Lo importante no
son las estrellas sino la luz que reflejan. Una metáfora similar podríamos
emplear al analizar los casos de acoso sexual que han estallado en Hollywood.
El director Terry Gilliam calificó en ese contexto de “turba” al feminismo y la
actriz Rose McGowan le regaló en el cumpleaños 60 de su violador Harvey
Weinstein una carta con la leyenda “ganamos”. La luz se presenta tenue en
Coyhaique a casi 10 mil kilómetros de las estrellas norteamericanas.
A poco iniciado
el año en nuestra querida ciudad, se empiezan a revelar casos de violencia de
género que engrosan la lista de demandas por una equidad real entre ambos
sexos. El día de hoy, miércoles 21 de marzo, nos enteramos de las denuncias que
apoderadas y apoderados realizan en contra de un docente del Liceo Diego
Portales por realizar tocaciones a niñas menores de edad. Como un deja vú
reviví en la memoria la denuncia por violación presentada por la madre de una
estudiante del Liceo Juan Pablo II en contra de un compañero de su curso. Esta
violación, igual que las presuntas tocaciones realizadas por el profesor del
Liceo Diego Portales, ocurrió en la Escuela; la primera de las instituciones
modernas, la reserva cultural de nuestra sociedad.
Tanto en el
Liceo Juan Pablo como en el Diego Portales, la Escuela se escuda en la
activación de los protocolos instituidos para no hablar de estos casos.
¡Silencio! Nos dicen los juristas, ¡qué lo resuelva la justicia! Mientras, la
rueda debe girar. Las y los profesores, afanosos trabajadores, seguimos
cumpliendo el horario establecido y repartiendo los fragmentos de conocimiento
de acuerdo al ritmo del currículum. Me permito la duda, ¿seguir actuando igual,
no será normalizar el fenómeno? ¿Acaso no fue Einstein quién dijo “si quieres
resultados diferentes, camina distinto”? Entonces, ¿por qué razón seguimos
haciendo lo mismo?
Si la educación
se trata del desarrollo integral del ser humano, de sus emociones, deseos e
intereses, ¿puede quedarse impávida ante el abuso sexual? No creo que exista
alguien capaz de defender que sí. Ahora, ¿por qué la escuela sí? ¿En qué
momento la Escuela se separó tanto de la educación?
Si no somos
capaces de frenar el desarrollo normal de nuestras instituciones para en vez de
aplicar protocolos, comenzar a aplicar una educación con enfoque de género,
casos como el que se denuncia en el Liceo Diego Portales volverán a ocurrir una
y otra vez. Una educación con enfoque de género significa una educación que
asuma la crítica situación de inequidad de género que padece nuestra sociedad y
desarrolle transversalmente el derecho a ser humanas de las mujeres, con todos
los derechos que eso implica.
Nuestra juventud
afortunadamente está despertando y día a día hay más estrellas en esta tierra
austral. El pasado 8 de marzo las mujeres de nuestra ciudad organizaron una
manifestación en la que participaron más de 100 personas a plena lluvia.
Esperemos que pronto en nuestras escuelas y sobre todo en las ‘vulneradas’ sea posible que una violada
le regale a su violador una carta con la leyenda “hemos ganado”.
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