lunes, 30 de diciembre de 2019

Propuesta de acción revolucionaria para el ciclo corto que se avecina (2020- 2021)


I.            Introducción

Estado del conflicto y ventanas de posibilidad que se desprenden:
a)  Desborde popular de la institucionalidad entorno a la contradicción soberanía (democracia) / neoliberalismo (capitalismo).
Ø  Reformas en clave de soberanía y democracia (socialdemócratas) con protagonismo popular que vayan en dirección contraria al neoliberalismo y al capitalismo.
Ø  Testeo de las fuerzas de cambio según cómo afrontan la contradicción desnudada.
Ø  La crisis de CS y FA se explica en que prometiendo ser agrupaciones anti neoliberales y soberanistas, oxigenaron al bloque neoliberal en el poder al tributar a la doctrina del shock sobre la que se fundó la transición[1].
b)  Empate catastrófico entre las fuerzas de cambio y populares y las del régimen neoliberal.
Ø  Expresión del conflicto en una lucha electoral por el poder en el ciclo 2020 - 2021.
Ø  Reacomodo del proyecto neoliberal y anti neoliberal. Su historicidad dependerá de la unidad que logren para el ciclo corto que se abre (2020-2021).
Ø  Unidad en proyecto restauracionista de la aristocracia terrateniente rentista (derecha); unidad en proyecto neokeynesiano de la oligarquía financiera[2] (centro izquierda); unidad en proyecto socialista de la clase trabajadora, capas medias y clases populares (izquierda).
c)  Reacomodo de las fuerzas en el campo neoliberal y anti neoliberal para la constitución de los bloques históricos a conducir la próxima fase de enfrentamiento de clases.  
Ø  Posibilidad de constituir un bloque histórico anti neoliberal que dispute el poder coordinadamente (institucional y popular) y oriente las transformaciones en un sentido socialista.
Ø  Disputa de dirección del bloque entre sectores reformistas y revolucionarios. Diferencia radicada no en el programa, sino en el protagonismo popular de las transformaciones estructurales por venir.
Ø  Necesaria victoria de conducción del bloque histórico popular por parte del Partido Comunista de Chile como única expresión orgánica del pueblo que ha interpretado en clave soberana a las masas en lucha.




Tras la crisis del Estado oligárquico, se avecina una lucha por el poder donde las clases medias desplazadas del poder político y la clase trabajadora desplazada del poder económico, se pueden articular en una sola expresión orgánica para luchar por el poder en contra del proyecto restauracionista de la aristocracia terrateniente y el proyecto neokeynesiano de la oligarquía financiera.

Para habilitar la victoria electoral en el ciclo que se abre, necesitamos la más amplia articulación de las fuerzas de cambio y así corresponder a la lucha heroica del pueblo chileno por derechos sociales. Sin embargo, eso no es lo más importante por venir. Hay dos elementos indispensables para que esta necesaria articulación sea posible como proyecto de país: 1. La alianza entre movimientos sociales y partidos políticos. 2. El protagonismo popular como habilitadora del proceso de cambio radical.
Ambos elementos se testearán tras el ciclo corto 2020-2021, cuando la derecha toque las campanas de la reacción por el avance de nuestras posiciones y así anuncie el punto de bifurcación entre los sectores reformistas y revolucionarios. Ese momento histórico, a ocurrir probablemente tras la victoria electoral del bloque de poder antineoliberal, marcará la guía del proceso chileno entre reforma o revolución[1]. Por ello, es fundamental lo que se haga hoy para enfrentar esa específica situación mañana.
Es evidente que, de las expresiones orgánicas del pueblo, el Partido Comunista de Chile es el único capaz de conducir el actual momento político de refundación nacional. La alternativa populista representada por el Frente Amplio tuvo la ocasión de articular una fuerza viva que totalice la subjetividad oprimida, sin embargo, ha derivado en una conducción autonomista y liberal que poco y nada tiene para ofrecer al pueblo organizado de Chile, salvo una derrota histórica más en manos del fascismo.
Entorno a estas ideas preliminares, se detalla la siguiente propuesta para esta nueva izquierda que surge con perspectiva estratégica y comprensión del momento histórico que vivimos. Que no se pierde en la conquista cosista del poder sin ideología, sino que se esfuerza por disputar el poder real para posibilitar la soberanía de Chile en el mediano plazo.


           II. NIVEL SOCIAL: Salida popular.

a) Constituyente chica desde abril a octubre: construcción programática. 

El espectro político está absolutamente fragmentado y disociado del campo popular. El único espacio capaz de darle conducción a la movilización en un sentido transformador es la Mesa de Unidad Social. Eso no significa que sea la mesa en tanto tal la que ha de conducir la movilización, sino que las organizaciones sociales encontradas en el esfuerzo de construirla. Ya que ese esfuerzo está inspirado en la conciencia de sí de la clase trabajadora para dotarse de una herramienta orgánica.

