A propósito de la visita de la muerte, rebrotan azarosas preguntas filosóficas sobre identidad, justicia y trascendencia.
Nuestro tata grabó en nuestra identidad una personalidad extraordinaria y latinoamericana. Es curioso admitirlo, me siento más Infante ahora que se ha ido. Se unen los retazos de memoria que uno a recogido, para hacer de un simple apellido algo significativo.
Recojo la vocación social de un doctor abocado a la construcción de lo público para que sirva a los olvidados de siempre. Elijo el compromiso, la militancia de una persona que lucho por la construcción del socialismo en nuestro país. La existencia de un abuelo cariñoso y regalón, que abrazaba familias extendidas más allá de lazos sanguíneos y construía complicidad por medio del afecto y el desafío.Recuerdo al Sergio que nunca conocí. Al de la larga década de los 60's, ese que vuelto del exilio, nos enseñó "el pueblo unido" cabalgando contradicciones y comiendo pepinillos.
¿Será la muerte un bastón de Posta? De ser así, lo recibo conforme, con vista crítica y de futuro. Para esta vez conquistar los imposibles por los que Sergio vivió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario