I. Introducción
Estado del conflicto y
ventanas de posibilidad que se desprenden:
a)
Desborde
popular de la institucionalidad entorno a la contradicción soberanía (democracia) / neoliberalismo (capitalismo).
Ø Reformas
en clave de soberanía y democracia (socialdemócratas) con protagonismo popular
que vayan en dirección contraria al neoliberalismo y al capitalismo.
Ø Testeo
de las fuerzas de cambio según cómo afrontan la contradicción desnudada.
Ø La
crisis de CS y FA se explica en que prometiendo ser agrupaciones anti neoliberales
y soberanistas, oxigenaron al bloque neoliberal en el poder al tributar a la
doctrina del shock sobre la que se fundó la transición[1].
b)
Empate
catastrófico entre
las fuerzas de cambio y populares y las del régimen neoliberal.
Ø Expresión
del conflicto en una lucha electoral por el poder en el ciclo 2020 - 2021.
Ø Reacomodo
del proyecto neoliberal y anti neoliberal. Su historicidad dependerá de la unidad que logren para el ciclo corto
que se abre (2020-2021).
Ø Unidad
en proyecto restauracionista de la aristocracia terrateniente rentista (derecha);
unidad en proyecto neokeynesiano de la oligarquía financiera[2]
(centro izquierda); unidad en proyecto socialista de la clase trabajadora,
capas medias y clases populares (izquierda).
c)
Reacomodo
de las fuerzas en el
campo neoliberal y anti neoliberal para la constitución de los bloques
históricos a conducir la próxima fase de enfrentamiento de clases.
Ø Posibilidad
de constituir un bloque histórico anti neoliberal que dispute el poder coordinadamente
(institucional y popular) y oriente las transformaciones en un sentido
socialista.
Ø Disputa
de dirección del bloque entre sectores reformistas y revolucionarios.
Diferencia radicada no en el programa, sino en el protagonismo popular de las
transformaciones estructurales por venir.
Ø Necesaria
victoria de conducción del bloque histórico popular por parte del Partido
Comunista de Chile como única expresión orgánica del pueblo que ha interpretado
en clave soberana a las masas en lucha.
Tras la crisis del Estado
oligárquico, se avecina una lucha por el poder donde las clases medias
desplazadas del poder político y la clase trabajadora desplazada del poder
económico, se pueden articular en una
sola expresión orgánica para luchar por el poder en contra del proyecto
restauracionista de la aristocracia terrateniente y el proyecto neokeynesiano
de la oligarquía financiera.
Para habilitar la victoria
electoral en el ciclo que se abre, necesitamos la más amplia articulación de
las fuerzas de cambio y así corresponder a la lucha heroica del pueblo chileno
por derechos sociales. Sin embargo, eso no es lo más importante por venir. Hay
dos elementos indispensables para que esta necesaria articulación sea posible
como proyecto de país: 1. La alianza entre
movimientos sociales y partidos políticos. 2. El protagonismo popular como habilitadora del proceso de cambio
radical.
Ambos elementos se testearán tras
el ciclo corto 2020-2021, cuando la derecha toque las campanas de la reacción
por el avance de nuestras posiciones y así anuncie el punto de bifurcación entre los sectores reformistas y
revolucionarios. Ese momento histórico, a ocurrir probablemente tras la
victoria electoral del bloque de poder antineoliberal, marcará la guía del
proceso chileno entre reforma o revolución[1].
Por ello, es fundamental lo que se haga hoy para enfrentar esa específica
situación mañana.
Es evidente que, de las
expresiones orgánicas del pueblo, el Partido Comunista de Chile es el único
capaz de conducir el actual momento
político de refundación nacional. La alternativa populista representada por
el Frente Amplio tuvo la ocasión de articular una fuerza viva que totalice la
subjetividad oprimida, sin embargo, ha derivado en una conducción autonomista y
liberal que poco y nada tiene para ofrecer al pueblo organizado de Chile, salvo
una derrota histórica más en manos del fascismo.
Entorno a estas ideas
preliminares, se detalla la siguiente propuesta para esta nueva
izquierda que surge con perspectiva estratégica y comprensión del momento
histórico que vivimos. Que
no se pierde en la conquista cosista del poder sin ideología, sino
que se esfuerza por disputar el poder real para posibilitar la soberanía de
Chile en el mediano plazo.
II. NIVEL SOCIAL: Salida popular.
a)
Constituyente chica desde abril a octubre: construcción programática.
El espectro político está
absolutamente fragmentado y disociado del campo popular. El único espacio capaz
de darle conducción a la movilización en un sentido transformador es la Mesa de Unidad Social. Eso no significa
que sea la mesa en tanto tal la que ha de conducir la movilización, sino
que las organizaciones sociales encontradas en el esfuerzo de construirla. Ya
que ese esfuerzo está inspirado en la conciencia de sí de la clase trabajadora
para dotarse de una herramienta orgánica.
