praxis, resolverá la disociación entre lo institucional y lo popular, ya que para viabilizar las transformaciones institucionales se deberán fortalecer las organizaciones del pueblo, y para transformar la sociedad se deberá ir reformando la institucionalidad que lo prohíbe.

Esa alianza debe contar con un espacio orgánico, que supere la Mesa de Unidad Social. Ésta perderá vigencia una vez que la lucha de masas se exprese en una lucha entre los dos bloques de poder en el ciclo corto (2020-2021). Por ello, debería capitalizar su acumulado en una Constituyente Chica que articule las definiciones programáticas del proyecto de disputa de sociedad.

Teniendo en octubre un programa que defender, las organizaciones sociales que participaron del proceso constituyente popular, querrán disputarlo. Para eso, la articulación coherente de lo social y lo institucional entorno a una misma estrategia con el objetivo de apertura institucional, que vaya ensanchando aún más la cancha de disputa con el bloque dominante, se volverá una necesidad.

¿Cómo abrir la institucionalidad y a la vez disputar un programa antineoliberal de manera coherente? Conciliar al mundo popular con el fragmentado espectro político actual, es posible devolviendo la iniciativa al pueblo organizado. Lucharemos por una apertura democrática con protagonismo popular. El objetivo: abrir la institucionalidad a las demandas populares. El mecanismo: el rol protagónico del pueblo en las tareas de apertura de democrática, sea de disputa o construcción.

De cara a las elecciones de las y los constituyentes en octubre, debe materializarse esa alianza táctica y programática en términos orgánicos a través del nacimiento de un Congreso de los Pueblos que concilie al mundo popular organizado con el mundo político a través de la estrategia de rol protagónico popular para vehiculizar el programa postneoliberal surgido de la Constituyente Chica. Sugiero que esa estrategia común que concilie a las organizaciones sociales con las políticas en una misma forma de luchar por el programa antineoliberal, sea la participación popular en la realización de las transformaciones. Como dice [un] lema del nuevo sindicalismo: nunca más sin nosotr@s.

Las elecciones constituyentes del próximo octubre deben encontrar al bloque de poder antineoliberal lo más unido posible entorno a un mismo marco táctico programático y en lo posible, con una misma expresión orgánica que pueda controlar en términos táctico-estratégicos a sus expresiones político institucionales. Las cuáles han de estar seriamente articuladas entorno a definiciones estratégicas si no quieren poner en peligro la alianza político-popular que posibilita el proceso de cambio.

     IV. NIVEL POLÍTICO: alianza estratégica en un Movimiento Político Social Amplio. 

b)    Construcción de un nuevo Movimiento Político Social Amplio de carácter antineoliberal a través de la alianza estratégica de la izquierda.

La burguesía oligopólica dominante sufrirá una fisura política entre sus sectores más reaccionarios y una alternativa reformista que apueste por cooptar al representante político del sujeto colectivo expresado en el estallido social. A través de distintos medios, los sectores más lúcidos de la clase dominante[1] han difundido el diagnóstico de que el estallido social es la expresión de descontento de una clase media que lucha por ser incorporada en un sistema rentista de carácter aristócrata que impide su acceso a posiciones de poder.

Evidentemente esa tesis se dirige a reeditar un Estado de Compromiso de clases que, mediante cooptación de un sector de las clases medias, consiga distribuir el ingreso de manera que disminuya la desigualdad, pero sin afectar sustantivamente el modelo de desarrollo. Para una trama de esas características, el Frente Amplio como expresión política de las clases medias chilenas, sin duda que debe ser analizado como un posible aliado en la construcción de este nuevo pacto social que reedite el partido del orden (DC – PS) hacia una izquierda progresista que levante una agenda de derechos sociales universales, redistribuya el ingreso y promueva el ascenso de las clases medias descontentas. Para quienes dicen que se superó la dicotomía reforma y revolución[2], Fukuyama se equivocó y la historia continuó. Hoy tenemos enfrente la posibilidad de reforma y aquí estamos quienes creemos que la única manera de conseguir realizar –en realidad- las demandas nacional democráticas por las que venimos luchando en contra del neoliberalismo por más de 30 años, es la revolución, no la reforma.

En el mundo, las crisis del neoliberalismo se han resuelto con reforma en varios países, sin ir más lejos, el Frente Amplio uruguayo y el portugués son formulas donde la conducción político estratégica la tiene la socialdemocracia liberal de la rosa, aun habiendo sectores de clase trabajadora empujando el carro, esos procesos no alteran la correlación de fuerzas a favor de la clase trabajadora, ni el modelo de desarrollo colonial y afectan solo cosméticamente el modelo de acumulación de capital rentista de la oligarquía.

La rearticulación de una alternativa de proyecto país de orientación socialista es el desafío que tiene la izquierda por delante. En términos de relato, lo que está en disputa es el sujeto de cambio del proceso de transición del neoliberalismo a la nueva fase de desarrollo. A sabiendas que el sujeto de cambio histórico es la clase trabajadora, actualmente presenciamos la articulación de un sujeto múltiple, un pueblo precarizado complejo que ha hecho posible las transformaciones del nuevo ciclo político gracias a su organización como clase trabajadora en sectores estratégicos de la producción como la exportación y sectores dinámicos como los servicios y la construcción.

