En estos días la prensa ha festinado con la idea de un Frente
Amplio. Los intelectuales orgánicos del Bloque en el Poder[1]
han escrito varias páginas tratando de dar con las claves de nuestra
composición, parecen muy afanosos a esa tarea con tal de entendernos y poner
con anticipación las reglas del juego para que no seamos peligrosos a su estilo
de vida y modelo de desarrollo que se sustenta en la expoliación vergonzosa de
nuestra población. E incluso columnistas como Héctor Soto plantean que la
formación de este Frente Amplio conlleva oportunidades para un fortalecimiento
de la derecha[2].
Ese fenómeno debe ser una alerta para nosotros ¡Que no nos
pongan las claves del debate! Si debemos pensar un nuevo Chile lo hemos de
hacer desde quiénes no han tenido voz en la esfera pública, no desde la
simulación política que goza en crear nuestra clase dominante en sus debates.
De lo contrario, corremos el gravísimo riesgo de olvidar los profundos
pendientes que tenemos como proyecto refundacional de Chile, donde uno de los
más evidentes por desdeño de la administración transicional, es el relativo a
las diversidades regionales y étnicas de nuestro país. Y es que nuestro
proyecto tiene que comenzar a tocar las fibras que estimulen el sustrato
identitario de pertenecer a esta comunidad imaginada llamada Chile, primero
para desarmarla, luego para refundarla. La tarea es enorme y debemos abrazarla
o sencillamente perderemos el momento histórico de realizarla.
En la intentona de dar respuesta a esta contingencia de
emergencia en nuestra izquierda se han abierto preguntas sobre las creencias
que teníamos por certezas. Muchas fuerzas políticas en la vocación de construir
un Frente Amplio, nos hemos preguntado, ¿en qué podemos aportar al proceso de
construcción de una fuerza social con expresión político electoral capaz de
interpretar a las mayorías del país? Y en eso alguno han concluido que nuestras
lecturas de la sociedad de clases es desactualizada, que dada la situación de
organización actual de la clase trabajadora, debemos re-plantearnos el sujeto y
dar con definiciones más precisas para la contingencia. Básicamente la idea de
que el modelo neoliberal ha modificado de tal manera nuestra sociedad que sus clases
han variado significativamente ¿Qué duda cabe que las transformaciones
neoliberales desalojaron a los trabajadores de la esfera política e inclusive
progresivamente de la económica[3]?
Es curioso porque esta idea esconde el supuesto de que las
lecturas de clases que hemos realizado son del pasado, y que por lo mismo “las
condiciones han cambiado”. Más allá de lo ingenuo o no que pueda parecer esa
apreciación, contiene una advertencia muy atingente a los proyectos de apuesta clasista:
los trabajadores en el contexto neoliberal no poseen las herramientas
suficientes para organizarse como clase y desarrollar consciencia ‘para sí’,
viabilizando una transformación socialista de la sociedad. Ahora, todo militante
de Izquierda Libertaria sabe que eso ya está contenido en la estrategia de
Ruptura Democrática, sin embargo el llamado de atención es igualmente oportuno.
Y es que ¿alguna de las fuerzas emergentes podría precisar con claridad quién
es el sujeto que conduce las transformaciones que necesitamos?
Claro que el sujeto de un determinado momento no
necesariamente es el mismo sujeto que comprendemos como clave para la
transformación radical de la sociedad, a saber, la clase trabajadora. Hay
contradicciones superpuestas que lo determinan. Una fundamental, el conflicto
entre el capital y el trabajo, que hace de la clase trabajadora la
transformadora de la sociedad capitalista, y otra secundaria o del período
entre el reacomodo del neoliberalismo chileno y una creciente movilización de
las capas medias y franjas del proletariado por soberanía[4].
Ese sujeto permanece indeterminado y creo que para ayudar a dilucidarlo es útil
comprender que debe estar formado sobre relaciones de conflicto latentes en la
sociedad, que es otra forma de decir relativo a ‘lo político’.
En las actuales condiciones de escasa organización social,
nuestra labor institucional, debe apuntar ante todo a visibilizar las
relaciones de conflicto para estructurar sobre ellas y su radical oposición, el
tablero de ‘lo político’ actualmente estructurado por el clivaje de “la medida
de lo posible” ¿Por qué? porque de nada sirve nuestra inserción institucional
si no es para aportar a la acumulación de fuerzas de cara a una irrupción
popular que posibilite un cambio social e institucional que redefina lo legítimo,
y valore la acción colectiva, el desarrollo y la producción. Vuelve la pregunta
del inicio ¿A quién estamos formando? Y, ¿cuáles son las claves del antagonismo
en esta contingencia?
