jueves, 27 de julio de 2017

La impotencia del que puede


Decir ‘no’, no de ‘no puedo’ 
sino de que ‘puedo decir que no’. 
Y además, no quiero.
Sociedad dominada por el ‘si’, 
yo opto en contra del fetiche del cansancio.
Que la presión del quehacer 
arriesga suprimir la creatividad del juego.
Todo me conmueve.
Llevo en el pecho un corazón 
y en la mano cadenas de seda.
Incontenible por apostarlo todo

Más no doy ni un peso en la apuesta

Cuba, el calcio de América

Cuando pienso en Latinoamérica se me antoja un vecindario. Democracias, dictaduras y sus mezcolanzas conviven en un mismo territorio en el que como decía el Che en los 60’s “200 millones de personas comparten las mismas miserias y el deseo de un mismo mejor destino”. Un vecindario en el que hablamos distintos dialectos y tenemos diferentes gustos. Del vecindario, un vecino ilustre es Cuba, luz de dignidad a sólo 90 millas del imperio norteamericano. Desde el 1 de Enero de 1959 la más grande de las Antillas viene dando cuenta de un proceso inédito que ha repercutido en el mundo entero. Por esa misma razón, cuando uno viaja a Cuba espera encontrarse… no sabe bien con qué se va a encontrar.
Nacionalismo, pendientes y felicidad, son las palabras que describen desde mi punto de vista a la isla. Sin embargo, son términos insuficientes al no describir las risas estrepitosas, los autos antiguos, la unidad nacional, la clase burocrática, el sentido común socialista, la educación e inteligencia colectiva.

El color esperanza en Cuba es el rojo; hay necesidad de mantener la unidad nacional como principio de acción política entorno al pilar del socialismo y de cara a un imperio injerencista que no cesará en su estrategia de hacer caer el socialismo isleño. Y también es el verde; debe actualizar la política interna en función de absorber las demandas crecientes de un sector en formación por actualizarse respecto a los beneficios que acarrea consigo la globalización de las comunicaciones y que cada vez más llena el significante ‘juventud’ que ha sido el motor de cambio en nuestra américa –y en Cuba más-.

Las demandas por actualizar el régimen parecen propias de una capa media de profesionales jóvenes que emergieron en revolución y desean condiciones de vida ‘acorde’ a su rol en la sociedad. Conocí a un yerno de Fidel Castro que trabajaba como taxista y contaba que lo escandaloso de Cuba es que “un cirujano tenía que andar en guagua”. Muchos de esos jóvenes y no tan jóvenes, se ven motivados a migrar. ¿Por qué? En primer lugar, como buenas isleñas las personas cubanas se sienten atraídas en salir del país para conocer el continente americano y más allá. En segundo lugar, “nos achicharraron” no es sólo el título de un disco de Aldeanos, es una sensación de la juventud cubana que percibe estancamiento de su desarrollo personal y social. Sabemos nosotros que disfrutamos de los médicos cubanos.

En efecto, el roce de la necesidad con el turismo genera un efecto muy difícil de calibrar. La oposición interna se arrima de la figura de Camilo Cienfuegos para posicionarse, y en sus discursos internos son incapaces de cuestionar a Fidel. La cultura de izquierda está intensamente instalada, todo cubano o cubana entiende que el período entre la Enmienda Platt y la Revolución es uno de neocolonialismo norteamericano y nadie quiere volver allí. Gracias a la revolución bolivariana de Chávez, ahora esa estrella de solitaria dignidad comparte con Venezuela petróleo, médicos y pueblos enteros gracias a las facilidades de viajes aéreos.

De Cuba traje muchos regalos, la mayoría fueron conchitas de las playas de Varadero, las mejores del Caribe según se cuenta. Saque un par de conchas para regalar y no he dejado de pensar en su rol para con el mar. Éste al fondo tiene muchas conchas y cosas que se van degradando. Al degradarse le da al fondo marítimo una propiedad en calcio que hace posible la espuma y todo lo blanco que allí habita. Es tan así, que el retiro masivo de conchitas por efecto de la industria hace que el mar se vaya muriendo de a poco y sus peces perdiendo el color. Por eso es importante cuidar las conchitas y tenerlas en muy alta estima. Son reservas de calcio vitales para todos nosotros.

Algo similar pasa con Cuba respecto a Nuestra América, es nuestro calcio. La espuma blanca que ha florecido en los países del Alba de los pueblos, ha sido gracias al cultivo paciente de calcio tras 50 años de Revolución institucionalizada. El apoyo a la revolución es condición para participar del sistema democrático cubano basado en los Comités de Defensa de la Revolución, de allí emanan los diputados de las asambleas provinciales y nacional del poder popular.


El Estado de excepción cubano parte de la idea de que revolución es sustantiva de la nación. Sin embargo, en caso de que las relaciones internacionales se normalicen y EEUU cese con el bloqueo económico, el Estado cubano se verá presionado por adoptar medidas acorde al ideal democrático que Occidente ha fijado erróneamente como el final de la historia. La transición de relaciones internacionales no puede no tener un correlato interno si se quiere mantener el socialismo, o el imperio puede capitalizar la construcción de nuevos sujetos colectivos como ‘la juventud’ y puede amenazar seriamente el socialismo.


Chile es el único caso contemporáneo, en América Latina y Europa, en que una dictadura haya logrado que su constitución y legislación continuaran vigentes, durante el período democrático post autoritario.

¿Qué implica la elección de Beatriz al frente del Frente?


