Estos últimos días ha sido noticia de la prensa
la construcción de un nuevo partido: Convergencia Social. Este partido ubicado
en la geografía política a la izquierda y dentro del Frente Amplio nace con el
objetivo declarado de ‘superar al neoliberalismo’ y construir un Chile distinto
al actual, pero, ¿cómo habría de hacerlo?
La construcción de una sociedad distinta a la
neoliberal es una tarea compleja, no hace falta solo anunciarla, sino que pasa
por la convocatoria de grandes mayorías sociales a luchar por sus derechos. Eso
que puede sonar súper simple es también algo bien difícil de lograr, ¿cómo convocar
una vez más a marchar? Esta nueva estructura
partidaria, tiene la gran tarea de darle coherencia y sentido a las luchas que
diversos sectores están dando. ¿Las razones de esas luchas son distintas? Sí y
no, y este nuevo partido debería hilvanar sus puntos comunes y dejar en evidencia
que la pelea, por específica y particular que sea, es en definitiva por un
proyecto de sociedad distinto.
Hay que recordar que el que mucho abarca poco
aprieta. La oligarquía en Chile está muy bien acostumbrada a dividirnos para
mantener su control, además de que el orden social instaurado en 1980, igual
que el que se instaló en 1833, está diseñado para sostener el peso de la noche del mítico Diego Portales. O, en otras
palabras, el garrote que mantiene a la
masa en reposo y la tranquilidad de los bancos. Por ello, este nuevo
partido debe ser estratégico en su disputa real y simbólica, identificando con
claridad cuáles son los flujos de capital más importante en Chile y fortaleciendo
la cultura y la moral popular. ¿El objetivo? Forzar, en algún momento, a la
casta que gobierna a sentarse para negociar términos más amables de este
régimen de explotación.
Es de público conocimiento que el actual
régimen neoliberal basa su acumulación de riquezas sobre el abaratamiento de
costos productivos o, en otras palabras, en la flexibilidad y desprotección
laboral. De ahí que el 78% de la fuerza de trabajo no se pueda organizar para
defender sus derechos. En el mismo sentido, una de las ventajas comparativas
que ofrece Chile a la inversión privada y extranjera es el agua como bien
privado, la maleabilidad de la legislación ambiental, la nula fiscalización y
la desprotección absoluta de la fuerza de trabajo. Por esas y más razones, la
lucha sindical y la disputa socio ambiental, integra a sectores que el sistema
ha sacrificado en función del crecimiento económico y por eso inaugura la
posibilidad de una sociedad distinta.
Esta carta es una invitación a volver a
instalar la discusión de qué país queremos. Lamentablemente desde la vuelta de
la democracia, pareciera que Chile carece de proyecto de sociedad y ya no se
discute. Sin embargo, hubieron hechos a principios de los 2000 que pusieron en
entredicho el conformismo con esa ‘alegría
falsa’ que instaló el modelo. Y con el batazo de ‘fin al lucro’ el 2006
Chile volvió a hablar sobre qué educación y qué país quiere. Se impugnó, desde
la calle, el modelo neoliberal y su falta de proyecto. Y se anticipó
tímidamente, la voluntad de construir democráticamente uno distinto.
Si Convergencia Social quiere conseguir
modificar el neoliberalismo debe revivir la impugnación, no solo desde la
institucionalidad, sino que sobre todo desde las mayorías sociales organizadas.

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