Para muchos y muchas militantes
de los movimientos sociales y del Frente Amplio nos sorprendió la elección de
Beatriz Sánchez como candidata de la coalición por las fuerzas dirigentes. En
un inicio, nos convencíamos de que pese a la posición que asumió cuando murió
Fidel Castro u otras tributaciones a posiciones alejadas de la izquierda su
elección se iría justificando a medida que pase el tiempo, y luego de las
primarias ya estamos en momento de hacer evaluaciones sobre ¿qué hay detrás de
esta elección de liderazgo?
En este ensayo intentaremos dilucidar
qué significa haber escogido a Beatriz como lideresa del acumulado político
social del Frente Amplio. Si bien este fue un llamado de Revolución Democrática
(RD) y Movimiento Autonomista (MA), a él se plegaron la mayoría de fuerzas
políticas del Frente Amplio, y en realidad hemos de considerarla la primera
valla de fuego de lo que se autodenominó en su minuto “polo estratégico”
(Izquierda Libertaria, Movimiento Autonomista, Nueva Democracia, Revolución
Democrática) y un hito infranqueable de reconfiguración geopolítica entre las
fuerzas anti neoliberales.
Entonces, ¿qué significa que los
partidos hegemónicos (RD y MA) hayan escogido a Beatriz Sánchez para dirigir el
F.A? El haber escogido a Beatriz Sánchez como lideresa traza una línea que diferencia
política e ideológicamente a las organizaciones que forman el F.A. En las
argumentaciones a favor de Beatriz se arguye que su perfil es preferible para
la lucha electoral y al momento de emergencia que vive el Frente Amplio dado
que se muestra: conciliadora, mediática y empática. Otros menos imaginativos,
sencillamente argumentan que Beatriz es la candidata dado que fue decisión del
partido, aunque personalmente tuvieran otras preferencias. Entre los argumentos
más concienzudos está la idea de que ella representa mejor el momento que vive
Chile, dado que nos puede dejar fuera de la escena política asumir posiciones
“izquierdistas”, afirmando entrelíneas que su candidatura es más “centrista”.
Pero ¿por qué se supone que el
rehuir del conflicto y el ser una figura mediática son atributos de dirigencia
del Frente Amplio? Adelantándose a quienes elucubrarán la diferencia entre el
momento electoral del resto de las luchas que hemos de dar, está prohibido
suponer que la candidatura presidencial es inocua para el desarrollo futuro de
nuestras fuerzas y olvidar el rol central de las agencia en la tarea de
transformar el mundo.
Se supone que Beatriz podrá
quitarnos la caratula de izquierdistas ante un público rehén de los prejuicios
que el bloque dominante ha instalado como sentidos comunes, por ello, representa
la posibilidad de ampliar la influencia del Frente Amplio ante el votante
desilusionado de la Nueva Mayoría que ve en nosotros un proyecto susceptible de
convertirse en gobierno. Esta apuesta supone la existencia de un ethos transicional en la sociedad
chilena que hay que respetar si se quiere disputar en el área electoral, tierra
extraña y enemiga. El respeto a este ethos
suele asumirse como un campo contextual incontestable para cualquiera que desee
insertarse en la realidad chilena: que rehuimos del conflicto, que no hay
recibo en las convocatorias a la clase trabajadora, que expropiación,
socialismo, capitalismo entre otras son palabras vetadas del vocabulario son
parte de los enunciados recurrentes.
A tono, las fuerzas del Frente
Amplio que escogieron a Beatriz como la carta presidencial, optaron por ella
siguiendo un cálculo electoral basado en el respeto al ethos transicional cultivado en los gobiernos concertacionistas. Ese
que posiciona en los más altos pedestales la colaboración, el consenso
fundamental por este tipo de democracia y el respeto a la institucionalidad
vigente.