Para muchos y muchas militantes de los movimientos sociales y del Frente Amplio nos sorprendió la elección de Beatriz Sánchez como candidata de la coalición por las fuerzas dirigentes. En un inicio, nos convencíamos de que pese a la posición que asumió cuando murió Fidel Castro u otras tributaciones a posiciones alejadas de la izquierda su elección se iría justificando a medida que pase el tiempo, y luego de las primarias ya estamos en momento de hacer evaluaciones sobre ¿qué hay detrás de esta elección de liderazgo?
En este ensayo intentaremos dilucidar qué significa haber escogido a Beatriz como lideresa del acumulado político social del Frente Amplio. Si bien este fue un llamado de Revolución Democrática (RD) y Movimiento Autonomista (MA), a él se plegaron la mayoría de fuerzas políticas del Frente Amplio, y en realidad hemos de considerarla la primera valla de fuego de lo que se autodenominó en su minuto “polo estratégico” (Izquierda Libertaria, Movimiento Autonomista, Nueva Democracia, Revolución Democrática) y un hito infranqueable de reconfiguración geopolítica entre las fuerzas anti neoliberales.
Entonces, ¿qué significa que los partidos hegemónicos (RD y MA) hayan escogido a Beatriz Sánchez para dirigir el F.A? El haber escogido a Beatriz Sánchez como lideresa traza una línea que diferencia política e ideológicamente a las organizaciones que forman el F.A. En las argumentaciones a favor de Beatriz se arguye que su perfil es preferible para la lucha electoral y al momento de emergencia que vive el Frente Amplio dado que se muestra: conciliadora, mediática y empática. Otros menos imaginativos, sencillamente argumentan que Beatriz es la candidata dado que fue decisión del partido, aunque personalmente tuvieran otras preferencias. Entre los argumentos más concienzudos está la idea de que ella representa mejor el momento que vive Chile, dado que nos puede dejar fuera de la escena política asumir posiciones “izquierdistas”, afirmando entrelíneas que su candidatura es más “centrista”.
Pero ¿por qué se supone que el rehuir del conflicto y el ser una figura mediática son atributos de dirigencia del Frente Amplio? Adelantándose a quienes elucubrarán la diferencia entre el momento electoral del resto de las luchas que hemos de dar, está prohibido suponer que la candidatura presidencial es inocua para el desarrollo futuro de nuestras fuerzas y olvidar el rol central de las agencia en la tarea de transformar el mundo.
Se supone que Beatriz podrá quitarnos la caratula de izquierdistas ante un público rehén de los prejuicios que el bloque dominante ha instalado como sentidos comunes, por ello, representa la posibilidad de ampliar la influencia del Frente Amplio ante el votante desilusionado de la Nueva Mayoría que ve en nosotros un proyecto susceptible de convertirse en gobierno. Esta apuesta supone la existencia de un ethos transicional en la sociedad chilena que hay que respetar si se quiere disputar en el área electoral, tierra extraña y enemiga. El respeto a este ethos suele asumirse como un campo contextual incontestable para cualquiera que desee insertarse en la realidad chilena: que rehuimos del conflicto, que no hay recibo en las convocatorias a la clase trabajadora, que expropiación, socialismo, capitalismo entre otras son palabras vetadas del vocabulario son parte de los enunciados recurrentes.
A tono, las fuerzas del Frente Amplio que escogieron a Beatriz como la carta presidencial, optaron por ella siguiendo un cálculo electoral basado en el respeto al ethos transicional cultivado en los gobiernos concertacionistas. Ese que posiciona en los más altos pedestales la colaboración, el consenso fundamental por este tipo de democracia y el respeto a la institucionalidad vigente.
Creemos que esa apuesta se fundamenta en que se tiene por principal objetivo la emergencia política entendida como aquella que logra aparecer en la arena de la lucha electoral con cierto capital político creíble o susceptible de ser vencedor. Por ello la línea estratégica de disputa electoral debe ser completa, en todos los planos, no sólo en el presidencial sino también en el parlamentario. ¿Eso necesariamente implica usar la técnica del camaleón? ¿Disfrazarse de oveja siendo lobo? ¿No será en realidad al revés? ¿Nosotros somos la oveja que se disfraza de lobo para competir en el juego de los lobos y cuándo las cifras no nos acompañen así sin más los mismos que nos dieron el disfraz de lobos nos señalaran como carne fácil? Más allá de las elucubraciones, es sin duda curioso renunciar a la toma del poder antes de amenazar con lograrlo.
Tenemos claro que disputamos el poder del Estado, sin embargo no podemos eludir las dos preguntas que le siguen a ese ¿qué? Y son: ¿para quién disputamos? Y ¿para qué? Con ellas recién comenzamos a delinear estrategia. La figura de Beatriz como lideresa de nuestro acumulado, en base al cálculo electoral y las posibilidades de acumular hacia el centro, nos invita a pensar en la eficiencia y efectividad en el marco de un vacío de estrategias (para qué) y de claridad del sujeto a construir (para quién) para transitar a un Chile refundacional[1].
Un claro síntoma de este fenómeno es que la candidatura de Beatriz no instala agenda en el espacio público fuera de lo que el proceso de construcción programática del Frente Amplio ya ha validado. Se queda en la afirmación de lugares comunes de lo que ya ha dicho u hecho el movimiento social, inclusive como tributo a ese ethos transicional y a la verosimilitud que debe expresar en los medios de comunicación, ya ha sacrificado demandas del movimiento social en el altar de la tecnocracia[2], el lapidario: “hay que evaluarlo con expertos”. Un ejemplo bien claro de que las ideas políticas de su candidatura están más bien en el ideologizado campo de posibilidades que permite la burguesía financiera, es que al momento de equivocarse al señalar que el gobierno de Allende era “un régimen totalitario” su justificación fue del orden: “me adelanté a lo que ellos querían”. La idea de que para responder al régimen debemos ponernos en sintonía con los poderosos es de una elocuencia muy significativa para evaluar las implicancias estratégicas de haber escogido a Beatriz como lideresa de nuestro acumulado.
