Ese fue el
título de la editorial del The Economist
el 11 de octubre de 2008 tras la crisis subprime. Que fue el inicio de la misma
crisis que nos golpea ahora y que tiene sus primeros indicios en la década de
los 60’s en un movimiento largo de crisis de sobreproducción de mercancías.
Marx decía que en el The Economist la
burguesía “se habla a sí misma”, ósea ahí se expresa lo que una de las
expresiones conscientes está pensando sobre su propia reproducción como clase
dominante. En dicha editorial, hace más de 10 años The Economist señala que:
“La
economía mundial está visiblemente en mal estado, pero se podría poner mucho
peor. Es hora de poner a un lado los dogmas y la política y concentrarse en las
respuestas pragmáticas. Eso significa mayor intervención estatal y cooperación
a corto plazo de las que normalmente les agradarían a los contribuyentes, los
políticos o publicaciones de libre mercado (…) la historia nos enseña que las
grandes crisis bancarias se resuelven en última instancia sirviéndoles dinero
público por porciones”.[1]
Porciones de
grandes sumas de dinero, la primera de más de un trillón de dólares, el doble
del costo para los EEUU de la guerra de Irak. En estas semanas, la Reserva
Federal de los EEUU, realizó compra de activos en las bolsas norteamericanas
por más de 700.000 millones de dólares, mientras se mantienen 34 millones de
personas sin posibilidad de obtener un seguro de cesantía. Pero si la crisis
actual es un episodio más de esta larga crisis acarreada desde los 60’s ¿a qué
se debe? Se debe a la
economía especulativa que ha sobrepasado en más de tres veces la economía real
con una diferencia de 100 trillones de dólares[2].
En esa condición, sin duda que la ‘confianza’ es lo más importante para la
economía capitalista financiera. ¿Se puede mantener la confianza en un sistema
que para mantener la tasa de ganancia y consumo deprecia el valor de uso de la
mercancía? No por nada el neoliberalismo se fundó a punta de regímenes
autoritarios a lo largo del mundo, es difícil mantener la confianza en un
sistema que te vende un producto que dura solo unos pocos meses.
¿Y qué pasa si la
confianza cae? Surgen movimientos sociales y políticos que luchan por poner la
vida por delante de la necesidad de acumulación del capital, desarrollan los
trabajos socialmente útiles en respuesta a la tercerización que estructura al
capital. Sin embargo, los poderosos responden a la pérdida de confianza
invocando al crédito de confianza del Estado para nacionalizar la bancarrota
del capital, tal como propone Juan Sutil, representante de la multigremial patronal
CPC hoy en nuestro país al plantear la nacionalización de LAN. Tal como se hizo
tras la gran depresión de 1929, el sistema capitalista para salvarse a sí mismo
distribuirá equitativamente los costos de su aventurerismo especulativo. Ya no
bastarán las clásicas medidas tomadas desde que se inició esta crisis de
movimiento largo como inyectar liquidez y flexibilizar el trabajo.
En la antesala
de un episodio más de esta larga crisis del capitalismo, la humanidad se enfrenta
al dilema de asumir entre todos los costos del capitalismo a través de un
sistema neokeynesiano o asumir el protagonismo popular en la resolución de la
crisis, poniendo el valor de uso por delante del valor de cambio y distribuir
justamente, en vez de equitativamente, los costos de la crisis.
[1]The Economist, 11 de octubre 2008, p.13
citado en István Mészáros. La crisis
estructural del capital, p. 28. 2009.