Saliendo del período de rearme de nuestro tejido social, del
miedo a la muerte que nos heredó la dictadura. Recién hace 10 años, desde el
2006, nos empezamos a defender como sociedad ante el abuso y el robo
institucional. Pero aún en una fase defensiva, el gobierno de Michelle Bachelet
pasa leyes que merman las posibilidades de la organización social. Si hay
alguien que cree que con las reglas del juego democrático transicional el
pueblo se puede ver beneficiado, está muy equivocado. La lista de cerrojos
institucionales es bastante larga y basta revisar el fallo del Tribunal
Constitucional contra la titularidad sindical del proyecto de Reforma Laboral
para convencerse[5].
Y lamentablemente poco depende de lo que puedan hacer las fuerzas emergentes
con presencia institucional.
Frente a la imposibilidad estructural actual de constituir a la clase trabajadora ‘para sí’, nuestro tramado táctico estratégico identifica a las capas medias[6]; ese conjunto indeterminado del pueblo chileno que condujo las movilizaciones mapuche (96 a la fecha), Aysén (2012), Freirina (2012), pobladores (2006 a la fecha), estudiantiles (2006-2014), profesionales docentes (2015-2016), trabajadoras del hogar, sectores rurales o marginados del desarrollo o victimas del antidesarrollo social, feministas e indígenas (en Rapa Nui, en Chilwe, etc.); las que expresaran esta primera fase de conflicto, dado que nuestras demandas son por dignidad[7] y otro modelo de desarrollo coherente con la sociedad.
Entonces ¿cómo esos sectores son compatibles con nuestro sujeto de transformación, la clase trabajadora? ¿Ellos son parte de la clase trabajadora?
Sí y no. Si consideramos la clase trabajadora como un
proyecto histórico que divide la sociedad en dos partidos: “el del trabajo” y
“el del capital”, es difícil delimitar aquello socioeconómicamente. Entonces
¿cómo cimentamos la aparición de la clase trabajadora como sujeto de
transformación? Un ejemplo cercano para
muchos, puede ser el proyecto educativo del movimiento estudiantil. Esa idea
que nosotros impulsamos al interior del movimiento estudiantil tenía por
intención marcar una diferencia de concepción educativa con el bloque
dominante, toda reivindicación esconde una postura política en una contingencia
y la contingencia, como la política, depende del conflicto.
Era evidente que si estabas a favor de la educación como
bien de consumo estabas favoreciendo el negociado de empresarios inescrupulosos
y/o el estatus quo que es lo mismo. Si estabas a favor de la educación como
derecho social en cambio, era porque estabas a favor de los estudiantes hijos
de trabajadores que no podían pagar una educación privada y porque querías una
educación distinta a la actual: democrática, pública, etc. Lo contrario a lo
que hay. Podemos pensar lo mismo con el tema previsional con la demanda de No
más AFP. Hay una lógica en las demandas populares de esta fase defensiva de
reivindicaciones por dignidad, una expresión de esa coherencia está dada por
una imagen negativa: la firma de la Ley General de Educación (2007) con el que
Bachelet en su primer gobierno intentó cerrar el episodio de la Revolución
Pingüina, según algunos, “el último contentamiento… paradigma de la concordia
universal”[8],
que planto una semilla de desconfianza con los políticos del modelo que se
tradujo, por la acción política de los mismos militantes de los movimientos
sociales, en un principio táctico de no colaboración con la oxigenación del
modelo dado que hemos diagnosticado que sus sucesivas administraciones se han
demostrado fraudulentas en sus intentos por cambiarlo.
Las demandas son muchas, pero ¿qué hay detrás del
descontento que hace estallar reivindicaciones donde no las hay? Al igual que
en varias de las cosas de la vida, el descontento que moviliza es una sensación
– anclada en la necesidad y contradicción material -, un sentir que hemos de
canalizar de forma concéntrica (como un cono) hacia una identidad que sea expresión
de las partes en conflicto y sea alternativa de sociedad. La respuesta a la
pregunta ¿quién va a hacer la ruptura democrática? Está detrás de esa
construcción. No puede ser un agregado de particulares sino que ha de ser un
particular susceptible de ser universal.