Creemos que esa apuesta se
fundamenta en que se tiene por principal objetivo la emergencia política
entendida como aquella que logra aparecer en la arena de la lucha electoral con
cierto capital político creíble o susceptible de ser vencedor. Por ello la
línea estratégica de disputa electoral debe ser completa, en todos los planos,
no sólo en el presidencial sino también en el parlamentario. ¿Eso
necesariamente implica usar la técnica del camaleón? ¿Disfrazarse de oveja
siendo lobo? ¿No será en realidad al revés? ¿Nosotros somos la oveja que se
disfraza de lobo para competir en el juego de los lobos y cuándo las cifras no
nos acompañen así sin más los mismos que nos dieron el disfraz de lobos nos
señalaran como carne fácil? Más allá de las elucubraciones, es sin duda curioso
renunciar a la toma del poder antes de amenazar con lograrlo.
Tenemos claro que disputamos el
poder del Estado, sin embargo no podemos eludir las dos preguntas que le siguen
a ese ¿qué? Y son: ¿para quién disputamos? Y ¿para qué? Con ellas recién
comenzamos a delinear estrategia. La figura de Beatriz como lideresa de nuestro
acumulado, en base al cálculo electoral y las posibilidades de acumular hacia
el centro, nos invita a pensar en la eficiencia y efectividad en el marco de un
vacío de estrategias (para qué) y de
claridad del sujeto a construir (para
quién) para transitar a un Chile refundacional.
Un claro síntoma de este fenómeno
es que la candidatura de Beatriz no instala agenda en el espacio público fuera
de lo que el proceso de construcción programática del Frente Amplio ya ha
validado. Se queda en la afirmación de lugares comunes de lo que ya ha dicho u
hecho el movimiento social, inclusive como tributo a ese ethos transicional y a la verosimilitud que debe expresar en los
medios de comunicación, ya ha sacrificado demandas del movimiento social en el
altar de la tecnocracia,
el lapidario: “hay que evaluarlo con
expertos”. Un ejemplo bien claro de que las ideas políticas de su candidatura
están más bien en el ideologizado campo de posibilidades que permite la
burguesía financiera, es que al momento de equivocarse al señalar que el
gobierno de Allende era “un régimen totalitario” su justificación fue del
orden: “me adelanté a lo que ellos
querían”. La idea de que para responder al régimen debemos ponernos en
sintonía con los poderosos es de una elocuencia muy significativa para evaluar
las implicancias estratégicas de haber escogido a Beatriz como lideresa de
nuestro acumulado.
Su candidatura se ha entendido
como una vocería de lo que hasta ahora ha construido el movimiento social y no
articula esos elementos en un sentido histórico de proyecto país. Lo grave de
esto es que si el Frente Amplio no desarrolla un rol más significativo que el
de una simple vocería en la esfera pública, no estaríamos haciendo justicia al
sentido político de representar la franja organizada de un pueblo movilizado
hace más de 30 años por un cambio de modelo. Hay diagnósticos, hay
experiencias, hay propuestas acabadas en términos técnicos y lo más importante,
hay sentido histórico en nuestra lucha, y la historia no espera a nadie. Si el
Frente Amplio no se posiciona con claridad en su rol de conducción del
acumulado, apostando decididamente por aumentar su capilaridad social y
conducir políticamente la crisis de expectativas ante las posibilidades de
mejoría del modelo por desposesión que nos gobierna, bien puede que el Frente
Amplio no sea la expresión orgánica de cambio de modelo y tengamos que luchar
otro ciclo más para lograr avanzar.
Hay dos posibilidades, o la
elección de Beatriz como lideresa demuestra una renuncia a una estrategia de
toma del poder, a las claridades soberbias que aporta la izquierda sobre la
gestión de derechos sociales o sobre los juicios categóricos acerca de las
condiciones de trabajo de la gran mayoría de nuestras compatriotas… o bien
demuestra la falta de planificación de largo y mediano plazo, amparada en una
visión efectista de la política que apostó por jugársela el todo por el todo en
la actual contienda electoral. Y tengan claro que en la cancha electoral, las
reglas no las ponemos nosotros, así que perdemos de todos modos. El problema es
que perdamos y nos hagan creer que ganamos, así nos pueden desviar para donde
queramos con tal de seguir el son de los lugares comunes neoliberales.