Su candidatura se ha entendido como una vocería de lo que hasta ahora ha construido el movimiento social y no articula esos elementos en un sentido histórico de proyecto país. Lo grave de esto es que si el Frente Amplio no desarrolla un rol más significativo que el de una simple vocería en la esfera pública, no estaríamos haciendo justicia al sentido político de representar la franja organizada de un pueblo movilizado hace más de 30 años por un cambio de modelo. Hay diagnósticos, hay experiencias, hay propuestas acabadas en términos técnicos y lo más importante, hay sentido histórico en nuestra lucha, y la historia no espera a nadie. Si el Frente Amplio no se posiciona con claridad en su rol de conducción del acumulado, apostando decididamente por aumentar su capilaridad social y conducir políticamente la crisis de expectativas ante las posibilidades de mejoría del modelo por desposesión que nos gobierna, bien puede que el Frente Amplio no sea la expresión orgánica de cambio de modelo y tengamos que luchar otro ciclo más para lograr avanzar.
Hay dos posibilidades, o la elección de Beatriz como lideresa demuestra una renuncia a una estrategia de toma del poder, a las claridades soberbias que aporta la izquierda sobre la gestión de derechos sociales o sobre los juicios categóricos acerca de las condiciones de trabajo de la gran mayoría de nuestras compatriotas… o bien demuestra la falta de planificación de largo y mediano plazo, amparada en una visión efectista de la política que apostó por jugársela el todo por el todo en la actual contienda electoral. Y tengan claro que en la cancha electoral, las reglas no las ponemos nosotros, así que perdemos de todos modos. El problema es que perdamos y nos hagan creer que ganamos, así nos pueden desviar para donde queramos con tal de seguir el son de los lugares comunes neoliberales. 
La superación de los 300 mil electores de las municipales en solo 21 mil, son números que nos deben llamar la atención, si bien conseguimos emerger y sobre eso hay mucha complacencia, aún el Frente Amplio no ha salido de los márgenes de debate y posibilidad que imponen los poderes fácticos de la burguesía financiera. Ha prevalecido una cultura de hacer política en lo absoluto distinta a la dominante durante la transición. El Frente Amplio nace de las capas medias como sectores movilizados ante la crisis de expectativas que ha generado la crisis neoliberal, pero estamos ante una crisis orgánica del neoliberalismo internacional y criollo, con paupérrimos niveles de aprobación y significativas muestras de descontento popular, sí están las condiciones de ampliar nuestro espectro en función de construir un sujeto colectivo transformador necesariamente anclado en el mundo del trabajo. A pesar de ello, la ‘vocería’ del Frente Amplio le sigue hablando a los sectores medios molestos por la crisis, cercándonos en los límites que afanosamente han impuesto los poderes fácticos. Tras las elecciones primarias salió toda la prensa derechista a señalar que el descontento con el modelo era de una clase media emborrachada con las promesas neoliberales, quizás los números del Frente Amplio les ayudó a sostener esa tesis respaldada por las encuestas que manipulan a discreción.
Ante los peligros de que el Frente Amplio no tenga capacidad de instalar agenda pública, ni que conduzca a los movimientos y sectores populares hacia desafíos de transformación, el polo estratégico como espacio de conducción se disolverá y se reconfigurará la geografía política del conglomerado en función de lineamientos estratégicos con claves en:
a)      Sujeto dirigente y sujeto a construir.
La cuestión de la procedencia clase mediera del Frente Amplio es una carga si no es capaz el conglomerado de asumirlo y seguir adelante. Que lo haya usado la mismísima Bachelet en contra nuestro es reflejo de que sí es un factor importante en tanto puede condicionar los alcances de nuestro espectro. No dejemos que eso pase, y apostemos decididamente por aumentar nuestra capilaridad social en los sectores populares. Para ello debemos tomar una posición clara y así podremos prefigurar conscientemente para quién estamos haciendo política institucional para que no sean los perfiles de nuestros dirigentes lo que lo determine.
Hay sectores en el Frente Amplio decididos a construir un sujeto para las transformaciones de Chile, y otros, más preocupados de los ratings mediáticos y encuestas de elecciones pasadas que al obviar la pregunta por el sujeto, el perfil de quienes pongan enfrente será el que se universalice.
b)      Momento político y rol de los sectores movilizados.
Otra clave es el momento político en el que nos encontramos y las posibilidades que de éste se desprenden. En otro escrito argumentábamos que las distintas candidaturas a primarias presidenciales del FA  (Mayol y Sanchez) reflejaban la convivencia de dos lecturas distintas del momento político, ahora bien, la dirigencia de Sánchez nace sobre el diagnóstico de que estamos ante condiciones subjetivas insuficientes para un desborde de los lugares comunes neoliberales, por ello, su apuesta es por una apertura democrática palanqueada desde arriba por medio de la victoria electoral donde los sectores movilizados son base social de apoyo para gestionar la apertura democrática. No se trataría entonces de cambiar todo, sino de generar transformaciones en la gestión del poder político para que las mayorías tengan más vehículos de manifestación. El liderazgo de Beatriz pone en cuestión que la historicidad del FA se tributa en los movimientos sociales de resistencia al neoliberalismo, dado que “da la otra mejilla” cuando le preguntan por Allende.
Fuera de Revolución Democrática, Movimiento Autonomista y demás fuerzas auxiliares, hay expresiones que sin miedo al fracaso parten de la idea de la toma del poder para la transformación radical de este ordenamiento político social neoliberal para volver a “demarcar la cancha” en términos más beneficiosos para los y las trabajadoras. Ese sector político ya ha ido agarrando forma como Polo Socialista o de Izquierda, y encuentra entre sus fuerzas a Nueva Democracia, Partido Igualdad y movimiento SOL. Ejemplifica una de las implicancias más superficiales de la elección de Beatriz Sánchez como lideresa de nuestro acumulado, y es que el polo estratégico no sorteo la primera valla que se encontró y es necesaria una nueva geografía si queremos ser más que una anécdota electoral.