La Mesa de Unidad Social por las naturales diferencias tácticas que ahí cohabitan, solo puede construir una alianza programática que profundice la unidad ya avanzada en un sentido de soberanía popular y anti neoliberal. En términos de subjetivación marxiana, sería un avance de la conciencia de sí a la conciencia para sí.

La unidad del campo popular entorno a un mismo programa de soberanía y antineoliberal, permitiría delimitar el campo de las fuerzas de cambio que están por transformaciones con protagonismo popular. Entorno a esa clave: el rol protagónico del pueblo, se debe ir construyendo el bloque histórico que empujará las transformaciones venideras hacia el socialismo. El bloque de poder antineoliberal desde RD al PC tendrá unidad programática, la conducción se está disputando en el cómo hacer realidad ese programa.

Para construir esa alianza programática, podemos echar mano a la historia. En 1925, en el contexto de la ruptura popular al régimen liberal parlamentario chileno (1900 – 1930), se realizó una Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales con el fin de aunar criterios programáticos del pueblo movilizado y presionar a la oligarquía para que efectivamente se realice la Asamblea Constituyente como lo había prometido el presidente Alessandri en 1924.





Grez. Asamblea Constituyente, alternativa democrática... 2015

La Constituyente Chica soberana y antineoliberal de las organizaciones sociales en lucha, dará como resultado un marco programático de lo postneoliberal a disputar en la Constituyente Nacional y durante la fase de Confrontación Democrática (2020 – 2025)[1] a la cual la clase dominante cede tímidamente. Ese marco programático ya está construido sectorialmente por cada uno de los distintos movimientos sociales constituidos, abordarlo multisectorialmente es construir puentes de equivalencia (Laclau, 2008) entre las demandas democrático populares para construir al sujeto pueblo con proyecto de gobierno refundacional de país.

Para que el esfuerzo por venir, efectivamente sea uno de refundación nacional, es importante que el cemento programático a construirse durante la Constituyente Chica consiga poner de relieve tanto las contradicciones de corta duración que se han expresado en el estallido social (nacionalización de recursos naturales y derechos sociales universales) como las contradicciones de larga duración que se han comenzado a develar en el estallido (colonialismo interno y doctrina de seguridad nacional)[2]. La realización de esa Constituyente Chica puede ser entre mayo y octubre del 2020.

El marco programático del pueblo movilizado construido tras la Constituyente Chica abrirá la pregunta sobre cómo disputar este programa. Entonces nos encontramos frente a la necesidad de construir orientaciones tácticas comunes donde participe un segmento importante de las organizaciones sociales en lucha y se aborde la articulación de la lucha institucional con la social para promover el avance del programa.

             III. NIVEL SOCIOPOLÍTICO: alianza táctica.

b) Alianza táctica político social para la superación del neoliberalismo.

Las organizaciones sociales articuladas soberanamente en un mismo programa antineoliberal, al abrir la pregunta sobre cómo disputarlo, iniciarán la construcción de una alianza programática y táctica para disputar el proceso constituyente y momento histórico de apertura democrática. Dicha alianza debe integrar a organizaciones político populares en el esfuerzo de construir poder popular y disputar la institucionalidad burguesa con protagonismo popular.

Si programáticamente las definiciones del campo popular serán en clave de soberanía postneoliberal, tácticamente las definiciones del movimiento político popular, deben ser de vehiculizar esas transformaciones con protagonismo popular. Así, nuestra praxis, resolverá la disociación entre lo institucional y lo popular, ya que para viabilizar las transformaciones institucionales se deberán fortalecer las organizaciones del pueblo, y para transformar la sociedad se deberá ir reformando la institucionalidad que lo prohíbe.

Esa alianza debe contar con un espacio orgánico, que supere la Mesa de Unidad Social. Ésta perderá vigencia una vez que la lucha de masas se exprese en una lucha entre los dos bloques de poder en el ciclo corto (2020-2021). Por ello, debería capitalizar su acumulado en una Constituyente Chica que articule las definiciones programáticas del proyecto de disputa de sociedad.

Teniendo en octubre un programa que defender, las organizaciones sociales que participaron del proceso constituyente popular, querrán disputarlo. Para eso, la articulación coherente de lo social y lo institucional entorno a una misma estrategia con el objetivo de apertura institucional, que vaya ensanchando aún más la cancha de disputa con el bloque dominante, se volverá una necesidad.

¿Cómo abrir la institucionalidad y a la vez disputar un programa antineoliberal de manera coherente? Conciliar al mundo popular con el fragmentado espectro político actual, es posible devolviendo la iniciativa al pueblo organizado. Lucharemos por una apertura democrática con protagonismo popular. El objetivo: abrir la institucionalidad a las demandas populares. El mecanismo: el rol protagónico del pueblo en las tareas de apertura de democrática, sea de disputa o construcción.

De cara a las elecciones de las y los constituyentes en octubre, debe materializarse esa alianza táctica y programática en términos orgánicos a través del nacimiento de un Congreso de los Pueblos que concilie al mundo popular organizado con el mundo político a través de la estrategia de rol protagónico popular para vehiculizar el programa postneoliberal surgido de la Constituyente Chica. Sugiero que esa estrategia común que concilie a las organizaciones sociales con las políticas en una misma forma de luchar por el programa antineoliberal, sea la participación popular en la realización de las transformaciones. Como dice [un] lema del nuevo sindicalismo: nunca más sin nosotr@s.

Las elecciones constituyentes del próximo octubre deben encontrar al bloque de poder antineoliberal lo más unido posible entorno a un mismo marco táctico programático y en lo posible, con una misma expresión orgánica que pueda controlar en términos táctico-estratégicos a sus expresiones político institucionales. Las cuáles han de estar seriamente articuladas entorno a definiciones estratégicas si no quieren poner en peligro la alianza político-popular que posibilita el proceso de cambio.

     IV. NIVEL POLÍTICO: alianza estratégica en un Movimiento Político Social Amplio. 

b)    Construcción de un nuevo Movimiento Político Social Amplio de carácter antineoliberal a través de la alianza estratégica de la izquierda.

La burguesía oligopólica dominante sufrirá una fisura política entre sus sectores más reaccionarios y una alternativa reformista que apueste por cooptar al representante político del sujeto colectivo expresado en el estallido social. A través de distintos medios, los sectores más lúcidos de la clase dominante[1] han difundido el diagnóstico de que el estallido social es la expresión de descontento de una clase media que lucha por ser incorporada en un sistema rentista de carácter aristócrata que impide su acceso a posiciones de poder.

Evidentemente esa tesis se dirige a reeditar un Estado de Compromiso de clases que, mediante cooptación de un sector de las clases medias, consiga distribuir el ingreso de manera que disminuya la desigualdad, pero sin afectar sustantivamente el modelo de desarrollo. Para una trama de esas características, el Frente Amplio como expresión política de las clases medias chilenas, sin duda que debe ser analizado como un posible aliado en la construcción de este nuevo pacto social que reedite el partido del orden (DC – PS) hacia una izquierda progresista que levante una agenda de derechos sociales universales, redistribuya el ingreso y promueva el ascenso de las clases medias descontentas. Para quienes dicen que se superó la dicotomía reforma y revolución[2], Fukuyama se equivocó y la historia continuó. Hoy tenemos enfrente la posibilidad de reforma y aquí estamos quienes creemos que la única manera de conseguir realizar –en realidad- las demandas nacional democráticas por las que venimos luchando en contra del neoliberalismo por más de 30 años, es la revolución, no la reforma.

En el mundo, las crisis del neoliberalismo se han resuelto con reforma en varios países, sin ir más lejos, el Frente Amplio uruguayo y el portugués son formulas donde la conducción político estratégica la tiene la socialdemocracia liberal de la rosa, aun habiendo sectores de clase trabajadora empujando el carro, esos procesos no alteran la correlación de fuerzas a favor de la clase trabajadora, ni el modelo de desarrollo colonial y afectan solo cosméticamente el modelo de acumulación de capital rentista de la oligarquía.

La rearticulación de una alternativa de proyecto país de orientación socialista es el desafío que tiene la izquierda por delante. En términos de relato, lo que está en disputa es el sujeto de cambio del proceso de transición del neoliberalismo a la nueva fase de desarrollo. A sabiendas que el sujeto de cambio histórico es la clase trabajadora, actualmente presenciamos la articulación de un sujeto múltiple, un pueblo precarizado complejo que ha hecho posible las transformaciones del nuevo ciclo político gracias a su organización como clase trabajadora en sectores estratégicos de la producción como la exportación y sectores dinámicos como los servicios y la construcción.

A diferencia de las clases medias, el pueblo precarizado y la clase trabajadora nunca han participado de un pacto social que gobierne el país. El proyecto portaliano de Estado, desprecia al pueblo sencillo y a la clase trabajadora. Ese proyecto ha construido nuestra república hasta ahora sobre un modelo de acumulación rentista y una oligarquía financiera que invariablemente ha mantenido su trono desde la fundación del Estado por más que de desarrollista se haya vestido el Estado en el siglo XX. Un proyecto refundacional debe posicionar al centro al pueblo marginado del modelo de desarrollo de nuestra república y anticipar la creación de un país donde quepamos todos.