En ese sentido, en esta fase originaria del Frente Amplio, como
una coalición de multitudes; diversa como el descontento de la gente con el
modelo, debemos desarrollar las cadenas de equivalencias efectivas para que
“los descontentos” que se sienten en un mismo núcleo territorial logren
reconocerse a pesar de sus diferencias (etarias, sociales, laborales), en un
particular lo suficientemente líquido para no dejar a nadie fuera, ni por
abajo: indígenas o marginales; ni por arriba: profesionales o empresarios
productivistas[9].
Para esa construcción de sujeto, hay que pensar los principios éticos que proponemos, pero no sólo pensándonos en positivo. El ejercicio que debemos hacer no es del tipo: “soy pobre, vivan los pobres”. Sino pensar en cómo la emoción que niega lo existente puede interpretarse en positivo y a la vez prefigurar el proyecto que impulsamos como desarrollo de nuestro acumulado de fuerzas hacia el estallido y posterior reacomodo democrático ¿Qué lecciones políticas podemos enseñar los movimientos sociales a nuestra sociedad? No hay que pensar la estrategia electoral o institucional así no más. Si llegamos pronto al gobierno no vamos a tener el poder. Entonces hay que pensar cómo nos diferenciamos sustancialmente de lo que negamos y por reflejo: quienes somos y contra quienes estamos.
Pero no todo es discurso. Este proceso requiere al menos de un par de sujetos constituidos para sostener el proceso de construcción de alternativa. Ello implica que esos sectores diagnostiquen la situación en la que se encuentran y que por reflejo abran el abanico de posibilidades que la mayoría de las veces -por la mala economía que nos somete- está reducida a una. Sólo si logramos eso seremos capaces de intervenir el escenario con una propuesta viable. Por muy programático que sea el énfasis, los sujetos no atacarán la contradicción de período sólo por afirmarse a sí mismos. La disputa se constituye de fuerzas reales capaces de sostener movilizaciones que delimiten el contorno del conflicto.
Necesitamos de un núcleo central; un grupo organizado que practique la radicalidad democrática, la no colaboración con el Bloque Dominante y que tenga demandas de un futuro post neoliberal; uno que sea ejemplo vivo del proyecto de refundación de Chile, y que indique también una eventual transformación estructural de la sociedad. Las cadenas de acumulación de capital en nuestro modelo primario exportador son bastante claras y los sectores estratégicos de la producción[10] son los únicos que pueden hacer tambalear el modelo neoliberal. Necesitamos una base que aporte dinamismo programático, masividad y pueda servir de altavoz de las demandas post neoliberales: los trabajadores del área de servicio y públicos que han convocado movilizaciones recientemente, están donde el modelo se realiza[11] cobijando sus expresiones más contradictorias, las más deshumanizantes de la fuerza de trabajo y donde más le falla a la ciudadanía. Por último, necesitamos de un particular susceptible de ser universal, un sector dirigente a nombre de quién las transformaciones se han de impulsar suficientemente amplio. Dado el incremento creciente del auto empleo precario, el trabajo parcial involuntario y el desempleo formal, el desempleo escondido podría alcanzar fácilmente las dos cifras en el 2017[12].
Haciendo un símil a lo que ha ocurrido en otras latitudes, creo que ese sector está signado por lo que algunos llaman “el precariato”[13], léase el conjunto de capas medias precarizadas por el modelo de anti desarrollo que son convocadas a la acción política por el proyecto refundacional en sí mismo más que por su posición en la producción.
La izquierda emergente envuelta en esta discusión ha deslizado hasta ahora tres alternativas. La primera, construir un sujeto ‘clasemediero’ anclado en el clivaje de la transición fracasada con demandas democratizantes y redistributivas. La segunda, construir un sujeto diverso con múltiples identidades y dirigidas todas espontáneamente hacia el problema estructural; y los que creemos en la centralidad del trabajo como conducto para la construcción de este nuevo “nosotros” que anticipe la construcción de la “clase trabajadora” en tanto sujeto que viabilice las transformaciones del presente pero sobre todo las de mañana, cuando la cancha de la lucha de clases presente mejores condiciones para la contienda. ¿Qué condiciones políticas son las que debemos articular para aportar a esa construcción? Como lo señala nuestra estrategia de ‘ruptura popular y cambio democrático’, será el programa lo determinante de las partes en conflicto.