La Mesa de Unidad Social por las
naturales diferencias tácticas que ahí cohabitan, solo puede construir una alianza programática que profundice la
unidad ya avanzada en un sentido de soberanía popular y anti neoliberal. En
términos de subjetivación marxiana, sería un avance de la conciencia de sí
a la conciencia para sí.
La unidad del campo popular entorno a
un mismo programa de soberanía y antineoliberal, permitiría delimitar el campo de las fuerzas de cambio
que están por transformaciones con protagonismo popular. Entorno a esa clave:
el rol protagónico del pueblo, se
debe ir construyendo el bloque histórico que empujará las transformaciones
venideras hacia el socialismo. El bloque de poder antineoliberal desde RD al PC
tendrá unidad programática, la conducción se está disputando en el cómo
hacer realidad ese programa.
Para construir esa alianza
programática, podemos echar mano a la historia. En 1925, en el contexto de la
ruptura popular al régimen liberal parlamentario chileno (1900 – 1930), se
realizó una Asamblea Constituyente de
Obreros e Intelectuales con el fin de aunar criterios programáticos del
pueblo movilizado y presionar a la oligarquía para que efectivamente se realice
la Asamblea Constituyente como lo había prometido el presidente Alessandri en
1924.
Grez. Asamblea Constituyente,
alternativa democrática... 2015
La Constituyente Chica soberana y antineoliberal de las
organizaciones sociales en lucha, dará como resultado un marco programático de lo postneoliberal a disputar en la
Constituyente Nacional y durante la fase de Confrontación Democrática (2020 –
2025)[1]
a la cual la clase dominante cede tímidamente. Ese marco programático ya está
construido sectorialmente por cada uno de los distintos movimientos sociales
constituidos, abordarlo multisectorialmente es construir puentes de equivalencia (Laclau, 2008) entre las demandas
democrático populares para construir al sujeto
pueblo con proyecto de gobierno refundacional de país.
Para que el esfuerzo por venir, efectivamente sea uno de
refundación nacional, es importante que el cemento programático a construirse
durante la Constituyente Chica consiga poner
de relieve tanto las contradicciones de corta duración que se han expresado
en el estallido social (nacionalización de recursos naturales y derechos
sociales universales) como las contradicciones
de larga duración que se han comenzado a develar en el estallido
(colonialismo interno y doctrina de seguridad nacional)[2].
La realización de esa Constituyente Chica puede ser entre mayo y octubre del
2020.
El marco programático del pueblo movilizado construido tras la Constituyente
Chica abrirá la pregunta sobre cómo disputar este programa. Entonces nos
encontramos frente a la necesidad de construir orientaciones tácticas comunes donde participe un segmento
importante de las organizaciones sociales en lucha y se aborde la articulación
de la lucha institucional con la social para promover el avance del programa.
III. NIVEL SOCIOPOLÍTICO: alianza táctica.
III. NIVEL SOCIOPOLÍTICO: alianza táctica.
b) Alianza táctica político social para la superación
del neoliberalismo.
Las organizaciones sociales articuladas soberanamente en un
mismo programa antineoliberal, al abrir la pregunta sobre cómo disputarlo,
iniciarán la construcción de una alianza
programática y táctica para disputar el proceso constituyente y momento histórico
de apertura democrática. Dicha alianza debe integrar a organizaciones político
populares en el esfuerzo de construir poder popular y disputar la
institucionalidad burguesa con protagonismo popular.
Si programáticamente las definiciones del campo popular serán en
clave de soberanía postneoliberal, tácticamente las definiciones del movimiento
político popular, deben ser de vehiculizar esas transformaciones con protagonismo popular. Así, nuestra
praxis, resolverá la disociación entre lo institucional y lo popular, ya que
para viabilizar las transformaciones institucionales se deberán fortalecer las
organizaciones del pueblo, y para transformar la sociedad se deberá ir
reformando la institucionalidad que lo prohíbe.
Esa alianza debe contar con un espacio orgánico, que supere la
Mesa de Unidad Social. Ésta perderá vigencia una vez que la lucha de masas se
exprese en una lucha entre los dos bloques de poder en el ciclo corto
(2020-2021). Por ello, debería capitalizar su acumulado en una Constituyente
Chica que articule las definiciones
programáticas del proyecto de disputa de sociedad.
Teniendo en octubre un programa que defender, las organizaciones
sociales que participaron del proceso constituyente popular, querrán
disputarlo. Para eso, la articulación coherente de lo social y lo institucional
entorno a una misma estrategia con el
objetivo de apertura institucional, que vaya ensanchando aún más la cancha
de disputa con el bloque dominante, se volverá una necesidad.