No será posible trastocar las contradicciones de largo plazo (colonialismo interno, rentismo, imperialismo) si no posicionamos en este momento a los sujetos con historicidad[3], que son los capaces de conducir las transformaciones estructurales que necesitamos.

Es necesario superar las articulaciones de izquierda en clave electoral como el Frente Amplio o Unidad para el Cambio, y pensar en la creación de un referente sustentado sobre definiciones estratégicas. Que dispute unitariamente en el ciclo corto electoral, sobre todo las presidenciales (2021).

La izquierda con vocación de poder se debate entre estas dos posibilidades: reforma o revolución. Reforma socialdemócrata mediante cooptación de un sector de la clase media en el sistema económico y político elitista o revolución socialista con programa socialdemócrata mediante protagonismo popular en la apertura democrática de la república portaliana.

La izquierda que esté por transformar para siempre la república portaliana debe articularse con unidad estratégica entorno a definiciones comunes sobre el sujeto de cambio, el rol protagónico del pueblo y el horizonte socialista en construcción. Sugiero la construcción de un Movimiento II República que tenga por partido dirigente al Partido Comunista de Chile.

-Benja Min, militante comunista libertario. Aysén. 30-12-19.



[1] Desde Chicago Boys hasta Matamala de CNN han defendido esta tesis.
[2] Compañeros diputados autonomistas e intelectuales de nueva izquierda.
[3] Historicidad significa que son sujetos que tienen una cierta potencia histórica habilitada por su posición relativa a la estructura social dominante.



[1] Naturalmente la datación de esta próxima fase es un ejercicio especulativo. Durará mientras dure la apertura democrática del modelo neoliberal y estén en disputa abierta proyectos antagónicos de sociedad.
[2] García Linera detalla la Crisis del Estado oligárquico como aquel momento en que estos dos registros de contradicciones ‘de larga y corta duración’ se articulan en un mismo momento político. 2013.


[1] Por razones de espacio no se explicará aquí qué significa la dicotomía reforma o revolución que algunos parlamentarios de CS han negado en espacios de debate partidario. En resumidas cuentas, si bien no hay diferencias programáticas entre reforma o revolución en este momento dado que las demandas populares son por derechos sociales universales, la dicotomía se expresa al menos en la “destrucción del Estado burgués una vez conquistado el gobierno y el paso a un semi-Estado que socialice el poder armado y de gestión a la sociedad” (Lenin, Estado y Revolución). 


[1] Oxigeno el bloque en el poder neoliberal por negociar con él sin mediar unidad de la izquierda, ni participación popular en el proceso, por participar de un nuevo enmarcado de lo admisible en la institucionalidad sobre la exclusión de sectores de la sociedad.  

[2] Digo oligarquía financiera por ser el sector dominante y más flexible de una serie de expresiones de la burguesía.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Diseño Ejecutivo Ciclo Corto 2020-2021


I.              A nivel social:
a)  Unidad Social se proyecte como espacio representativo de las organizaciones sociales a nivel nacional y mute en una propuesta de salida popular al conflicto social en clave de soberanía popular y anti neoliberal:
-      Realización de una "Constituyente chica" previo a la constituyente nacional que tenga por objetivo la construcción de una alianza programática lo más amplia posible que organice a las organizaciones sociales y, a través de ellas, a las fuerzas de cambio.
-     Alianza social y política programática que concilie la lucha electoral y la construcción de poder popular en un mismo esfuerzo de dialogo.
II.             A nivel sociopolítico:
a)    Las organizaciones sociales y político populares con vocación de poder, que deseen construir una alianza programática y táctica para disputar el proceso constituyente deberán; 
i. Construir el programa común a través del proceso de una Constituyente Chica, una Asamblea Constituyente Popular. 
ii. Dar vida, a partir de definiciones tácticas sobre cómo impulsar el programa común de las organizaciones sociales, a un Congreso de los Pueblos que dispute las elecciones de octubre.
b)    Construcción de un nuevo Movimiento Político Social Amplio de carácter antineoliberal a través de la alianza estratégica de la izquierda del Frente Amplio (Comunes y Convergencia) y Unidad Para el Cambio que encarne el esfuerzo refundacional del pueblo: Movimiento II República, que dispute las elecciones municipales 2020 y presidenciales 2021.
III.           A nivel político:
a)    Construcción de una organización política revolucionaria (OPR) nucleada alrededor de la estrategia general de fases de enfrentamiento según correlación de fuerzas (Mao) y de principios político ideológico marxistas y libertarios que se desarrolle en clave socialista y antiimperialista.
-      Construcción de un referente político social organizado como Complejo Partidario que articule múltiples organizaciones temáticas y político sociales como un Congreso de los Pueblos.
IV.           Política electoral.
a)    A sabiendas que la resolución del empate catastrófico entre el bloque neoliberal y el antineoliberal se debe expresar en una contienda abierta por el poder (principalmente electoral) debemos trabajar por la constitución orgánica del bloque antineoliberal que existe en el país para posibilitar su lucha unitaria por el poder en octubre 2020.  
b)   La herramienta electoral que nos permite disputar el proceso constituyente no es lo fundamental, sino el contenido y la unidad del bloque anti neoliberal para brindar la contienda. 
c)   En ese sentido, hay que procurar construir el núcleo duro que direccione el contenido en un sentido populista (rol protagónico del pueblo) y clasista (fortalecimiento de la clase trabajadora).
d)   Para la unidad, es central que desde el Frente Amplio entendamos el desafío histórico que tenemos enfrente y construir un espacio unitario con Unidad para el Cambio que supere la disociación entre la política institucional y popular.