Nuestros
adversarios ya hicieron este ejercicio el 2014: en los primeros 100 días de
gobierno el programa de la Nueva Mayoría prometía con la reforma tributaria, el
proceso constituyente y la reforma educacional taponear los tres puntos de fuga
que se habían abierto a la legitimidad neoliberal: la extrema desigualdad, la
constitución pinochetista y el sistema educacional. Esos tres puntos, dentro de
otros que debemos agregar como la demanda por una previsión social, o el
carácter político del conflicto indígena, siguen estando vigentes y carentes de
interpretación popular. Sobre todo el trabajo debería ser una de las
centralidades programáticas de este proceso de construcción llamado a generar
la ruptura popular y el cambio democrático en el país ¡La mayoría de los
trabajadores del país trabajan de forma ilegal! En definitiva, los factores que posibilitan esa construcción son aquellas cadenas de equivalencia que hace que la diversidad de gente de un mismo comunal o núcleo territorial del Frente Amplio se sienta parte de la misma identidad, del mismo ‘pueblo’. Si bien en esta primera fase nos sostendremos sobre un concepto de multitud que dialoga las diferencias, el proyecto debe ir tocando las fibras del sustrato que nos define como comunidad nacional con tal de proponer un claro antagonismo expresado en “nosotros en contra de” y desde ese punto de partida, realizar la tarea que nuestra belicosa élite ha sido incapaz de cumplir. Responder sencillas preguntas sobre Chile y su futuro ¿Hacia dónde proponemos ir? Y lo más importante ¿por qué hace sentido que tomemos ese curso?
Referencias
Chomsky, N. (23 de agosto de 2011). Chomsky.info.
Obtenido de chomsky.info: https://chomsky.info/20110823/
[1]
Por “Bloque en el Poder” entenderemos quienes sostienen en la esfera política
pública y en la empresarial privada el modelo de desarrollo neoliberal.
[2]
“El revés de la trama” publicada en Reportajes, La Tercera, 18/12/2016.
[3]
Hay lecturas de la tendencia de externalización laboral como una dirigida a
construir “empresas sin trabajadores”, dado que se basa en la liberación de
la empresa contratista del problema de tener empleados a su cargo, y la
empresa subcontratista es especialista en implementar modelos donde la
organización de la fuerza de trabajo sea un imposible.
[4]
Por “soberanía” nos referiremos a ese denso conjunto de reivindicaciones
democráticas y económicas por un modelo de desarrollo coherente con lo
social.
[5]
El fallo del TC de 320 páginas considera que la Titularidad Sindical
“infringe el ‘derecho a asociarse’”, así como la extensión de beneficios vías
afiliación “vulnera el derecho a la libre contratación” y sigue.
[6]
Las capas medias no se deben confundir con la construcción, sobretodo
ideológica, de la “clase media”. Dado que una categoría que se refiere más
bien la posición de una persona en la estructura productiva más que en la
pirámide socioeconómica. Marx en la lucha de clases en Francia (1848)
se refiere a éstas como las capas que se encuentran entre las dos clases con
intereses determinados por la estructura capitalista, y utiliza la categoría capas medias para referirse
principalmente al campesinado de la época.
[7]
Uso dignidad y soberanía indistintamente aunque dignidad me parece más
preciso en tanto es más elocuente sobre la negación de lo existente para la
afirmación una posibilidad. Mientras que soberanía parece afirmar una
situación identitaria de sujetos.
[8]
Revisar la columna de Héctor Soto en La Tercera 18/12/2016.
[9]
En el escenario de total subducción del capital nacional al extranjero por su
acervo financiero, volviéndose con frecuencia extranjero el capital nacional,
es difícil pensar en la existencia de esta categoría. Aunque sea en las
postulaciones a fondos CORFO debemos encontrar los capitales que viabilicen un
modelo de desarrollo soberano.
[10]
Por sectores estratégicos de la producción léase aquellos que están envueltos
en las principales cadenas de acumulación de capital del país a través del
trabajo (y no de las finanzas): mineros, forestales, agroindustriales,
portuarios.
[11]
Podemos decir que el modelo se realiza a través del área de servicios dado
que allí construye su ágora cívica del nuevo sujeto ciudadano como
consumidor.
[12]
Alejandro Alarcón, economista Universidad de Chile, sintonía radial 100.1,
6:30 pm. 22/12/2016.
[13] “Los analistas del banco describen un mundo
que se está dividiendo en dos bloques: la “plutonomía” y el resto, en una sociedad
global en la que el crecimiento es alimentado por los pocos ricos, y
consumido por ellos mismos. Luego están los “no-ricos”, la inmensa mayoría, a
la que ahora a veces se llama el “precariato global”, es decir, la fuerza de
trabajo que lleva una vida precaria” (Chomsky, 2011).
