miércoles, 13 de septiembre de 2017

¿Qué pasó con el Che Doctor?

Mañana se supone que salgo de acá.

De este hospital que ha cometido hartos errores contra mi pulmoncito. Ahora siento como se expande de a poquito. Me sigue doliendo el dorsal de la espalda al estar acostado y al agacharme para escupir la espuma de la pasta de dientes.

Me siento muy agradecido del tiempo muerto, de la oportunidad de reencontrar la tristeza y poner a prueba la necesaria confianza en las gentes cuando uno se siente preso del sistema. En ser busquilla empedernido de la sonrisa cómplice, superar la escucha por sobre el hombro abriéndose camino por los complejos tejidos de las relaciones atravesadas por el dinero.

Me siento profundamente enamorado de mis compañeros y compañeras, gentes de tremenda calidad que los generosos azares han puesto en mi vida. Vida que me la he jugado toda por nada y que bien ya se podría haber acabado como las de tantas y las de tantos. Gentes que son de varias partes, nuestros lazos perviven porque creemos en los imposibles y vivimos para luchar por ellos.

Las delegaciones de las responsabilidades en estructuras ajenas aliena nuestro poder. No es mi interés reproducir esa enfermedad de nuestra sociedad que ampara al conformismo y la mediocridad, pero si puedo decir que siento mis órganos interiores adoloridos por tanta intervención que le han hecho. Señoras y señores, por tanto procedimiento desconocido y silencio ante las preguntas. La sin razón de las esperas y la paciencia inquebrantable que debemos tener en espera de cobardes doctores indolentes que ni siquiera cumplen todo el horario por el que son pagados con dineros públicos. En cambio dejan a un practicante a cargo de 30 pacientes. Por ello asumo la responsabilidad que me corresponde en mi propio cuidado y sanación. Lo sabía de antes igual pero sobretodo en el hospital cada uno es su propio médico. Ha sido esta enmaraña de salud pública clasista la responsable de los tiempos fuera del disfrute de mis queridos y queridas. De serias negligencias como la entrada de aire a mi pulmón desde fuera, la mala instalación de una trampa de agua y la peor desicion de mantenerla dos días sin funcionar. Es necesario abolir la estructura colonial que permite que la casta médica no tenga ningún control por parte la sociedad, necesitamos más médicos y mejores, comprometidos con la misión social de sanar el cuerpo de nuestra sociedad más que con la acumulación de dinero. Ser profe también es un trabajo básico para la reproducción social y reviste la misma misión de servicio y vocación.

Entonces ¿por qué no se nos permite la rabia en contra de las injusticias? ¿Cómo se justifica que la resignación sea un valor? En una sociedad en la que el conocimiento se supone concentrado, la autoridad legítima validada por filtros de clase -edad y raza- no admite indignación ni respuesta. Es simplemente tiránica y unilateral. La moralina del esclavo nos educa para ser obedientes en aceptarla, saber que nada es nuestro, ni siquiera el cuerpo porque solo es el recipiente en que habita el alma. Hay que agradecer lo que venga y poner la otra mejilla. En mi opinión esa es una forma religiosa de sostener la desigualdad social. Hacía tiempo que no sentía chocar al hueso con estos enclaves ideológicos del sistema capitalista de forma tan aguda. En educación puede pasar lo mismo, pero es la claridad de la misión social docente la que invita a la subversión para la formación de sujeto. Jamás conformarse, siempre estar dispuesto a cuestionar y cuestionarse.

A la falta de misión social de los trabajadores de la salud (sobretodo los médicos) se suma la estructura de clase colonial (de ricos /médicos improductivos y pobres/ pacientes sumisos) y se sostiene sobre el esqueleto de la complacencia de los de abajo.

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