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Peligros frente al momento populista

💭 El grave peligro al que se enfrenta el momento populista al que asistimos es que el cambio de régimen que se avecina no dispute los intereses de la oligarquía chilena. Eso ocurre si las reformas socialdemócratas que exige el pueblo, no consideran para su realización la participación directa popular.
🌹 La tarea para las y los revolucionarios debe ser empujar el bloque antineoliberal (FA - UPC) hacia posiciones que considere el protagonismo popular como condición de las transformaciones que efectivamente logren vaciar el centro político.
🎨 Las herramientas para esa tarea son variadas, pero es fundamental la creación de un nuevo Movimiento Político Social Amplio que el 2021 dispute el gobierno nacional con unidad programática de los sectores reformistas y revolucionarios; y que desarrolle el rol protagónico del pueblo.

jueves, 5 de diciembre de 2019

La Constituyente Soberana


I. Preludio y fundamentación.

Hace un tiempo una minuta de Izquierda Libertaria (elaborada en septiembre-19) mencionaba la importancia de la construcción de un polo de articulación entorno a la demanda de Asamblea Constituyente:

“Estimamos que el cuadro general ofrece un espacio para construir una alternativa política de mayor envergadura en el arco de la izquierda progresista que involucre al Frente Amplio y Unidad Para el Cambio, sin embargo, resultan evidentes las deficiencias del FA asociados a la falta de un diseño estratégico de mediano-largo plazo y por tanto a sus indefiniciones desde el punto de vista de las alianzas y la proyección del conglomerado”

Con el gobierno nos encontramos ante un empate catastrófico que solo se puede resolver a través de la disputa del poder entre dos bloques históricos, uno antineoliberal y otro neoliberal. La derecha y el partido del orden heredado de la larga noche deben pagar el costo político de detener la historia 30 años y propiciar el estallido social del modelo criminal de la dictadura, un modelo narcotraficante, violador de los derechos humanos y usurpador nuestra soberanía popular. El sistema privatizador ha vendido hasta a la izquierda y priva a los pobres y oprimidos de la referencia política necesaria para lograr transformar el neoliberalismo. Es muy astuto como sistema político, también el capitalismo.

