Vengo de
una familia conflictiva, atravesada por el fratricidio y estoy confundido. Mi
padre ha golpeado a mi madre durante 17 años, mató a parte de sus propios
hermanos y a quienes eran sus hijos los expulsó del hogar e incluso mantuvo
enterrados a algunos en el patio mientras a la prensa le decía que habían
desaparecido. Mi madre, cabizbaja y temerosa, recién ahora se está atreviendo a
contar la verdad de los hechos, reclama por justicia ante lo que no cabe duda
han sido crímenes horrorosos, pero mi padre tiene mucha influencia en las
instituciones del país, incluso parte de su familia más cercana está ahora en
el gobierno, en el poder judicial, carabineros y fuerzas armadas, ¿será que los
actos de mi padre no estuvieron equivocados? ¿será que fueron necesarios? Mi
madre ya no haya qué hacer. No le quedan fuerzas para seguir reclamando. Por
eso escribo esta carta, para buscar justicia para mi madre. Somos varios los
hijos que la apoyamos.
También
tengo hermanos que le han dado la espalda, y cómo fueron cómplices en las
atrocidades cometidas por mi padre, culpan a mi madre de la violencia que
sufrimos como familia e incluso, llegan a decir, que es toda una invención suya
para poder sacarle más dinero a través del tribunal de familia. Yo entiendo que
ante situaciones traumáticas uno prefiere no ver lo evidente por lo terrible
que es. Así también comprendo a mis hermanos, porque ellos fueron obligados por
mi padre a efectuar esas horrendas acciones, y como tienen sus manos manchadas
de sangre, no pueden aceptar que vulneraron la dignidad de otro ser humano, ¿aceptar
que vulneraste la condición humana de otro, no pone tu propia condición en
entredicho?
Lo que no
puedo entender, es que la justicia no haya castigado aún a mi papa por sus
crímenes. Finalmente, la ausencia de condena en su contra, es el argumento que
siempre sacan a relucir mis hermanos y parte importante de mis sobrinos cuando
en las tensas e intermitentes reuniones familiares intentan justificar lo
injustificable. ¿No debiese ser la justicia nacional la que establece los
parámetros de lo que es legítimo y lo que no? ¿Qué mensaje hay detrás de que mi
papa no haya recibido condena alguna? ¿Puede haber más familias que vivan el
mismo horror que vivió la mía?
La historia
fratricida de mi familia es la historia de mi país. Ya iniciando la primavera y
terminando septiembre, es fundamental detenerse a pensar sobre qué Chile
estamos construyendo para nuestros hijos e hijas. El pasado está presente entre
nosotros, ¿Cómo reparar la herida que no para de sangrar? Las personas
incluidas en las atrocidades de la dictadura deben hablar y contar todo lo que
saben, la justicia debe actuar en consecuencia y de acuerdo al derecho, para
poder algún día reconciliar esta familia atravesada por una historia de aguda
violencia familiar.
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