[1] http://www.eldesconcierto.cl/2017/05/19/socialistas-comunistas-y-clases-populares-en-chile-4-notas-sobre-un-desanclaje-social-y-una-sobre-el-frente-amplio/
[2] Nótese su reacción ante la demanda de condonar el CAE. 

sábado, 1 de julio de 2017

¿Qué implican las candidaturas a dirigir el Frente Amplio?

Se ha planteado con frecuencia que las candidaturas a la presidencia del Frente Amplio tienen pocas diferencias entre sí; después de todo, ambas abogan por fortalecer los servicios sociales públicos, terminar con las AFP y las ISAPRE, nacionalizar el agua, defienden un Estado plurinacional que reconozca la autonomía de los pueblos originarios… Si bien tienen diferencias programáticas, éstas no comprometen el programa conjunto del conglomerado. Entonces, ¿qué justifica que existan dos candidaturas distintas? ¿Qué implica cada candidatura?

Las diferencias entre Mayol y Sánchez no son principalmente del orden de las propuestas aunque éstas existen, y son notorias, como por ejemplo la expropiación de empresas estratégicas, la relación con Bolivia, o el futuro de SOQUIMICH. En cambio, lo que las separa son distintas lecturas sobre el momento político chileno; en otras palabras, el diagnóstico sobre las condiciones objetivas y subjetivas sobre las que se trabaja, y el ánimo con el que se encaran o la capacidad de instalar agenda. Por lo tanto, el resultado de esta elección tendrá consecuencias reales en la configuración interna del Frente Amplio.

¿Por qué se escogió a Beatriz Sanchez como candidata? El comando apostó por una figura mediática, legitimada en su capacidad de expresar una visión crítica de la sociedad neoliberal. La construcción pública de la candidata se centró en su historia personal, una buena estrategia para provocar la empatía del público; “yo comparto la historia de Beatriz, cualquiera puede ser Beatriz”. Desde un inicio la candidatura se inscribió en el campo de lo “sensato” para la ideología neoliberal; rechazo a las “dictaduras comunistas” (Cuba y Venezuela) y postergación con criterio técnico de cualquier medida o propuesta que acuse la más leve ruptura (condonación deuda CAE, integración regional, entre otras). Se representa la idea de que asumir posiciones “izquierdistas” nos puede dejar fuera de la escena política, afirmando entrelineas que su candidatura es más “centrista”.

La apuesta supone que la sociedad chilena ha sido tallada en piedra con los sentidos comunes de la transición, donde la transformación es sinónimo de conflicto, y el conflicto contraproducente. Si bien la candidata ha mencionado de forma explícita la necesidad de cambios profundos, su equipo no ha querido pasar a hablar de temas que superen el debate actual, y le den perspectiva a futuro; se ha remitido a reproducir lo que ya es campo conocido dentro del debate político, ya sea desde la postura a favor o en contra (“No+AFP”, “No al lucro”). No instala agenda en el espacio público fuera de lo que el proceso de construcción programática del Frente Amplio ya ha validado, sino que se queda en la afirmación de lugares comunes de lo que ya ha dicho u hecho el movimiento social. Cuando se le insta a salir de esta zona de confort, la respuesta es que el programa está en proceso de ser construido por la ciudadanía, o que sería irresponsable referirse a temas que están actualmente en litigio (Bolivia). Se supone que la izquierda estaría asociada a la derrota, por lo que afirmar una posición conflictiva con el orden actual de cosas, nos condonaría nuevamente al fracaso.

Mayol parte desde propuestas que en el derechizado debate nacional se asocian a la izquierda histórica, pero que son propuestas de corte socialdemócrata y que, como explica el mismo candidato, hasta la derecha favoreció en su momento (como la nacionalización del cobre en 1971). Si bien la candidatura parte de la construcción programática realizada por el movimiento social y político acumulado del Frente Amplio, va más allá con propuestas programáticas que cruzan el cerco neoliberal de lo posible, enfrentándose al sentido común que Beatriz supone respetar dado que evocan peligrosos fantasmas del pasado.

Creemos en definitiva que hay un diagnóstico distinto sobre el momento político que vive la sociedad chilena representado en las dos candidaturas, una que supone la vigencia de la legitimidad del ethos transicional y otro que reconociendo la existencia de ese ethos, lo enfrenta para proyectar un ethos refundacional. La ruptura con los mecanismos de legitimación neoliberales es fundamental para un proyecto que espere salir de las elecciones presidenciales fortaleciendo su historicidad. Parece increíble pero aún cuando las instituciones neoliberales sufren la mayor de las crisis de legitimidad: parlamento, fuerzas armadas, carabineros, AFP, bancos, multitiendas, entre otras, la izquierda siga rindiendo tributo a los lugares comunes neoliberales por cultivar contraproducente idea de que transformación radical, de que izquierda, es sinónimo de fracaso.

