domingo, 23 de septiembre de 2018

Crecí en una familia fratricidia


Vengo de una familia conflictiva, atravesada por el fratricidio y estoy confundido. Mi padre ha golpeado a mi madre durante 17 años, mató a parte de sus propios hermanos y a quienes eran sus hijos los expulsó del hogar e incluso mantuvo enterrados a algunos en el patio mientras a la prensa le decía que habían desaparecido. Mi madre, cabizbaja y temerosa, recién ahora se está atreviendo a contar la verdad de los hechos, reclama por justicia ante lo que no cabe duda han sido crímenes horrorosos, pero mi padre tiene mucha influencia en las instituciones del país, incluso parte de su familia más cercana está ahora en el gobierno, en el poder judicial, carabineros y fuerzas armadas, ¿será que los actos de mi padre no estuvieron equivocados? ¿será que fueron necesarios? Mi madre ya no haya qué hacer. No le quedan fuerzas para seguir reclamando. Por eso escribo esta carta, para buscar justicia para mi madre. Somos varios los hijos que la apoyamos.

También tengo hermanos que le han dado la espalda, y cómo fueron cómplices en las atrocidades cometidas por mi padre, culpan a mi madre de la violencia que sufrimos como familia e incluso, llegan a decir, que es toda una invención suya para poder sacarle más dinero a través del tribunal de familia. Yo entiendo que ante situaciones traumáticas uno prefiere no ver lo evidente por lo terrible que es. Así también comprendo a mis hermanos, porque ellos fueron obligados por mi padre a efectuar esas horrendas acciones, y como tienen sus manos manchadas de sangre, no pueden aceptar que vulneraron la dignidad de otro ser humano, ¿aceptar que vulneraste la condición humana de otro, no pone tu propia condición en entredicho?

Lo que no puedo entender, es que la justicia no haya castigado aún a mi papa por sus crímenes. Finalmente, la ausencia de condena en su contra, es el argumento que siempre sacan a relucir mis hermanos y parte importante de mis sobrinos cuando en las tensas e intermitentes reuniones familiares intentan justificar lo injustificable. ¿No debiese ser la justicia nacional la que establece los parámetros de lo que es legítimo y lo que no? ¿Qué mensaje hay detrás de que mi papa no haya recibido condena alguna? ¿Puede haber más familias que vivan el mismo horror que vivió la mía?

La historia fratricida de mi familia es la historia de mi país. Ya iniciando la primavera y terminando septiembre, es fundamental detenerse a pensar sobre qué Chile estamos construyendo para nuestros hijos e hijas. El pasado está presente entre nosotros, ¿Cómo reparar la herida que no para de sangrar? Las personas incluidas en las atrocidades de la dictadura deben hablar y contar todo lo que saben, la justicia debe actuar en consecuencia y de acuerdo al derecho, para poder algún día reconciliar esta familia atravesada por una historia de aguda violencia familiar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Última publicación

Cambio o Continuidad

  A propósito de las elecciones generales del 21 de noviembre del 2021 creo pertinente establecer algunas claves para dar la disputa en esta...