martes, 8 de octubre de 2019

Ecuador la historia que se repite


En Ecuador se están viviendo las consecuencias de la aplicación por parte del presidente Lenin Moreno de reformas económicas que han hecho subir de precio el combustible en un 122% y con ello los servicios básicos. Lo curioso es que estas políticas de ajuste recomendadas por el Fondo Monetario Internacional habían sido aplicadas anteriormente en Ecuador durante el gobierno de Lucio Gutiérrez, que igual que Lenin Moreno, había sido electo por una plataforma de izquierdas e indígenas que paradójicamente lo derrocó tras tres años de gobierno en un movimiento civil conocido como la Rebelión de los Forajidos en el 2005.

Lo que está ocurriendo hoy en Ecuador es historia conocida. El paro nacional convocado por el sector transportista, se ha extendido al resto de la ciudadanía y sumado a los pueblos indígenas cuya participación dinamiza enormemente el movimiento dada su capacidad organizativa. ¿Cómo responderá el gobierno de Lenin Moreno al jaque del movimiento social? El sentido común augura que pese a las conferencias en las que ha señalado una postura dura de ‘no retroceder’, posiblemente entregará concesiones al movimiento social ecuatoriano. La bancada de Revolución Ciudadana de ese país, ya solicitó la anticipación de las elecciones presidenciales y parlamentarias ante lo que reconocen como un movimiento destituyente.

Las formulas neoliberales se han aplicado en Ecuador contraviniendo los acuerdos políticos con los que los gobiernos de Lenin Moreno y Lucio Gutiérrez salieron electos. Ambos viraron inconsultamente su política de alianzas desde los pueblos indígenas y las izquierdas hacia el Partido Social Cristiano. Sus políticas de austeridad fiscal, de reducción del gasto social y de flexibilización laboral han sido aplicadas tras generar expectativas en la ciudadanía en un sentido absolutamente contrario. Los votantes de Lenin esperaban más seguridad social, más gasto fiscal y mejores empleos. Eso explica la especificidad de la resistencia social al paquetazo neoliberal del FMI en Ecuador anunciado el 01 de octubre de este año.

Resultado de imagen para ecuadorAnte el descontento generalizado, el 03 de octubre Lenin Moreno aplicó un Estado de Excepción para evitar que las protestas desborden la institucionalidad. Una medida extrema, justificada solo por la amenaza a la seguridad interna del Estado, que suspende las garantías constitucionales, permite el uso sin límite de la fuerza estatal y vulnera el respeto a los derechos humanos.

Igual que en el año 2005 los militares salieron a la calle para acallar las masivas protestas. Lo que Lenin seguramente tiene presente, es que fue esa misma jugada de convocar a las Fuerzas Armadas para controlar la situación, la que le costó el gobierno a Lucio Gutiérrez el 2005. Ese año, los militares ecuatorianos, seguro recordando la proclama de Bolívar maldito del soldado que dispare contra su pueblo rehusó usar sus armas para acallar a los trabajadores e indígenas del Ecuador, por lo que Lucio Gutiérrez se vio obligado a dejar el gobierno.


domingo, 6 de octubre de 2019

Esto no es política, es lucha de clases


El callejón se hace cada vez más estrecho y al final del pasaje ya se divisa el letrero de no salida. La democracia protegida se devela cada vez más como la dictadura de los grandes capitales que nos dominan. El pulpo imperialista vuelve a mostrar –con soberbia-  los palillos con los que teje en la región, y sus socios liberales no han siquiera disimulado su complicidad.

La Guerra Fría que empezara el capital monopólico del complejo militar industrial norteamericano en contra de las alternativas de multilateralismo se renueva crudamente. En todo el mundo las élites, ante la crisis del capitalismo, han articulado la emergencia del fascismo con el bombo y platillo que le facilita el cuarto poder mediático, para que una vez más, sea el fascismo quién acapare el descontento.

Frente a ese escenario, en Europa y América Latina las nuevas izquierdas se han erigido como la alternativa para impulsar las transformaciones al sistema neoliberal. La izquierda tradicional ha sucumbido en la corrupción o la renuncia ideológica.

Sin embargo, aún no tenemos un liderazgo con anclaje ideológico sólido que nos permita ir construyendo la fuerza social revolucionaria capaz de sostener el proceso de transición de transformaciones pos neoliberales. Pero, cuidado por las piedras, el escenario es bien pedregoso. En primer lugar, el movimiento social ha tocado un techo en cuanto capacidad de generación de cuadros dirigentes que empujen las luchas sociales. Sin duda que aún se puede seguir desarrollando en términos horizontales: estableciendo cadenas de equivalencia entre las distintas expresiones del movimiento popular y mejorando sus cuadros de dirección. No obstante, todo indica que el estrecho margen que ha dejado el modelo para la autoorganización de los oprimidos ha sido ya copado por las organizaciones sociales que tenemos como pueblo.