La unidad de la izquierda antineoliberal en esta vuelta es fundamental. Es necesario armar un referente político antineoliberal que pueda cabalgar las transformación en esa clave y en el respeto y promoción de la soberanía popular en todos los ámbitos de la vida nacional. Ya Chile no puede ser sinómico de sin el pueblo, sino que de mancomunión social en pos de su desarrollo y prosperidad. Por la razón o la fuerza debe decir por la razón para no ocupar la fuerza. El nivel de descrédito de la clase dominante es estratosférico y no acometer en contra de sus intereses para así lograr nivelar la cancha realmente es un crimen histórico que debe ser condenado por todas las personas de sensibilidad progresista y crítica. No podemos seguir sometidos al estrés permanente del golpe de Estado, sencillamente resistimos el miedo como costumbre y preferimos la dignidad. Para construir ese polo por la Asamblea Constituyente necesitamos reunir y convocar a toda la militancia y personas que adscriben a una Asamblea Constituyente que pone fin de una buena vez al sistema heredado por la dictadura militar. Ojo que ese polo ya esta naciendo y se ha articulado en la dinámica de la lucha de clases que ha reunido en los espacios sociales de dirección de la lucha de masas (MUS) a nuestra militancia por una vida buena. Hoy hay dos grandes conglomeraciones que se sitúan desde esa vereda antineoliberal y antiimperialista de personas hastiadas de vivir en el neoliberalismo –el Frente Amplio y Unidad para el Cambio- y que entorno a la pregunta y desafío ¿cómo lograr que esta Nueva Constitución no sea gatopardismo? Debemos dialogar para responder a la pregunta y al desafío.
Es muy importante para quienes ven hacia el centro del espectro político actual como un espacio político, recordarles que: a) américa latina tiene por dilema socialismo o fascismo; b) el centro está vacío y seguirá vaciándose, no sirve tirar salvavidas para allá; c) las transformaciones estructurales solo la haran los Narodniki en Chile. ¿Quiénes eran los naridniki? Los primeros populistas rusos que estipulaban que de una estructura agraria se podía saltar al socialismo con el protagonismo popular. Nuestra burguesía nacional y los partidos políticos que la defiende no tienen nada que ofrecer al proceso de alternativa al capitalismo salvo militancia de base en circunstancias de tacticismos muy específicos se puedan sumar a un proyecto de transformación social radical. El momento populista no pasa dos veces. Y no aprovecharlo es un error porque la historia sigue corriendo igual de fuerte si la corriente es global, no nacional. Da igual quedar bien con las lagunas que creen ser independientes del río. Cuando estalla la lluvia popular, todas las aguas se mezclan y corren al mismo sentido. En nuestro caso hacia un sentido muy previsible: el fascismo. Esa es nuestra principal ventaja estratégica, saber la última carta de nuestro enemigo ya que ve en el concierto internacional y porque es la formula de la oligarquía[1] ante las crisis orgánicas del sistema capitalista. Por eso es tan injusto cuando se intenta poner en equivalencia la política popular y la burguesa, lo que ellos llaman política para nosotros es lucha de clases. La democracia burguesa trata de convencernos de una formal equivalencia, pero todas las personas que vivimos la lucha de clases, sabemos que es una equivalencia mentirosa. En el juego democrático burgués la oligarquía tiene todas las de ganar y la clase trabajadora todo que perder. Por eso es tan importante para los de arriba quitaros como clase de la representación política través de la traición de sectores social demócratas que antes clamaban democracia y hoy son celosos del neo liberalismo en su expresión más autoritaria.

El centro esta vacío. No tengamos miedo, tenemos que organizarnos lo suficiente para construir el espacio de las transformaciones nacionales en una sincera postura política, sin amagues ni nuevas organizaciones políticas. La unidad es fundamental, pero bien sabemos como la unidad es recurso del engaño y de la persecución del poder. La unidad debe ser programática y abierta, desde una clara vereda anti neoliberal y por la soberanía. El poder corrompe y por eso depender de líderes sin un mandato popular es peligroso. Hay que construir el programa y el referente que nos ha de representar en el proceso constituyente de la más amplia validación y empuje humano posible. ¡Y se nos abre por delante un ancho camino! Tenemos compañeros de clase que construyen en los humanistas hace muchos años, a, los cada día menos compañeros autonomistas, a los compañeros del Partido Comunista de Chile que hasta ahora, han demostrado una consecuencia política, que en la situación en la que se encuentra la nueva izquierda, no queda más que aplaudir.
Al militar en una clase social más que en un partido, hay que entender que los esfuerzos orgánicos son herramientas de tiempos acotados. Y Convergencia Social es una herramienta electoral que será necesaria legalizar para sostener la base social para las diputaciones que de facto han controlado políticamente el partido, no se le puede pedir más. Es evidente que Convergencia Social - Chile no es un espacio de reunión estratégica, y quizás programática, sino más bien de posicionamiento del quehacer parlamentario. Eso no quita que en múltiples regiones se han construido redes cómplices en pos de cambiar nuestra realidad, ahí, deben sumarse a la tarea de una conversación estratégica e ideológica para construir el relato nacional que ha de refundar nuestra nación.

Y es que esa es la tarea común de las y los revolucionarios. Construir a partir de la negación de la dominación actual más sentida: el neoliberalismo, las bases ideológicas de Chile durante el siglo XXI abierto como historia en disputa ante nuestros ojos a través de un congreso estratégico de la izquierda de intención revolucionaria. Al hacernos negar el socialismo del siglo XXI están negándonos la posibilidad del tiempo distinto al neoliberal. Tenemos frente nuestro la posibilidad de dialogar sobre modelos de sociedad, y construir desde lo anti neoliberal el programa que se debe disputar en el proceso constituyente.

