En este momento de derechización de nuestra américa latina,
cabe preguntarse y hacerse cargo ¿qué hemos de hacer en Chile para vencer?
¿Cómo podemos ganarle a las alternativas de multimillonarios restauradores del
modelo neoliberal? Nuestro país moderno, pero sin serlo. Donde las armas las
tienen compradas los asesinos de ayer, y que se posicionan amenazantes cuando
quieren. ¿Cómo olvidar a Piñera mermando la credibilidad del sistema electoral
que poco después le dio la victoria?
Somos pocos y nacimos hace menos, nuestras organizaciones
son jóvenes, el desafío es grande ¿qué duda cabe? Claramente, el dicho de
Gramsci se hace más presente que nunca. Sin embargo, estamos rodeados de
vanguardias socialistas que han llegado al gobierno para reemplazar el
neoliberalismo y brillan como estrellas, ¡ahí sigue Venezuela resistiendo un
embargo solo comparable con el cubano! ¡La pujante macroeconomía de Bolivia
solo comparable con la China! ¡Ecuador modernizado y con políticas redistributivas!
Vivimos un momento histórico que nos delega la tarea de reemplazar el
neoliberalismo por una alternativa, efectivamente podríamos ser gobierno el
2022, pero jamás obtendríamos el poder en tan poco tiempo.
Otra enseñanza de Chávez: para construir el socialismo
necesitamos tiempo. ¿Cómo ganamos tiempo frente a una oligarquía tan obcecada
como la chilena? Necesitamos nuestra propia NEP. Nuestra fortaleza es que a ellos no les importa el desarrollo de
nuestro país. Pero tenemos una debilidad: el ruido excesivo sin producto
concreto. ¿Y cómo obtener lo necesario para dar de comer? ¿Para redistribuir la
riqueza acumulada en pocas manos que además no son las nuestras? El problema es
sencillo, podremos asumir el control de la superestructura pero la base de la
sociedad, su infraestructura, seguirá siendo del enemigo. Y no sólo la relación
en la pega, sino que el sentido común de todas y todos, seguirá siendo uno
neoliberal. Cada persona seguirá siendo un islote presa del mercado financiero.
Presa, en última instancia, de los designios de nuestra aristocracia retail financiera.
La nuestra es una lucha que se compone de muchas guerras. La
primera de ellas, es la guerra de las ideas. Y la primera batalla hemos de
darla en el plano moral. Para cambiar como las personas se apropian del mundo y
nos atrevamos a mirar al que esta al lado, para que valoremos los derechos
políticos de vivir en sociedad (aló abstención superior al 50% el 17D). Solo
así tendrá sentido un proyecto político de construcción de socialismo y tendremos
la cancha para jugárnosla por ganar la hegemonía en el plano de las ideas,
Venezuela ya está ahí. Pero aquí la clase política de la aristocracia (“el
duopolio”) ya reconfiguro su proyecto de neoliberalismo maduro, con muchos
subsidios a los consorcios privados y gobiernos corporativos en lo social. ¿Es
eso un avance? Bueno sin duda que es agradable saber que con Piñera no se va a
acabar de plano la gratuidad, pero el problema es que va a seguir instalado que
es barsa que los ricos no paguen pudiendo pagar su educación. Y es útil
resaltar que el programa de Piñera y Guillier eran similares.
¡El sentido común de derecha profita de la desigualdad para
sostener el neoliberalismo! Es alucinante cómo logran cooptar las demandas
sociales sin ceder ni un ápice en su proyecto de sociedad. Y se volvió
hegemónico una consigna que tan solo el 2011 era exclusiva de pequeños grupos
trotkistas. Ciertamente con la Nueva Mayoría en el gobierno los ricos seguirían
acumulando por nuestra desposesión diciendo que combaten la desigualdad. Entonces,
¿por qué le hicieron la campaña del terror a Guillier? ¿Por qué después de la
primera vuelta todos los fondos de los bancos, donde se debaten el 90% de
nuestros ahorros, cayeron en sus índices? Guillier era una amenaza porque nos
daba a nosotros la posibilidad de avanzar en la deconstrucción del sentido
común agresivo y miedoso que nos domina. La tesis de agudizar contradicciones
con Piñera serviría si nos fuéramos a tomar el palacio de Invierno y no
tuviéramos enfrente una aristocracia acostumbrada al garrote y sin ninguna
vergüenza de usarlo.