En ese contexto, el dilema trotkysta de la dirección para la generación de los procesos revolucionarios toca animosamente la puerta de quienes estamos organizados políticamente para transformar el modelo. Efectivamente, hoy las tareas pendientes del proceso de cambio dicen relación, sobretodo, en la consolidación de la dirección de la nueva izquierda.

En ese esfuerzo, es prioritario dejar el agrupamiento por caudillismos que vacían la discusión política para iniciar conversaciones ideológicas dentro de las organizaciones de la nueva izquierda agrupadas en el Frente Amplio. Asumir, con generosidad, un proceso que transparente la batería ideológica de cada corriente de nueva izquierda y discutir, en espacios seguros y formativos, sobre cómo vehiculizar las transformaciones que necesitamos. ¡Basta ese miedo a hablar las cosas como son! ¡Muerte al relato de la normalidad democrática y a la ficción de las transformaciones consensuadas! Venimos de un pasado doloroso, vivimos un presente doloroso, asumir aquello para que el futuro sea menos doloroso es la labor de toda persona que seriamente se plantee la generación de cambios sociales en nuestro país.

Mientras nosotros nos mantenemos desarmados ideológicamente, la lucha de clases avanza, y puede pillarnos nuevamente desprevenidos un momento de crisis orgánica del capitalismo donde en vez de transformarse en un sentido socialista, nuevamente la clase trabajadora pague los platos rotos de la acumulación caprichosa de una minoría.
La fórmula portuguesa o uruguaya en Chile es una mala utopía. La renuncia ideológica del progresismo criollo hace inviable un proyecto de transformación con alianzas tejidas hacia el centro o una burguesía nacional que ha demostrado ser raquítica. Esto revela el principal riesgo al que nos enfrentamos al plantearnos la disputa del poder estatal sin una estrategia total para la disputa del poder real: oxigenar el modelo neoliberal con un recambio de élite dirigente. Ya que, tal como dijo Marx hace dos siglos, el Estado es un consejo de administración de los intereses de la burguesía.  

Si bien nuestro programa no puede ni debe ser más que un programa socialdemócrata (cuya potencia socialista está en reconceptualizar lo público como lo popular); está de todas maneras entrelazado con tareas socialistas, ya que implica la construcción de fuerza social revolucionaria para empujar las transformaciones ante la insistente –y violenta- reacción de las clases dominantes. Dicha construcción es orgánica y subjetiva, y para ello, necesitamos las claridades ideológicas, la formación política necesaria.

¿Qué es lo que caracteriza iniciar entre nosotros una discusión político ideológica en clave revolucionaria? Implica la pregunta por el poder real en un contexto de guerra hipotética en contra de la burguesía. Donde la burguesía mantiene y expande su hegemonía por medio de la fuerza del Estado. Esa sencilla clave de Lenin, muchos la pasan por obvia, y así la olvidan. Lamentablemente, en Chile tenemos más de 5.000 muertos encargados de recordárnosla permanentemente, y bien que así sea, ya que no podemos darnos el lujo de perder nuevamente esta lucha política. Perdón, de clases.

En ese sentido, podremos iniciar la atrasada tarea militar en nuestro país. Es prioritario tejer una alianza cívico militar contra el modelo neoliberal. El blindaje institucional de la dictadura más fuerte, que protege nuestra democracia de proyectos alternativos a la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos y del modelo neoliberal.  Hay que bregar activamente por erosionar el muro que construyeron entre la sociedad civil y las fuerzas armadas, ya no bastará como se hizo durante la Unidad Popular, emular sus tambores en los himnos y utilizar sus imágenes en la propaganda y murales. Hoy es fundamental una reforma estructural apenas sea posible que rompa con el escalafón diferenciado, que socialice las instalaciones de las fuerzas armadas para el goce de la sociedad civil, que nos permita a la sociedad civil y a las fuerzas armadas de Chile compartir una misma sala de clases en la Universidad, entre tantas medidas más que se podrían incorporar… 

¿Podremos hacerlo? Imposible no recordar al General Director de Carabineros resistiendo la renuncia que le solicitara el Presidente de derecha. La reacción será temible desde el día uno. Por ello es fundamental allanar el camino, construir las bases, los diagnósticos sociales para posibilitar esos cambios. Apuntar en primer lugar en aquellos lugares sensibles que sufren las clases populares dentro de las fuerzas armadas y de orden, y abrir los canales de dialogo que nos permitirán llevar adelante el programa para recuperar la fuerza del Estado de Chile para los intereses nacionales.



Última publicación

Cambio o Continuidad

  A propósito de las elecciones generales del 21 de noviembre del 2021 creo pertinente establecer algunas claves para dar la disputa en esta...