¿Cómo abrir la institucionalidad y a la vez disputar un programa
antineoliberal de manera coherente? Conciliar al mundo popular con el
fragmentado espectro político actual, es posible devolviendo la iniciativa al
pueblo organizado. Lucharemos por una apertura
democrática con protagonismo popular. El objetivo: abrir la
institucionalidad a las demandas populares. El mecanismo: el rol protagónico
del pueblo en las tareas de apertura de democrática, sea de disputa o
construcción.
De cara a las elecciones de las y los constituyentes en octubre,
debe materializarse esa alianza táctica
y programática en términos orgánicos a través del nacimiento de un Congreso de
los Pueblos que concilie al mundo popular organizado con el mundo político
a través de la estrategia de rol protagónico popular para vehiculizar el
programa postneoliberal surgido de la Constituyente Chica. Sugiero que esa
estrategia común que concilie a las organizaciones sociales con las políticas
en una misma forma de luchar por el programa antineoliberal, sea la
participación popular en la realización de las transformaciones. Como dice [un]
lema del nuevo sindicalismo: nunca más
sin nosotr@s.
Las elecciones constituyentes del próximo octubre deben
encontrar al bloque de poder antineoliberal lo más unido posible entorno a un mismo marco táctico programático y en
lo posible, con una misma expresión orgánica que pueda controlar en términos
táctico-estratégicos a sus expresiones político institucionales. Las cuáles han
de estar seriamente articuladas entorno a definiciones estratégicas si no
quieren poner en peligro la alianza político-popular que posibilita el proceso
de cambio.
IV. NIVEL POLÍTICO: alianza estratégica en un Movimiento Político Social Amplio.
IV. NIVEL POLÍTICO: alianza estratégica en un Movimiento Político Social Amplio.
b) Construcción de un nuevo Movimiento Político Social Amplio de
carácter antineoliberal a través de la alianza estratégica de la izquierda.
La burguesía oligopólica dominante sufrirá una fisura política entre
sus sectores más reaccionarios y una alternativa reformista que apueste por
cooptar al representante político del sujeto colectivo expresado en el
estallido social. A través de distintos medios, los sectores más lúcidos de la
clase dominante[1] han difundido el
diagnóstico de que el estallido social es la expresión de descontento de una clase media que lucha por ser
incorporada en un sistema rentista de carácter aristócrata que impide su acceso
a posiciones de poder.
Evidentemente esa tesis se dirige a reeditar un Estado de Compromiso de clases que,
mediante cooptación de un sector de las clases medias, consiga distribuir el
ingreso de manera que disminuya la desigualdad, pero sin afectar
sustantivamente el modelo de desarrollo. Para una trama de esas
características, el Frente Amplio como expresión política de las clases medias
chilenas, sin duda que debe ser analizado como un posible aliado en la
construcción de este nuevo pacto social que reedite el partido del orden (DC –
PS) hacia una izquierda progresista que levante una agenda de derechos sociales
universales, redistribuya el ingreso y promueva el ascenso de las clases medias
descontentas. Para quienes dicen que se superó la dicotomía reforma y
revolución[2],
Fukuyama se equivocó y la historia continuó. Hoy tenemos enfrente la
posibilidad de reforma y aquí estamos quienes creemos que la única manera de
conseguir realizar –en realidad- las demandas nacional democráticas por las que
venimos luchando en contra del neoliberalismo por más de 30 años, es la
revolución, no la reforma.
En el mundo, las crisis del neoliberalismo se han resuelto con
reforma en varios países, sin ir más lejos, el Frente Amplio uruguayo y el
portugués son formulas donde la conducción
político estratégica la tiene la socialdemocracia liberal de la rosa, aun
habiendo sectores de clase trabajadora empujando el carro, esos procesos no
alteran la correlación de fuerzas a favor de la clase trabajadora, ni el modelo
de desarrollo colonial y afectan solo cosméticamente el modelo de acumulación
de capital rentista de la oligarquía.
La rearticulación de una alternativa de proyecto país de
orientación socialista es el desafío que tiene la izquierda por delante. En
términos de relato, lo que está en disputa
es el sujeto de cambio del proceso de transición del neoliberalismo a la nueva
fase de desarrollo. A sabiendas que el sujeto de cambio histórico es la
clase trabajadora, actualmente presenciamos la articulación de un sujeto
múltiple, un pueblo precarizado
complejo que ha hecho posible las transformaciones del nuevo ciclo político
gracias a su organización como clase trabajadora en sectores estratégicos de la
producción como la exportación y sectores dinámicos como los servicios y la
construcción.