En definitiva el llamado es a construir el Movimiento Político Social Amplio que debe conducir la pelea en contra del bloque dominante. Que hasta no ha hecho más que jabonarse en la crisis del Frente Amplio para escapar de la debacle. De este lado de la historia, nosotros estamos aprendiendo, podemos cometer errores, pero debemos continuar unidos. El pueblo unido jamás será vencido, luego de tanta dolorosa derrota se ha grabado en el pueblo como un lema. A partir de un esfuerzo concreto: la realización de una Constituyente Chica, debemos unificar y dotar de contenido al bloque social antineoliberal. Así como se hizo en 1924 durante la Asamblea de Obreros e Intelectuales. Justamente para construir un horizonte programático común que permita al pueblo enfrentar junto el proceso constituyente nacional una vez retornado Arturo Alessandri de su autoexilio a Francia. Delegados de la Asamblea obrera fueron a dejarle al presidente los principios constitucionales desarrollados, y éste lejos de tomarlos en cuenta, convocó a una Comisión Constituyente que elaboro la nueva contitución que luego fue plebiscitada en un contexto de alta abstención electoral y fuerte represión.

Unidad para el Cambio y el Frente Amplio deben conducir juntos el proceso constituyente de cara a una gran coalición antineoliberal. Ese espacio se debe construir de cara a lo social, no estamos en momentos de refugiarnos en pequeñas orgánicas y elucubrar, sino que estamos en un momento que demanda acción ágil y efectiva. Por ello se deben concretar reuniones plenarias entre UPC y FA en los territorios para proyectar el trabajo de las distintas Mesas de Unidad Social que existen de cara a la elaboración de un programa común de todas las organizaciones sociales articuladas en las Mesas de Unidad Social y que estudien, entre otras posibilidades, la vehiculización de una Constituyente Chica en los territorios. Este sería un espacio de conversación en clave socialista y antiimperialista que buscaría superar las deficiencias políticas del Frente Amplio.

En la gran mayoría del país, ese espacio permitiría el fortalecimiento y potenciación de Unidad Social. Dado que tendría una gran coalición de militancia socialista y anti imperialista empujando una salida programática en clave antineoliberal que reafirme la soberanía popular como principal bandera del pueblo organizado de Chile. Ojala que todas las mesas de Unidad Social tengan el tiempo de convocar y realizar Asambleas Constituyentes Comunales para definir el programa a disputarle a la derecha en la nueva Constitución de nuestro querido país.

La derecha está tratando de desarmar el espacio del bloque de poder antineoliberal y de izquierda. Desde que soprepasamos su poder el 12 de noviembre entramos a una fase de reacomodo de los bloques de poder, en esa pelea por redefinir las normas del conflicto la derecha ha intentado desarmar nuestras demandas posicionando en la agenda el problema de la violencia popular y la delincuencia como última defensa, y nuestro sector como Frente Amplio ha sido incapaz de brindar una alternativa política en clave de ruptura democrática en el proceso constituyente que recién comienza.


II. Propuesta de salida popular al conflicto.
Cómo la resolución del conflicto es solamente posible mediante la disputa abierta por el poder entre estos dos bloques históricos (neoliberal y antineoliberal); el antineoliberal se puede constituir como un bloque que dispute el proyecto país. Es nuestra tarea constituir ese sujeto colectivo que empuje el programa del pueblo durante el proceso constituyente. No nos puede pasar por encima la oportunidad de enfrentar proyectos de país con una derecha política y económicamente destrozada.
Para impulsar una salida que permita acumular poder y aprendizajes políticos para el mismo pueblo debemos construir una articulación programática antineoliberal. A través de la discusión abierta y popular constituyente. Sería la aplicación de distintos níveles de Constituyente Chica según acomode a cada territorio. Una iniciativa de ese tipo requiere de una alianza programática entre UPC y FA para guiar el proceso según una orientación socialista y antiimperialista. Desde ese espacio programático antineoliberal fortalecido, disputaremos de manera unitaria el proceso constituyente que ya comenzó. Por eso esta alianza programática entre Unidad para el Cambio y Frente Amplio debe trascender lo político y volcarse en lo político social a través de encuentros abiertos y masivos entre estos dos conglomerados. Y así construir a través de Unidad Social, con democracia radical, la dirección político programática del bloque histórico para la presente disputa entre democracia y neoliberalismo.
GREZ, SERGIO. Asamblea Constituyente, alternativa democrática para cambiar Chile. 2015.   

La Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales (1925) se organizó de la manera como las organizaciones sociales de ese momento reclamaban que fuese la Asamblea Constituyente Nacional: con base gremial según la representación de cada sector de la sociedad. Ellos hablaban de una ‘Constituyente gremial’.
Este fue un esfuerzo mancomunado del Partido Comunista de Chile, demócratas, anarquistas y radicales, que luego de graves discusiones sobre el país que querían construir, redactaron principios constitucionales de clara inspiración socialista libertaria. Los que pretendían ser presentados como insumos en la Asamblea Constituyente Nacional.
Finalmente, Alessandri traiciono el compromiso, realizó una comisión chica, no soberana y reprimió duramente a los sectores rupturistas con la ayuda de la alta oficialidad del ejército.


