sábado, 1 de julio de 2017

¿Qué implican las candidaturas a dirigir el Frente Amplio?

Se ha planteado con frecuencia que las candidaturas a la presidencia del Frente Amplio tienen pocas diferencias entre sí; después de todo, ambas abogan por fortalecer los servicios sociales públicos, terminar con las AFP y las ISAPRE, nacionalizar el agua, defienden un Estado plurinacional que reconozca la autonomía de los pueblos originarios… Si bien tienen diferencias programáticas, éstas no comprometen el programa conjunto del conglomerado. Entonces, ¿qué justifica que existan dos candidaturas distintas? ¿Qué implica cada candidatura?

Las diferencias entre Mayol y Sánchez no son principalmente del orden de las propuestas aunque éstas existen, y son notorias, como por ejemplo la expropiación de empresas estratégicas, la relación con Bolivia, o el futuro de SOQUIMICH. En cambio, lo que las separa son distintas lecturas sobre el momento político chileno; en otras palabras, el diagnóstico sobre las condiciones objetivas y subjetivas sobre las que se trabaja, y el ánimo con el que se encaran o la capacidad de instalar agenda. Por lo tanto, el resultado de esta elección tendrá consecuencias reales en la configuración interna del Frente Amplio.

¿Por qué se escogió a Beatriz Sanchez como candidata? El comando apostó por una figura mediática, legitimada en su capacidad de expresar una visión crítica de la sociedad neoliberal. La construcción pública de la candidata se centró en su historia personal, una buena estrategia para provocar la empatía del público; “yo comparto la historia de Beatriz, cualquiera puede ser Beatriz”. Desde un inicio la candidatura se inscribió en el campo de lo “sensato” para la ideología neoliberal; rechazo a las “dictaduras comunistas” (Cuba y Venezuela) y postergación con criterio técnico de cualquier medida o propuesta que acuse la más leve ruptura (condonación deuda CAE, integración regional, entre otras). Se representa la idea de que asumir posiciones “izquierdistas” nos puede dejar fuera de la escena política, afirmando entrelineas que su candidatura es más “centrista”.

La apuesta supone que la sociedad chilena ha sido tallada en piedra con los sentidos comunes de la transición, donde la transformación es sinónimo de conflicto, y el conflicto contraproducente. Si bien la candidata ha mencionado de forma explícita la necesidad de cambios profundos, su equipo no ha querido pasar a hablar de temas que superen el debate actual, y le den perspectiva a futuro; se ha remitido a reproducir lo que ya es campo conocido dentro del debate político, ya sea desde la postura a favor o en contra (“No+AFP”, “No al lucro”). No instala agenda en el espacio público fuera de lo que el proceso de construcción programática del Frente Amplio ya ha validado, sino que se queda en la afirmación de lugares comunes de lo que ya ha dicho u hecho el movimiento social. Cuando se le insta a salir de esta zona de confort, la respuesta es que el programa está en proceso de ser construido por la ciudadanía, o que sería irresponsable referirse a temas que están actualmente en litigio (Bolivia). Se supone que la izquierda estaría asociada a la derrota, por lo que afirmar una posición conflictiva con el orden actual de cosas, nos condonaría nuevamente al fracaso.

Mayol parte desde propuestas que en el derechizado debate nacional se asocian a la izquierda histórica, pero que son propuestas de corte socialdemócrata y que, como explica el mismo candidato, hasta la derecha favoreció en su momento (como la nacionalización del cobre en 1971). Si bien la candidatura parte de la construcción programática realizada por el movimiento social y político acumulado del Frente Amplio, va más allá con propuestas programáticas que cruzan el cerco neoliberal de lo posible, enfrentándose al sentido común que Beatriz supone respetar dado que evocan peligrosos fantasmas del pasado.

Creemos en definitiva que hay un diagnóstico distinto sobre el momento político que vive la sociedad chilena representado en las dos candidaturas, una que supone la vigencia de la legitimidad del ethos transicional y otro que reconociendo la existencia de ese ethos, lo enfrenta para proyectar un ethos refundacional. La ruptura con los mecanismos de legitimación neoliberales es fundamental para un proyecto que espere salir de las elecciones presidenciales fortaleciendo su historicidad. Parece increíble pero aún cuando las instituciones neoliberales sufren la mayor de las crisis de legitimidad: parlamento, fuerzas armadas, carabineros, AFP, bancos, multitiendas, entre otras, la izquierda siga rindiendo tributo a los lugares comunes neoliberales por cultivar contraproducente idea de que transformación radical, de que izquierda, es sinónimo de fracaso.

Esta caracterización distinta del escenario subjetivo, dice relación con la visión de la política que una y otra candidatura proyectan. La candidatura de Beatriz se justifica en la necesidad de emergencia que tiene el Frente Amplio y en las posibilidades de que su persona consiga un efecto en las elecciones que nos permita posicionarnos como un actor gravitante en la política institucional nacional, la verdad, es que su candidatura adquiere verdadero sentido en el engranaje parlamentario y regional de la estrategia de cooptación institucional de las fuerzas dirigentes del Frente Amplio. Por otro lado, la candidatura de Alberto, se fundamenta en la instalación de una agenda pública y programática de lo que ha venido planteando el movimiento social, y más allá. Y sobre esto nos quisiéramos detener.
La candidatura de Alberto Mayol descansa sobre una definición de un ethos refundacional, sino que también sobre una lógica de ruptura. Responde a las verdades impuestas a fuego por el neoliberalismo con otras certezas, tan soberbias y sencillas, como lo es la verdad. La pretensión de verdad es virtud de todo proyecto que se precie de revolucionario: “no has entendido nada”, supone que la necesidad de cambio es real y palpitante, no sólo voluntades y sueños de un Chile “mejor”. Para la candidatura de Mayol la emergencia no sólo es electoral, sino programática para la prefiguración de un proyecto que con propiedad pueda mantener la representación del movimiento social. No necesitamos electores más de lo que necesitamos fuerza social organizada. Y los movimientos sociales tienen su propia agenda arraigada en un profundo sentido antineoliberal que no colabora con los lugares comunes del miedo que domina la esfera mainstream de la política institucional, cualquier concesión a la herencia de la doctrina del shock es un retroceso en la conducción estratégica de una fuerza política hacia los movimientos sociales.

En definitiva, las candidaturas se traducen en una reconfiguración de los polos del Frente Amplio en base a distintas caracterizaciones del momento político, sobretodo en lo que respecta a las condiciones subjetivas, el rol de los sectores movilizados de la sociedad y la visión de la política.



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