miércoles, 15 de abril de 2020

Salvar al sistema


Ese fue el título de la editorial del The Economist el 11 de octubre de 2008 tras la crisis subprime. Que fue el inicio de la misma crisis que nos golpea ahora y que tiene sus primeros indicios en la década de los 60’s en un movimiento largo de crisis de sobreproducción de mercancías. Marx decía que en el The Economist la burguesía “se habla a sí misma”, ósea ahí se expresa lo que una de las expresiones conscientes está pensando sobre su propia reproducción como clase dominante. En dicha editorial, hace más de 10 años The Economist señala que:

“La economía mundial está visiblemente en mal estado, pero se podría poner mucho peor. Es hora de poner a un lado los dogmas y la política y concentrarse en las respuestas pragmáticas. Eso significa mayor intervención estatal y cooperación a corto plazo de las que normalmente les agradarían a los contribuyentes, los políticos o publicaciones de libre mercado (…) la historia nos enseña que las grandes crisis bancarias se resuelven en última instancia sirviéndoles dinero público por porciones”.[1]

Porciones de grandes sumas de dinero, la primera de más de un trillón de dólares, el doble del costo para los EEUU de la guerra de Irak. En estas semanas, la Reserva Federal de los EEUU, realizó compra de activos en las bolsas norteamericanas por más de 700.000 millones de dólares, mientras se mantienen 34 millones de personas sin posibilidad de obtener un seguro de cesantía. Pero si la crisis actual es un episodio más de esta larga crisis acarreada desde los 60’s ¿a qué se debe? Se debe a la economía especulativa que ha sobrepasado en más de tres veces la economía real con una diferencia de 100 trillones de dólares[2]. En esa condición, sin duda que la ‘confianza’ es lo más importante para la economía capitalista financiera. ¿Se puede mantener la confianza en un sistema que para mantener la tasa de ganancia y consumo deprecia el valor de uso de la mercancía? No por nada el neoliberalismo se fundó a punta de regímenes autoritarios a lo largo del mundo, es difícil mantener la confianza en un sistema que te vende un producto que dura solo unos pocos meses.

¿Y qué pasa si la confianza cae? Surgen movimientos sociales y políticos que luchan por poner la vida por delante de la necesidad de acumulación del capital, desarrollan los trabajos socialmente útiles en respuesta a la tercerización que estructura al capital. Sin embargo, los poderosos responden a la pérdida de confianza invocando al crédito de confianza del Estado para nacionalizar la bancarrota del capital, tal como propone Juan Sutil, representante de la multigremial patronal CPC hoy en nuestro país al plantear la nacionalización de LAN. Tal como se hizo tras la gran depresión de 1929, el sistema capitalista para salvarse a sí mismo distribuirá equitativamente los costos de su aventurerismo especulativo. Ya no bastarán las clásicas medidas tomadas desde que se inició esta crisis de movimiento largo como inyectar liquidez y flexibilizar el trabajo.

En la antesala de un episodio más de esta larga crisis del capitalismo, la humanidad se enfrenta al dilema de asumir entre todos los costos del capitalismo a través de un sistema neokeynesiano o asumir el protagonismo popular en la resolución de la crisis, poniendo el valor de uso por delante del valor de cambio y distribuir justamente, en vez de equitativamente, los costos de la crisis.



[1]The Economist, 11 de octubre 2008, p.13 citado en István Mészáros. La crisis estructural del capital, p. 28. 2009.
[2]Shii Kazuo en Japan Press Weekly, número especial, octubre 2008. Citado en Ibíd, p. 30.   


¿Para qué ha servido la derecha en la crisis sanitaria?


Ya será momento de evaluar de qué ha servido la derecha para enfrentar la actual crisis sanitaria. Sus organizaciones que durante los años 90’s nos bombardeaban con las ‘políticas de austeridad’, con privatizaciones en salud y en educación, hoy se dan vuelta la chaqueta. El FMI ha suspendido las medidas de ‘ajuste fiscal’ y recomienda que para salir de la crisis lo importante es la cobertura en salud general de la población, Ángela Merkel, prócer neoliberal de Europa y canciller desde 2005 en Alemania, ha echado mano a una gran partida presupuestaria para aumentar el gasto fiscal. El neoliberalismo como sistema e ideología para administrar la vida ha fracasado y para ser sinceros, viene fracasando hace tiempo.

Los países que han hecho frente a la crisis sanitaria de manera exitosa, han sido justamente aquellos que han avanzado de manera decidida en contra del sentido neoliberal. Los que pusieron desde el minuto uno, el resguardo de la población antes que el aseguramiento de las ganancias de los ricos. Entre aquellos países podemos distinguir dos grupos: unos, que ya llevan posiciones ganadas en sus países sobre la necesidad de un modelo distinto al capitalista como Cuba y Venezuela; y otros, como España y Argentina que recién inauguraban gobiernos progresistas cuando comenzó la crisis por el Covid-19. Estos países son los que comentaremos, ya que están más cercanos en tiempo histórico que otros que ya llevan buenos años viviendo en revolución.

En España, la crisis obligó a implementar con más fuerza y decisión el programa del gobierno progresista. El virus no discrimina clases sociales, y un sistema que intente ponerle freno, tampoco debe hacerlo. Por lo tanto, una de sus primeras medidas para enfrentar la crisis fue poner todo el sistema de salud (privado y estatal) bajo una misma administración pública, para que racionalice los recursos de la manera más efectiva posible. De facto, nacionalizaron la salud.

En Argentina, el recién electo gobierno progresista junto con medidas drásticas apenas iniciada la pandemia, decidió trabajar junto al ejército. Ya que, pese a la enemistad reciente entre el kirchnerismo y el ejército, el gobierno sabe que, ganándose al ejército, activa un mecanismo de construcción nacional popular muy importante en la vecina Argentina. Muy distinto al rol que hasta ahora ha tenido el ejército chileno, el ejército argentino ha estado fabricando mascarillas en contra de la especulación y colaborando en la construcción de hospitales en antiguos centros de tortura y exterminio.

En definitiva, el virus puede cumplir muchos roles distintos, ya que es una realidad en disputa política. Solo veremos sus resultados cuando la situación decante. Habrá quienes quieran utilizarlo para reinventar el neoliberalismo caduco y armarse de nuevas formas de control. Lo cierto, es que, desde esta trinchera, reivindicamos la idea de que el virus desnudó la insensatez ambiental y las condiciones inhumanas del sistema capitalista neoliberal. Una crisis estructural, que hace décadas el capitalismo viene pateando y reinventándose para no afrontar, pero que hoy el coronavirus no va a permitir más dilatación. Necesitamos construir patrias dignas y soberanas, hoy. Esta pandemia debe ser un aliciente para hacer del neoliberalismo la última forma que adopte el capitalismo, este virus debe ser la guinda de la torta para que digamos basta y nunca más se ponga la ganancia sobre la vida, ni el capital sobre el trabajo.


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