III. Propuesta de salida para la izquierda de intención revolucionaria.
Como la contradicción de período entre soberanía (democracia) y neoliberalismo se nos presenta desnuda, es posible que el neoliberalismo gane y se acabe la democracia y la soberanía. Igualmente si gana la democracia, es posible que pierda el neoliberalismo. Para ambos escenarios debemos estar preparados.
Un eventual triunfo del neoliberalismo significaría la más cruda represión que veríamos en muchísimo tiempo. Lo peor que se podría estar haciendo es justamente lo que la izquierda está haciendo: abriendo hasta lo bochornoso nuestra casa al enemigo. Con el juego al centro del bloque en el poder y sectores reformistas del Frente Amplio, la clase dominante pudo abrir el campo para separar el trigo de la paja dentro del potencial bloque histórico por un Chile antineoliberal e identificar a los sectores más intransigentes de los que están por una política ‘responsable’.

El proceso de cambio recién empezó e imaginense que aún perdiendo y con mil exabruptos encima, el enemigo consigue posicionar y ganar su agenda legislativa. En cualquier momento la historia puede retroceder. Es necesaria la construcción de un trazado táctico estratégico común de mediano y largo plazo para la clase trabajadora. El espacio para esa elaboración debe nacer de quienes estamos en Chile por un horizonte socialista y antiimperialista, donde toda la izquierda pueda participar. Y desde ese espacio convocar a un nuevo espacio que supere a FA y UPC. Por eso es que la alianza entre FA y UPC como espacios sociopolíticos es tan importante, para desaparecer y disolverse en algo más grande que haga suyo un programa antineoliberal construido desde una óptica socialista y antiimperialista. Un Movimiento Político Social Amplio que dispute el proceso constituyente tanto por arriba como por abajo.

Eso significa que las organizaciones partidarias de sustento estratégico e ideológico deben poder trascender a la articulación política y social, y tener un funcionamiento tendiente al dialogo abierto, fluido y fraterno de las izquierdas para la construcción de una vanguardia compartida de anclaje programático. Desde UPC está el Partido Comunista de Chile como organización que debe trascender el momento y desde el FA es necesario que se articule con claridad una articulación partidaria de real sustento estratégico e ideológico.

Izquierda Libertaria articulada entorno a su Línea Política General debe proponer al resto de las organizaciones y personas que compartan esas definiciones construir juntos una organización política revolucionaria que tenga por principios al menos los siguientes:
a) la centralidad de la clase trabajadora durante el proceso de cambio de acuerdo una matriz analítica que considere el desarrollo de la lucha de clases;
b) la unidad estratégica general y de período[1] de la franja revolucionaria del pueblo como necesaria en la disputa del poder a la clase dominante;
c) la necesidad de la construcción de una ideología propia de liberación (pluri)nacional que considere al imperialismo como primer enemigo a derrotar.



IV. Diseño resumido
I.              A nivel social:
a)    Unidad Social se proyecte como espacio representativo de las organizaciones sociales a nivel nacional y que articule una salida popular al conflicto social en clave de soberanía popular:
-      Realización de una Constituyente chica previo a la constituyente nacional.
II.             A nivel sociopolítico:
a)    UPC y FA se han de fundir en un polo constituyente de carácter antineoliberal que supere ambos conglomerados y que dispute el proceso constituyente empujando la constituyente chica en todos los territorios.
b)    Construcción de un nuevo movimiento político social amplio de carácter antineoliberal y basificado.
c)     Articulación de un Polo Antiimperialista y Socialista dentro de Unidad Social.
III.           A nivel político:
a)    Construcción de una organización política revolucionaria nucleada alrededor de las definiciones de Izquierda Libertaria, pero que la supere, cuya tarea sea diseñar un nuevo trazado táctico estratégico para el ciclo que se abre en clave socialista y antiimperialista.
-      Construcción de un referente político social organizado como Complejo Partidario que articule múltiples organizaciones temáticas y político sociales.
IV.           Política electoral.
a)    A sabiendas que la resolución del empate catastrófico entre el bloque neoliberal y el antineoliberal se debe expresar en una contienda abierta por el poder (eso depende de nosotros) debemos trabajar por la constitución orgánica de ese bloque antineoliberal en la orientación de transformación socialista y antiimperialista que permite ir dibujando la ventana histórica que nos abre el cambio de período.
b)     Da un poco lo mismo si la herramienta es Convergencia Social u otra, lo importante es caminar hacia la construcción de ese Movimiento Político Social Amplio entre UPC y FA con una clara impronta antiimperialista y socialista.



[1] Documento que se refiere a esos elementos son nuestras Línea Política General y Estrategia de Período (fase de confrontación democrática). 




[1] Teotonio Dos Santos. Socialismo o Fascismo, dilema latinoamericano.

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