Estos últimos días ha estallado la noticia
de la tremenda contaminación que sufre la costa norte de la región de
Valparaíso: Quintero y Puchuncaví. Hace ya más de 50 años se vienen movilizando
las personas del lugar en contra de las empresas contaminantes de la zona, pero
es recién ahora, luego de que se decretara alerta amarilla, luego de que las
organizaciones sociales han cortado caminos y
enfrentado autoridades, recién entonces, es que su problema se sitúa en la
agenda bajo el título de Zona de Sacrificio.
¿Cuál es el problema? Fundamentalmente que AES Gener (termoeléctrica), Fundición de Codelco, la petroquímica Oxiquim, Gasmar (combustible fosil), Enap (almacenamiento), GNL (regasificación de gas natural) están todas situadas en la bahía de Quintero, una al lado de la otra. En ese lugar no hay espacio para la vida, pero viven más de 52 mil pesonas. Y su vida debe estar dispuesta a ser sacrificada para el buen desarrollo de estas empresas, por esa razón es que se habla de la zona de Quintero y Puchuncaví como zona de sacrificio.
¿Qué lecciones podemos sacar de la macabra situación que están viviendo las personas de Quintero y Puchuncaví? Al menos cuatro puntos clave.
En una arista, la medición de la contaminación actual no es suficiente y debe mejorar al menos en dos sentidos. Primero, que haya un control de la polusión presente, no la que ya pasó. Hoy tanto en Coyhaique como en Quintero y Puchuncaví no podemos controlar porque no sabemos cuánta polución hay en el presente, solo podemos acceder a datos pasados. Segundo, que se midan todas las partículas contaminantes, las pequeñas y las grandes.
En una segunda arista, debemos preguntarnos sobre las consecuencias socioambientales que genera la energía fósil del gas, el día viernes 24 de agosto, se intoxicaron cuatro trabajadores de la empresa Gasmar, y se comprobó que la nube tóxica que cubre Quintero y Puchuncaví estaría compuesta por la presencia de isobutano, nitrobenzeno y melitilcloroformo utilizados por la empresa mencionada y Oxiquim. Ahora, que esta en boga la campaña por “gas para Aysén” es importante hacerse esa pregunta.
Una tercera arista, sería que hay que asumir políticas decididas y sostenidas para enfrentar situaciones de contaminación ambiental que se arrastran por largo tiempo. Parece obvio pero es necesario señalarlo dado que tanto en Quintero-Puchuncaví como en Coyhaique, no se toman medidas para enfrentar de manera seria la evidente y creciente contaminación que sufren sus poblaciones. El otro día desayunando con el Seremi de Salud sobre la ausencia de medidas de mitigación de la contaminación en el Plan de Descontaminación Ambiental, como, por ejemplo, parques urbanos que ayuden a filtrar la contaminación atmosférica, me respondió: “es que ya están”, refiriéndose a la Reserva Nacional del cerro Cinchao.
La cuarta arista y
la más importante, es que sin lucha no
hay solución. Todo indica que hay grupos económicos de los que el Estado
forma parte, que lucran con los ‘sacrificios’
en el amplio sentido del concepto. Si nosotros no reclamamos, no nos
organizamos y no proponemos soluciones a nuestra medida de los problemas que
sufrimos, nadie va a venir a arreglar el problema de la contaminación.
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