Cuando pienso en Latinoamérica se
me antoja un vecindario. Democracias, dictaduras y sus mezcolanzas conviven en
un mismo territorio en el que como decía el Che en los 60’s “200 millones de personas comparten las
mismas miserias y el deseo de un mismo mejor destino”. Un vecindario en el
que hablamos distintos dialectos y tenemos diferentes gustos. Del vecindario,
un vecino ilustre es Cuba, luz de dignidad a sólo 90 millas del imperio
norteamericano. Desde el 1 de Enero de 1959 la más grande de las Antillas viene
dando cuenta de un proceso inédito que ha repercutido en el mundo entero. Por
esa misma razón, cuando uno viaja a Cuba espera encontrarse… no sabe bien con
qué se va a encontrar.
Nacionalismo, pendientes y
felicidad, son las palabras que describen desde mi punto de vista a la isla.
Sin embargo, son términos insuficientes al no describir las risas estrepitosas,
los autos antiguos, la unidad nacional, la clase burocrática, el sentido común
socialista, la educación e inteligencia colectiva.
El color esperanza en Cuba es el
rojo; hay necesidad de mantener la unidad nacional como principio de acción
política entorno al pilar del socialismo y de cara a un imperio injerencista
que no cesará en su estrategia de hacer caer el socialismo isleño. Y también es
el verde; debe actualizar la política interna en función de absorber las
demandas crecientes de un sector en formación por actualizarse respecto a los
beneficios que acarrea consigo la globalización de las comunicaciones y que
cada vez más llena el significante ‘juventud’ que ha sido el motor de cambio en
nuestra américa –y en Cuba más-.
En efecto, el roce de la necesidad con el turismo genera un efecto muy difícil de calibrar. La oposición interna se arrima de la figura de Camilo Cienfuegos para posicionarse, y en sus discursos internos son incapaces de cuestionar a Fidel. La cultura de izquierda está intensamente instalada, todo cubano o cubana entiende que el período entre la Enmienda Platt y la Revolución es uno de neocolonialismo norteamericano y nadie quiere volver allí. Gracias a la revolución bolivariana de Chávez, ahora esa estrella de solitaria dignidad comparte con Venezuela petróleo, médicos y pueblos enteros gracias a las facilidades de viajes aéreos.
De Cuba traje muchos regalos, la mayoría fueron conchitas de las playas de Varadero, las mejores del Caribe según se cuenta. Saque un par de conchas para regalar y no he dejado de pensar en su rol para con el mar. Éste al fondo tiene muchas conchas y cosas que se van degradando. Al degradarse le da al fondo marítimo una propiedad en calcio que hace posible la espuma y todo lo blanco que allí habita. Es tan así, que el retiro masivo de conchitas por efecto de la industria hace que el mar se vaya muriendo de a poco y sus peces perdiendo el color. Por eso es importante cuidar las conchitas y tenerlas en muy alta estima. Son reservas de calcio vitales para todos nosotros.
Algo similar pasa con Cuba respecto a Nuestra América, es nuestro calcio. La espuma blanca que ha florecido en los países del Alba de los pueblos, ha sido gracias al cultivo paciente de calcio tras 50 años de Revolución institucionalizada. El apoyo a la revolución es condición para participar del sistema democrático cubano basado en los Comités de Defensa de la Revolución, de allí emanan los diputados de las asambleas provinciales y nacional del poder popular.
El Estado de excepción cubano parte de la idea de que revolución es sustantiva de la nación. Sin embargo, en caso de que las relaciones internacionales se normalicen y EEUU cese con el bloqueo económico, el Estado cubano se verá presionado por adoptar medidas acorde al ideal democrático que Occidente ha fijado erróneamente como el final de la historia. La transición de relaciones internacionales no puede no tener un correlato interno si se quiere mantener el socialismo, o el imperio puede capitalizar la construcción de nuevos sujetos colectivos como ‘la juventud’ y puede amenazar seriamente el socialismo.
Chile es el único caso
contemporáneo, en América Latina y Europa, en que una dictadura haya logrado
que su constitución y legislación continuaran vigentes, durante el período
democrático post autoritario.
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