Esta caracterización distinta del escenario subjetivo, dice relación con la visión de la política que una y otra candidatura proyectan. La candidatura de Beatriz se justifica en la necesidad de emergencia que tiene el Frente Amplio y en las posibilidades de que su persona consiga un efecto en las elecciones que nos permita posicionarnos como un actor gravitante en la política institucional nacional, la verdad, es que su candidatura adquiere verdadero sentido en el engranaje parlamentario y regional de la estrategia de cooptación institucional de las fuerzas dirigentes del Frente Amplio. Por otro lado, la candidatura de Alberto, se fundamenta en la instalación de una agenda pública y programática de lo que ha venido planteando el movimiento social, y más allá. Y sobre esto nos quisiéramos detener.
La candidatura de Alberto Mayol descansa sobre una definición de un ethos refundacional, sino que también sobre una lógica de ruptura. Responde a las verdades impuestas a fuego por el neoliberalismo con otras certezas, tan soberbias y sencillas, como lo es la verdad. La pretensión de verdad es virtud de todo proyecto que se precie de revolucionario: “no has entendido nada”, supone que la necesidad de cambio es real y palpitante, no sólo voluntades y sueños de un Chile “mejor”. Para la candidatura de Mayol la emergencia no sólo es electoral, sino programática para la prefiguración de un proyecto que con propiedad pueda mantener la representación del movimiento social. No necesitamos electores más de lo que necesitamos fuerza social organizada. Y los movimientos sociales tienen su propia agenda arraigada en un profundo sentido antineoliberal que no colabora con los lugares comunes del miedo que domina la esfera mainstream de la política institucional, cualquier concesión a la herencia de la doctrina del shock es un retroceso en la conducción estratégica de una fuerza política hacia los movimientos sociales.

En definitiva, las candidaturas se traducen en una reconfiguración de los polos del Frente Amplio en base a distintas caracterizaciones del momento político, sobretodo en lo que respecta a las condiciones subjetivas, el rol de los sectores movilizados de la sociedad y la visión de la política.



viernes, 23 de diciembre de 2016

¿Política institucional para quién?

En estos días la prensa ha festinado con la idea de un Frente Amplio. Los intelectuales orgánicos del Bloque en el Poder[1] han escrito varias páginas tratando de dar con las claves de nuestra composición, parecen muy afanosos a esa tarea con tal de entendernos y poner con anticipación las reglas del juego para que no seamos peligrosos a su estilo de vida y modelo de desarrollo que se sustenta en la expoliación vergonzosa de nuestra población. E incluso columnistas como Héctor Soto plantean que la formación de este Frente Amplio conlleva oportunidades para un fortalecimiento de la derecha[2].

Ese fenómeno debe ser una alerta para nosotros ¡Que no nos pongan las claves del debate! Si debemos pensar un nuevo Chile lo hemos de hacer desde quiénes no han tenido voz en la esfera pública, no desde la simulación política que goza en crear nuestra clase dominante en sus debates. De lo contrario, corremos el gravísimo riesgo de olvidar los profundos pendientes que tenemos como proyecto refundacional de Chile, donde uno de los más evidentes por desdeño de la administración transicional, es el relativo a las diversidades regionales y étnicas de nuestro país. Y es que nuestro proyecto tiene que comenzar a tocar las fibras que estimulen el sustrato identitario de pertenecer a esta comunidad imaginada llamada Chile, primero para desarmarla, luego para refundarla. La tarea es enorme y debemos abrazarla o sencillamente perderemos el momento histórico de realizarla.
En la intentona de dar respuesta a esta contingencia de emergencia en nuestra izquierda se han abierto preguntas sobre las creencias que teníamos por certezas. Muchas fuerzas políticas en la vocación de construir un Frente Amplio, nos hemos preguntado, ¿en qué podemos aportar al proceso de construcción de una fuerza social con expresión político electoral capaz de interpretar a las mayorías del país? Y en eso alguno han concluido que nuestras lecturas de la sociedad de clases es desactualizada, que dada la situación de organización actual de la clase trabajadora, debemos re-plantearnos el sujeto y dar con definiciones más precisas para la contingencia. Básicamente la idea de que el modelo neoliberal ha modificado de tal manera nuestra sociedad que sus clases han variado significativamente ¿Qué duda cabe que las transformaciones neoliberales desalojaron a los trabajadores de la esfera política e inclusive progresivamente de la económica[3]?

Es curioso porque esta idea esconde el supuesto de que las lecturas de clases que hemos realizado son del pasado, y que por lo mismo “las condiciones han cambiado”. Más allá de lo ingenuo o no que pueda parecer esa apreciación, contiene una advertencia muy atingente a los proyectos de apuesta clasista: los trabajadores en el contexto neoliberal no poseen las herramientas suficientes para organizarse como clase y desarrollar consciencia ‘para sí’, viabilizando una transformación socialista de la sociedad. Ahora, todo militante de Izquierda Libertaria sabe que eso ya está contenido en la estrategia de Ruptura Democrática, sin embargo el llamado de atención es igualmente oportuno. Y es que ¿alguna de las fuerzas emergentes podría precisar con claridad quién es el sujeto que conduce las transformaciones que necesitamos?

Claro que el sujeto de un determinado momento no necesariamente es el mismo sujeto que comprendemos como clave para la transformación radical de la sociedad, a saber, la clase trabajadora. Hay contradicciones superpuestas que lo determinan. Una fundamental, el conflicto entre el capital y el trabajo, que hace de la clase trabajadora la transformadora de la sociedad capitalista, y otra secundaria o del período entre el reacomodo del neoliberalismo chileno y una creciente movilización de las capas medias y franjas del proletariado por soberanía[4]. Ese sujeto permanece indeterminado y creo que para ayudar a dilucidarlo es útil comprender que debe estar formado sobre relaciones de conflicto latentes en la sociedad, que es otra forma de decir relativo a ‘lo político’.