A diferencia de las clases medias, el pueblo precarizado y la clase trabajadora nunca han participado de un
pacto social que gobierne el país. El proyecto portaliano de Estado,
desprecia al pueblo sencillo y a la clase trabajadora. Ese proyecto ha
construido nuestra república hasta ahora sobre un modelo de acumulación
rentista y una oligarquía financiera que invariablemente ha mantenido su trono
desde la fundación del Estado por más que de desarrollista se haya vestido el
Estado en el siglo XX. Un proyecto refundacional debe posicionar al centro al
pueblo marginado del modelo de desarrollo de nuestra república y anticipar la
creación de un país donde quepamos todos.
No será posible trastocar las contradicciones de largo plazo
(colonialismo interno, rentismo, imperialismo) si no posicionamos en este
momento a los sujetos con historicidad[3], que son los
capaces de conducir las transformaciones estructurales que necesitamos.
Es necesario superar las
articulaciones de izquierda en clave electoral como el Frente Amplio o Unidad
para el Cambio, y pensar en la creación de un referente sustentado sobre
definiciones estratégicas. Que dispute unitariamente en el ciclo corto
electoral, sobre todo las presidenciales (2021).
La izquierda con vocación de poder se debate entre estas dos
posibilidades: reforma o revolución.
Reforma socialdemócrata mediante cooptación de un sector de la clase media en
el sistema económico y político elitista o revolución socialista con programa
socialdemócrata mediante protagonismo popular en la apertura democrática de la
república portaliana.
La izquierda que esté por transformar para siempre la república
portaliana debe articularse con unidad estratégica entorno a definiciones
comunes sobre el sujeto de cambio, el rol protagónico del pueblo y el horizonte
socialista en construcción. Sugiero la construcción de un Movimiento II
República que tenga por partido dirigente al Partido
Comunista de Chile.
-Benja Min, militante comunista libertario. Aysén.
30-12-19.
[1] Desde Chicago Boys hasta Matamala de CNN han defendido esta tesis.
[2] Compañeros diputados autonomistas e intelectuales de nueva
izquierda.
[3] Historicidad significa que son sujetos que tienen una cierta
potencia histórica habilitada por su posición relativa a la estructura social
dominante.
[1] Naturalmente la datación de esta próxima fase es un ejercicio
especulativo. Durará mientras dure la apertura democrática del modelo
neoliberal y estén en disputa abierta proyectos antagónicos de sociedad.
[2] García Linera detalla la Crisis del Estado oligárquico como aquel
momento en que estos dos registros de contradicciones ‘de larga y corta
duración’ se articulan en un mismo momento político. 2013.
[1] Por razones de espacio no se explicará aquí qué significa la
dicotomía reforma o revolución que algunos parlamentarios de CS han negado en
espacios de debate partidario. En resumidas cuentas, si bien no hay diferencias
programáticas entre reforma o revolución en este momento dado que las demandas
populares son por derechos sociales universales, la dicotomía se expresa al
menos en la “destrucción del Estado burgués una vez conquistado el gobierno y
el paso a un semi-Estado que socialice el poder armado y de gestión a la
sociedad” (Lenin, Estado y Revolución).
[1] Oxigeno el bloque en el poder neoliberal por negociar con él sin
mediar unidad de la izquierda, ni participación popular en el proceso, por
participar de un nuevo enmarcado de lo admisible en la institucionalidad sobre
la exclusión de sectores de la sociedad.
[2] Digo oligarquía financiera por ser el sector dominante y más
flexible de una serie de expresiones de la burguesía.

Voy a copiar comentarios de otras personas sobre esto:
ResponderEliminaro creo que para posicionar al PC hay que analizar bien su trayectoria reciente, sobre todo como aliado de la concertacion, con sus políticas represivas en la auracania y la prolongación de la mercantilizacion de la educación, digamos que con un gobierno de derecha ser oposición les ha sido sencillo, se han destacado, pero eso no los exculpa de complicidad con el modelo. Creo que ese puede ser un tema polémico de tu análisis y propuesta.
Comentario del Compa Rafik M.
ResponderEliminarHay varias cosas que difiero, pero creo que es largo.
La correlación de fuerzas en la clase dominante es más compleja. El empresarial rentista no es, totalmente, pro Chile Vamos y la derecha financiera, no totalmente, es pro Concertación. Es más o menos obvio que el apoyo, de ambos empresariados, es transversal al partido del orden
No me queda claro que nuestro accionar sea oxígeno para el modelo, me parece que, en una alianza amplia no formal, estamos empujando un cambio al modelo que abre la puerta a un cambio al modelo reformista (que para la derecha es evitar revolución/revuelta permanente, para la izquierda es capitalizar un avance pensando que es poco probable un "todo o nada"). Se puede tener diferencias en la táctica, pero no creo que seamos (ni nosotros, ni Boric) oxígeno para el modelo.
Finalmente, creo que se sobre estima y se pone en un papel que no corresponde al pc y unidad social.