A diferencia de las clases medias, el pueblo precarizado y la clase trabajadora nunca han participado de un pacto social que gobierne el país. El proyecto portaliano de Estado, desprecia al pueblo sencillo y a la clase trabajadora. Ese proyecto ha construido nuestra república hasta ahora sobre un modelo de acumulación rentista y una oligarquía financiera que invariablemente ha mantenido su trono desde la fundación del Estado por más que de desarrollista se haya vestido el Estado en el siglo XX. Un proyecto refundacional debe posicionar al centro al pueblo marginado del modelo de desarrollo de nuestra república y anticipar la creación de un país donde quepamos todos.

No será posible trastocar las contradicciones de largo plazo (colonialismo interno, rentismo, imperialismo) si no posicionamos en este momento a los sujetos con historicidad[3], que son los capaces de conducir las transformaciones estructurales que necesitamos.

Es necesario superar las articulaciones de izquierda en clave electoral como el Frente Amplio o Unidad para el Cambio, y pensar en la creación de un referente sustentado sobre definiciones estratégicas. Que dispute unitariamente en el ciclo corto electoral, sobre todo las presidenciales (2021).

La izquierda con vocación de poder se debate entre estas dos posibilidades: reforma o revolución. Reforma socialdemócrata mediante cooptación de un sector de la clase media en el sistema económico y político elitista o revolución socialista con programa socialdemócrata mediante protagonismo popular en la apertura democrática de la república portaliana.

La izquierda que esté por transformar para siempre la república portaliana debe articularse con unidad estratégica entorno a definiciones comunes sobre el sujeto de cambio, el rol protagónico del pueblo y el horizonte socialista en construcción. Sugiero la construcción de un Movimiento II República que tenga por partido dirigente al Partido Comunista de Chile.

-Benja Min, militante comunista libertario. Aysén. 30-12-19.



[1] Desde Chicago Boys hasta Matamala de CNN han defendido esta tesis.
[2] Compañeros diputados autonomistas e intelectuales de nueva izquierda.
[3] Historicidad significa que son sujetos que tienen una cierta potencia histórica habilitada por su posición relativa a la estructura social dominante.



[1] Naturalmente la datación de esta próxima fase es un ejercicio especulativo. Durará mientras dure la apertura democrática del modelo neoliberal y estén en disputa abierta proyectos antagónicos de sociedad.
[2] García Linera detalla la Crisis del Estado oligárquico como aquel momento en que estos dos registros de contradicciones ‘de larga y corta duración’ se articulan en un mismo momento político. 2013.


[1] Por razones de espacio no se explicará aquí qué significa la dicotomía reforma o revolución que algunos parlamentarios de CS han negado en espacios de debate partidario. En resumidas cuentas, si bien no hay diferencias programáticas entre reforma o revolución en este momento dado que las demandas populares son por derechos sociales universales, la dicotomía se expresa al menos en la “destrucción del Estado burgués una vez conquistado el gobierno y el paso a un semi-Estado que socialice el poder armado y de gestión a la sociedad” (Lenin, Estado y Revolución). 


[1] Oxigeno el bloque en el poder neoliberal por negociar con él sin mediar unidad de la izquierda, ni participación popular en el proceso, por participar de un nuevo enmarcado de lo admisible en la institucionalidad sobre la exclusión de sectores de la sociedad.  

[2] Digo oligarquía financiera por ser el sector dominante y más flexible de una serie de expresiones de la burguesía.

2 comentarios:

  1. Voy a copiar comentarios de otras personas sobre esto:

    o creo que para posicionar al PC hay que analizar bien su trayectoria reciente, sobre todo como aliado de la concertacion, con sus políticas represivas en la auracania y la prolongación de la mercantilizacion de la educación, digamos que con un gobierno de derecha ser oposición les ha sido sencillo, se han destacado, pero eso no los exculpa de complicidad con el modelo. Creo que ese puede ser un tema polémico de tu análisis y propuesta.

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  2. Comentario del Compa Rafik M.

    Hay varias cosas que difiero, pero creo que es largo.

    La correlación de fuerzas en la clase dominante es más compleja. El empresarial rentista no es, totalmente, pro Chile Vamos y la derecha financiera, no totalmente, es pro Concertación. Es más o menos obvio que el apoyo, de ambos empresariados, es transversal al partido del orden
    No me queda claro que nuestro accionar sea oxígeno para el modelo, me parece que, en una alianza amplia no formal, estamos empujando un cambio al modelo que abre la puerta a un cambio al modelo reformista (que para la derecha es evitar revolución/revuelta permanente, para la izquierda es capitalizar un avance pensando que es poco probable un "todo o nada"). Se puede tener diferencias en la táctica, pero no creo que seamos (ni nosotros, ni Boric) oxígeno para el modelo.
    Finalmente, creo que se sobre estima y se pone en un papel que no corresponde al pc y unidad social.

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