En las actuales condiciones de escasa organización social, nuestra labor institucional, debe apuntar ante todo a visibilizar las relaciones de conflicto para estructurar sobre ellas y su radical oposición, el tablero de ‘lo político’ actualmente estructurado por el clivaje de “la medida de lo posible” ¿Por qué? porque de nada sirve nuestra inserción institucional si no es para aportar a la acumulación de fuerzas de cara a una irrupción popular que posibilite un cambio social e institucional que redefina lo legítimo, y valore la acción colectiva, el desarrollo y la producción. Vuelve la pregunta del inicio ¿A quién estamos formando? Y, ¿cuáles son las claves del antagonismo en esta contingencia?
Saliendo del período de rearme de nuestro tejido social, del miedo a la muerte que nos heredó la dictadura. Recién hace 10 años, desde el 2006, nos empezamos a defender como sociedad ante el abuso y el robo institucional. Pero aún en una fase defensiva, el gobierno de Michelle Bachelet pasa leyes que merman las posibilidades de la organización social. Si hay alguien que cree que con las reglas del juego democrático transicional el pueblo se puede ver beneficiado, está muy equivocado. La lista de cerrojos institucionales es bastante larga y basta revisar el fallo del Tribunal Constitucional contra la titularidad sindical del proyecto de Reforma Laboral para convencerse[5]. Y lamentablemente poco depende de lo que puedan hacer las fuerzas emergentes con presencia institucional.


Frente a la imposibilidad estructural actual de constituir a la clase trabajadora ‘para sí’, nuestro tramado táctico estratégico identifica a las capas medias[6]; ese conjunto indeterminado del pueblo chileno que condujo las movilizaciones mapuche (96 a la fecha), Aysén (2012), Freirina (2012), pobladores (2006 a la fecha), estudiantiles (2006-2014), profesionales docentes (2015-2016), trabajadoras del hogar, sectores rurales o marginados del desarrollo o victimas del antidesarrollo social, feministas e indígenas (en Rapa Nui, en Chilwe, etc.); las que expresaran esta primera fase de conflicto, dado que nuestras demandas son por dignidad[7] y otro modelo de desarrollo coherente con la sociedad.


Entonces ¿cómo esos sectores son compatibles con nuestro sujeto de transformación, la clase trabajadora? ¿Ellos son parte de la clase trabajadora?
Sí y no. Si consideramos la clase trabajadora como un proyecto histórico que divide la sociedad en dos partidos: “el del trabajo” y “el del capital”, es difícil delimitar aquello socioeconómicamente. Entonces ¿cómo cimentamos la aparición de la clase trabajadora como sujeto de transformación?  Un ejemplo cercano para muchos, puede ser el proyecto educativo del movimiento estudiantil. Esa idea que nosotros impulsamos al interior del movimiento estudiantil tenía por intención marcar una diferencia de concepción educativa con el bloque dominante, toda reivindicación esconde una postura política en una contingencia y la contingencia, como la política, depende del conflicto.
Era evidente que si estabas a favor de la educación como bien de consumo estabas favoreciendo el negociado de empresarios inescrupulosos y/o el estatus quo que es lo mismo. Si estabas a favor de la educación como derecho social en cambio, era porque estabas a favor de los estudiantes hijos de trabajadores que no podían pagar una educación privada y porque querías una educación distinta a la actual: democrática, pública, etc. Lo contrario a lo que hay. Podemos pensar lo mismo con el tema previsional con la demanda de No más AFP. Hay una lógica en las demandas populares de esta fase defensiva de reivindicaciones por dignidad, una expresión de esa coherencia está dada por una imagen negativa: la firma de la Ley General de Educación (2007) con el que Bachelet en su primer gobierno intentó cerrar el episodio de la Revolución Pingüina, según algunos, “el último contentamiento… paradigma de la concordia universal”[8], que planto una semilla de desconfianza con los políticos del modelo que se tradujo, por la acción política de los mismos militantes de los movimientos sociales, en un principio táctico de no colaboración con la oxigenación del modelo dado que hemos diagnosticado que sus sucesivas administraciones se han demostrado fraudulentas en sus intentos por cambiarlo.  
                              1 Firma de la LGE noviembre 2007

Las demandas son muchas, pero ¿qué hay detrás del descontento que hace estallar reivindicaciones donde no las hay? Al igual que en varias de las cosas de la vida, el descontento que moviliza es una sensación – anclada en la necesidad y contradicción material -, un sentir que hemos de canalizar de forma concéntrica (como un cono) hacia una identidad que sea expresión de las partes en conflicto y sea alternativa de sociedad. La respuesta a la pregunta ¿quién va a hacer la ruptura democrática? Está detrás de esa construcción. No puede ser un agregado de particulares sino que ha de ser un particular susceptible de ser universal.

En ese sentido, en esta fase originaria del Frente Amplio, como una coalición de multitudes; diversa como el descontento de la gente con el modelo, debemos desarrollar las cadenas de equivalencias efectivas para que “los descontentos” que se sienten en un mismo núcleo territorial logren reconocerse a pesar de sus diferencias (etarias, sociales, laborales), en un particular lo suficientemente líquido para no dejar a nadie fuera, ni por abajo: indígenas o marginales; ni por arriba: profesionales o empresarios productivistas[9].