Necesitamos de una esperanza movilizadora, que consiga
hacernos creer que una moral distinta a la actual es posible (la decencia, lo normal). La derecha ya anda diciendo que la retroexcavadora se la
llevo la Nueva Mayoría y que Piñera es un progresista, los guiños de la DC y la
ronda de ministros en su casa acusan que tiene toda la intención de ser un
gobierno de continuidad. Seguirá profundizando lo realizado por Bachellet, solo
que con una mirada liberal. ¿Cómo en
ese escenario podremos avanzar en nuestras posiciones? ¿Asumiendo que todo el
plano político se va a articular para que a nosotros nos vaya mal? Teniendo de
nuestro lado a compañeras y compañeros de la Nueva Mayoría con ánimo de construir
tejido social, nuestra labor revolucionaria debe ser unir a la izquierda con un
liderazgo sólido en clave moral, de lo que significa trabajar día a día por el
desarrollo de nuestro país, para que coma más pescado y pueda vender cobre
refinado, para que valoremos a nuestros técnicos y tengamos un plan de manejo
de las aguas de nuestros fiordos. Sencillamente porque en este país están las
personas que amamos, ya que materialmente necesitamos una de la otra para
realizarnos. Las nuestras no son otras que las de la Revolución Francesa. Y es
que realmente nuestra gran guerra sigue siendo moderna.
Digamos que la prensa no nos mata antes de tiempo y
efectivamente logramos posicionar esperanza de que somos otro legítimo y baja
notablemente la abstención. Ganamos. Bueno, ¿y ahora qué? ¿Cómo equilibrar la
balanza para terminar período? Si tenemos el gobierno pero en contra el poder.
Entonces es que implementamos nuestra NEP, y nos abocamos a desangrar en orden a
los de arriba. Reforma al ejército entrando desde educación es claramente lo
primero en la lista de lo que ya hay algo avanzado, es insostenible que haya
una separación entre la vida civil y militar tan abismal, jubilan y tienen
salud distinta, ¿y son los compatriotas más comprometidos? En general crear
políticas radicalmente democratizantes. Lo primero en lista entonces es
empoderar a los trabajadores de su derecho de asociación para mejorar el país.
Porque en el trabajo para el desarrollo está el futuro de Chile, no en el
trabajo para el lucro fácil y obsceno. Hacer de cada trabajo una misión de
desarrollo social, de sentido colectivo, convencer que el toyotismo es
beneficioso para el capitalista será obra de su creencia en una forma de
relacionarse diferente, más humilde, menos patronal, menos patrón de fundo.
Y eso nos lleva a otra de las arterias de la aristocracia tradicional chilena que es menester cortar: el régimen de propiedad de la tierra. Suena a izquierda clásica, lo sé. Pero pucha, Santiago no es Chile. A los Edwards, Matte, Walker, Luchsinger, Larraín los vamos a tener en contra sí o sí. Seamos sinceros, con el extractivismo no vamos a poder acabar hasta que como latino américa seamos un bloque económico con posibilidades multilaterales reales, tal y como lo hacen normalmente las economías de países pequeños. El imperialismo nos tiene amarrados y mientras el flujo de acumulación de nuestros capitalistas sea en asociación con los del norte va a ser imposible soltarse. Pero lo que sí podemos cortar son los sostenes del pacto social de 'garrote fácil', la aristocracia tradicional chilena, patrona de fundo, pecho de paloma que está acostumbrada desde siempre a la más descarada impunidad, estilo 'caso larraín'. Ellos han de ser nuestros primeros ellos, la improductiva y monopolizadora aristocracia decimonónica de ascendencia vasca e inglesa. Esa emparentada con el poder político, síntoma de su decadencia como sector dominante dentro de las clases altas.
Al restarles infraestructura y patrimonio, no atentas con los flujos principales de acumulación capitalista a la vez que les quitas poder real al sector más reaccionario de los de arriba, y gracias a la enajenación que se le haga a este sector se pueden viabilizar modelos de desarrollo productivo locales que aporten al desarrollo comunitario a través de: a) autonomía indígena, b) soberanía alimentaria. Entre otros. :)
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