La superación de los 300 mil
electores de las municipales en solo 21 mil, son números que nos deben llamar
la atención, si bien conseguimos emerger y sobre eso hay mucha complacencia,
aún el Frente Amplio no ha salido de los márgenes de debate y posibilidad que
imponen los poderes fácticos de la burguesía financiera. Ha prevalecido una
cultura de hacer política en lo absoluto distinta a la dominante durante la
transición. El Frente Amplio nace de las capas medias como sectores movilizados
ante la crisis de expectativas que ha generado la crisis neoliberal, pero
estamos ante una crisis orgánica del neoliberalismo internacional y criollo,
con paupérrimos niveles de aprobación y significativas muestras de descontento
popular, sí están las condiciones de ampliar nuestro espectro en función de
construir un sujeto colectivo transformador necesariamente anclado en el mundo
del trabajo. A pesar de ello, la ‘vocería’ del Frente Amplio le sigue hablando
a los sectores medios molestos por la crisis, cercándonos en los límites que
afanosamente han impuesto los poderes fácticos. Tras las elecciones primarias
salió toda la prensa derechista a señalar que el descontento con el modelo era
de una clase media emborrachada con las promesas neoliberales, quizás los
números del Frente Amplio les ayudó a sostener esa tesis respaldada por las
encuestas que manipulan a discreción.
Ante los peligros de que el
Frente Amplio no tenga capacidad de instalar agenda pública, ni que conduzca a
los movimientos y sectores populares hacia desafíos de transformación, el polo
estratégico como espacio de conducción se disolverá y se reconfigurará la
geografía política del conglomerado en función de lineamientos estratégicos con
claves en:
a)
Sujeto dirigente y sujeto a construir.
La cuestión de la procedencia
clase mediera del Frente Amplio es una carga si no es capaz el conglomerado de
asumirlo y seguir adelante. Que lo haya usado la mismísima Bachelet en contra
nuestro es reflejo de que sí es un factor importante en tanto puede condicionar
los alcances de nuestro espectro. No dejemos que eso pase, y apostemos
decididamente por aumentar nuestra capilaridad social en los sectores
populares. Para ello debemos tomar una posición clara y así podremos prefigurar
conscientemente para quién estamos haciendo política institucional para que no
sean los perfiles de nuestros dirigentes lo que lo determine.
Hay sectores en el Frente Amplio
decididos a construir un sujeto para las transformaciones de Chile, y otros,
más preocupados de los ratings mediáticos y encuestas de elecciones pasadas que
al obviar la pregunta por el sujeto, el perfil de quienes pongan enfrente será
el que se universalice.
b) Momento
político y rol de los sectores movilizados.
Otra clave es el momento político
en el que nos encontramos y las posibilidades que de éste se desprenden. En
otro escrito argumentábamos que las distintas candidaturas a primarias
presidenciales del FA (Mayol y Sanchez)
reflejaban la convivencia de dos lecturas distintas del momento político, ahora
bien, la dirigencia de Sánchez nace sobre el diagnóstico de que estamos ante
condiciones subjetivas insuficientes para un desborde de los lugares comunes
neoliberales, por ello, su apuesta es por una apertura democrática palanqueada
desde arriba por medio de la victoria electoral donde los sectores movilizados
son base social de apoyo para gestionar la apertura democrática. No se trataría
entonces de cambiar todo, sino de generar transformaciones en la gestión del
poder político para que las mayorías tengan más vehículos de manifestación. El
liderazgo de Beatriz pone en cuestión que la historicidad del FA se tributa en
los movimientos sociales de resistencia al neoliberalismo, dado que “da la otra
mejilla” cuando le preguntan por Allende.
Fuera de Revolución Democrática,
Movimiento Autonomista y demás fuerzas auxiliares, hay expresiones que sin
miedo al fracaso parten de la idea de la toma del poder para la transformación
radical de este ordenamiento político social neoliberal para volver a “demarcar
la cancha” en términos más beneficiosos para los y las trabajadoras. Ese sector
político ya ha ido agarrando forma como Polo Socialista o de Izquierda, y encuentra entre sus fuerzas a Nueva Democracia, Partido
Igualdad y movimiento SOL. Ejemplifica una
de las implicancias más superficiales de la elección de Beatriz Sánchez como
lideresa de nuestro acumulado, y es que el polo estratégico no sorteo la
primera valla que se encontró y es necesaria una nueva geografía si queremos
ser más que una anécdota electoral.