Para esa construcción de sujeto, hay que pensar los principios éticos que proponemos, pero no sólo pensándonos en positivo. El ejercicio que debemos hacer no es del tipo: “soy pobre, vivan los pobres”. Sino pensar en cómo la emoción que niega lo existente puede interpretarse en positivo y a la vez prefigurar el proyecto que impulsamos como desarrollo de nuestro acumulado de fuerzas hacia el estallido y posterior reacomodo democrático ¿Qué lecciones políticas podemos enseñar los movimientos sociales a nuestra sociedad? No hay que pensar la estrategia electoral o institucional así no más. Si llegamos pronto al gobierno no vamos a tener el poder. Entonces hay que pensar cómo nos diferenciamos sustancialmente de lo que negamos y por reflejo: quienes somos y contra quienes estamos.

Pero no todo es discurso. Este proceso requiere al menos de un par de sujetos constituidos para sostener el proceso de construcción de alternativa. Ello implica que esos sectores diagnostiquen la situación en la que se encuentran y que por reflejo abran el abanico de posibilidades que la mayoría de las veces -por la mala economía que nos somete- está reducida a una. Sólo si logramos eso seremos capaces de intervenir el escenario con una propuesta viable. Por muy programático que sea el énfasis, los sujetos no atacarán la contradicción de período sólo por afirmarse a sí mismos. La disputa se constituye de fuerzas reales capaces de sostener movilizaciones que delimiten el contorno del conflicto.

Necesitamos de un núcleo central; un grupo organizado que practique la radicalidad democrática, la no colaboración con el Bloque Dominante y que tenga demandas de un futuro post neoliberal; uno que sea ejemplo vivo del proyecto de refundación de Chile, y que indique también una eventual transformación estructural de la sociedad. Las cadenas de acumulación de capital en nuestro modelo primario exportador son bastante claras y los sectores estratégicos de la producción[10] son los únicos que pueden hacer tambalear el modelo neoliberal. Necesitamos una base que aporte dinamismo programático, masividad y pueda servir de altavoz de las demandas post neoliberales: los trabajadores del área de servicio y públicos que han convocado movilizaciones recientemente, están donde el modelo se realiza[11] cobijando sus expresiones más contradictorias, las más deshumanizantes de la fuerza de trabajo y donde más le falla a la ciudadanía. Por último, necesitamos de un particular susceptible de ser universal, un sector dirigente a nombre de quién las transformaciones se han de impulsar suficientemente amplio. Dado el incremento creciente del auto empleo precario, el trabajo parcial involuntario y el desempleo formal, el desempleo escondido podría alcanzar fácilmente las dos cifras en el 2017[12]

Haciendo un símil a lo que ha ocurrido en otras latitudes, creo que ese sector está signado por lo que algunos llaman “el precariato”[13], léase el conjunto de capas medias precarizadas por el modelo de anti desarrollo que son convocadas a la acción política por el proyecto refundacional en sí mismo más que por su posición en la producción.

La izquierda emergente envuelta en esta discusión ha deslizado hasta ahora tres alternativas. La primera, construir un sujeto ‘clasemediero’ anclado en el clivaje de la transición fracasada con demandas democratizantes y redistributivas. La segunda, construir un sujeto diverso con múltiples identidades y dirigidas todas espontáneamente hacia el problema estructural; y los que creemos en la centralidad del trabajo como conducto para la construcción de este nuevo “nosotros” que anticipe la construcción de la “clase trabajadora” en tanto sujeto que viabilice las transformaciones del presente pero sobre todo las de mañana, cuando la cancha de la lucha de clases presente mejores condiciones para la contienda. ¿Qué condiciones políticas son las que debemos articular para aportar a esa construcción? Como lo señala nuestra estrategia de ‘ruptura popular y cambio democrático’, será el programa lo determinante de las partes en conflicto. 

Nuestros adversarios ya hicieron este ejercicio el 2014: en los primeros 100 días de gobierno el programa de la Nueva Mayoría prometía con la reforma tributaria, el proceso constituyente y la reforma educacional taponear los tres puntos de fuga que se habían abierto a la legitimidad neoliberal: la extrema desigualdad, la constitución pinochetista y el sistema educacional. Esos tres puntos, dentro de otros que debemos agregar como la demanda por una previsión social, o el carácter político del conflicto indígena, siguen estando vigentes y carentes de interpretación popular. Sobre todo el trabajo debería ser una de las centralidades programáticas de este proceso de construcción llamado a generar la ruptura popular y el cambio democrático en el país ¡La mayoría de los trabajadores del país trabajan de forma ilegal! 

En definitiva, los factores que posibilitan esa construcción son aquellas cadenas de equivalencia que hace que la diversidad de gente de un mismo comunal o núcleo territorial del Frente Amplio se sienta parte de la misma identidad, del mismo ‘pueblo’. Si bien en esta primera fase nos sostendremos sobre un concepto de multitud que dialoga las diferencias, el proyecto debe ir tocando las fibras del sustrato que nos define como comunidad nacional con tal de proponer un claro antagonismo expresado en “nosotros en contra de” y desde ese punto de partida, realizar la tarea que nuestra belicosa élite ha sido incapaz de cumplir. Responder sencillas preguntas sobre Chile y su futuro ¿Hacia dónde proponemos ir? Y lo más importante ¿por qué hace sentido que tomemos ese curso?

Referencias

Chomsky, N. (23 de agosto de 2011). Chomsky.info. Obtenido de chomsky.info: https://chomsky.info/20110823/





[1] Por “Bloque en el Poder” entenderemos quienes sostienen en la esfera política pública y en la empresarial privada el modelo de desarrollo neoliberal.
[2] “El revés de la trama” publicada en Reportajes, La Tercera, 18/12/2016.
[3] Hay lecturas de la tendencia de externalización laboral como una dirigida a construir “empresas sin trabajadores”, dado que se basa en la liberación de la empresa contratista del problema de tener empleados a su cargo, y la empresa subcontratista es especialista en implementar modelos donde la organización de la fuerza de trabajo sea un imposible.
[4] Por “soberanía” nos referiremos a ese denso conjunto de reivindicaciones democráticas y económicas por un modelo de desarrollo coherente con lo social.
[5] El fallo del TC de 320 páginas considera que la Titularidad Sindical “infringe el ‘derecho a asociarse’”, así como la extensión de beneficios vías afiliación “vulnera el derecho a la libre contratación” y sigue.
[6] Las capas medias no se deben confundir con la construcción, sobretodo ideológica, de la “clase media”. Dado que una categoría que se refiere más bien la posición de una persona en la estructura productiva más que en la pirámide socioeconómica.  Marx en la lucha de clases en Francia (1848) se refiere a éstas como las capas que se encuentran entre las dos clases con intereses determinados por la estructura capitalista, y utiliza la categoría capas medias para referirse principalmente al campesinado de la época.
[7] Uso dignidad y soberanía indistintamente aunque dignidad me parece más preciso en tanto es más elocuente sobre la negación de lo existente para la afirmación una posibilidad. Mientras que soberanía parece afirmar una situación identitaria de sujetos.
[8] Revisar la columna de Héctor Soto en La Tercera 18/12/2016.
[9] En el escenario de total subducción del capital nacional al extranjero por su acervo financiero, volviéndose con frecuencia extranjero el capital nacional, es difícil pensar en la existencia de esta categoría. Aunque sea en las postulaciones a fondos CORFO debemos encontrar los capitales que viabilicen un modelo de desarrollo soberano.
[10] Por sectores estratégicos de la producción léase aquellos que están envueltos en las principales cadenas de acumulación de capital del país a través del trabajo (y no de las finanzas): mineros, forestales, agroindustriales, portuarios.
[11] Podemos decir que el modelo se realiza a través del área de servicios dado que allí construye su ágora cívica del nuevo sujeto ciudadano como consumidor. 
[12] Alejandro Alarcón, economista Universidad de Chile, sintonía radial 100.1, 6:30 pm. 22/12/2016.
[13] “Los analistas del banco describen un mundo que se está dividiendo en dos bloques: la “plutonomía” y el resto, en una sociedad global en la que el crecimiento es alimentado por los pocos ricos, y consumido por ellos mismos. Luego están los “no-ricos”, la inmensa mayoría, a la que ahora a veces se llama el “precariato global”, es decir, la fuerza de trabajo que lleva una vida precaria” (Chomsky, 2011).

miércoles, 3 de agosto de 2016

Presente inactual

Nos mean en la cara y dicen que llueve,
La vida no existe y sólo el amor nos mueve.
Estoy aquí y ahora,
Me rebelo contra el pasado que acogota
Y el futuro que moldea
Quiero presente inactual,
Contigo, conmigo construir un novedoso porvenir
De alternativas construidas
Por mi ser en huida
Todo el edificio de razones y pormenores,
Caerá como caera el falo de Paulman
Cuando dinamitemos no quedara
Ni sobra.
Solo un agujero enorme que llenaremos de vacios y tiempos libres.
Tu corazón con el mio palpitaran al unisono talvez,
Nos encontraremos en la micro
Tal vez,
Me llamaras algún día
Tal vez,
Y recuperaremos lo iniciado
Lo sé.
En realidad no lo sé
Ni sabre jamás,
Que artilugio puedo hacer para recuperarte.
Nada haré para ello,
No seras un fin ni yo un medio.
Tampoco quiero vivir en medio

De otros amores y pensamientos.




Mi Amor


            
El amor es el ‘querer bien’ a una o varias personas. El ‘querer bien’ a un(a) otro(a) es, saltándose el proceso de lógica, desear su felicidad en compañía mía; ser que ama. Si entendemos felicidad como la realización plena del individuo con sus pares, la única felicidad concebible es aquella que se funda en libertad y por ende el único amor real es el deseo de la libertad de mis seres amados. Bajo esta misma lógica el amor, que es inherentemente libre, solo alcanza su verdadera plenitud en una sociedad libre. Tal amor auténtico debe fundarse en una equivalente proporción de experiencia e ingenuidad, ya que mientras la experiencia nos susurra la imposibilidad del amor único, de esa mal llamada fidelidad, la ingenuidad nos permite considerar al amor fuera de los parámetros e imposiciones socioculturales, llevándolo a redefinirse como la capacidad y el poder de amar a varias personas al mismo tiempo, sin importar que varíen los propósitos para con estos sujetos.
            Por otra parte la concepción platónica del amor es la fundada en el principio de propiedad, en una lucha incansable de poderes por sobreponerse uno al otro determinando –casi en todos los casos- a un dominador y una dominada que le pertenece al primero, bajo el castigo divino y la legislación terrenal.
            Es en la antítesis de la posesión, es decir, en la libertad, donde se debe constituir el amor que sea capaz de reconocer el elemento humano de la “pluralidad del afecto”, que se hace irrefutable desde el momento en que uno ama a su padre y madre a la vez. O también cuando se siente un impúdico deseo sexual por algún tercero estando ya en pareja –situación más que recurrente, instintiva-. Este principio sumado al de la no propiedad nos lleva a pensar que el amor es, en cierto sentido, vivir en el temor de la posible pérdida del amado.

            Por tanto, el amor, al escapar de la hegemonía del individualismo, del castigo y al ser en definitiva libre, es un elemento destructor en contra del cálculo, del interés, de la especulación, del mundo profano y utilitario.

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