“A los que hacen revoluciones se les permite descansar solo en la tumba” - Saint Just, líder de la revolución francesa.
El Frente Amplio viene siendo el acumulado político social que expresa la intención de un Chile distinto al neoliberal. A un país de privatización de todos los asuntos públicos y cuyas caretas más funestas aún desconocemos. Casos como los de Penta, Caval, la corrupción de Carabineros, SQM, asesinatos extrajudiciales, zonas de sacrificio, Quintero y Puchuncaví, son solo el preludio de una olla que está soltando los primeros vapores antes de explotar.
Somos la decencia, la indignación organizada en contra de lo moribundo. Representamos, hasta donde sabemos, una tendencia histórica e infranqueable. El modelo neoliberal tal y como se estrenó en Chile no es viable a largo plazo. O madura y perfecciona o es superado por los movimientos sociales que se le oponen. No obstante, nuestra emergencia, así como nuestra decadencia, es circunstancial. Surgimos en una cancha marcada por el enemigo. Ese es un hecho, no una opinión.
¿Cómo iniciamos nuestra acción en una cancha previamente definida, con reglas y arbitraje a conveniencia? Hay que cuidarse de no ser comidos por el espectáculo con el que la minoría perversa que nos gobierna establece los tiempos, temas y legitimidades en el habla.
El problema del Frente Amplio no es de organicidad interna para evitar la parlamentarización, el problema del Frente Amplio es la formación política de base. Dado que: no existen partidos con direcciones políticas claras y no existe construcción estratégica.
Si dotamos de organicidad interna a la articulación territorial, tarea urgente e indispensable, no vamos a evitar que a futuro se replique el show pobre de nuestra coalición. No mientras en la esfera del espectáculo mainstream la izquierda siga liderada por Pamela Jiles y Mayol que en la segunda vuelta buscaban negociar con la Nueva Mayoría.
"Yo no sé por qué el Frente Amplio no está negociando con la Nueva Mayoría un ministerio" decía Pamela Jiles de cara a la segunda vuelta.
Una izquierda de coalición que carece de orientación estratégica y no le da el más mínimo tinte de historicidad al acumulado que hemos logrado convocar en el Frente Amplio. Si pudiésemos sintetizar el problema en una sola idea sería una de las condiciones mismas de la coalición. Su amplitud y disputa permanente entre un proyecto socialista y otro burgués.
¿Qué duda cabe que parte del Frente Amplio solo pretende un recambio de élite? ¿Qué duda cabe que muchos de nuestros y nuestras parlamentarias no son más que polillas que buscan el brillo de cualquier cámara que puedan pillar para aumentar su ego personal?
Sí, nuestra coalición está en disputa. Eso lo hemos sabido antes de su creación, los problemas que vemos hoy son producto de esa condición. Entonces ¿cómo podemos avanzar en dar respuesta al desafío?
Lo primero, y que salta a la vista, es la construcción de un partido que de una dirección política estratégica al conglomerado. Parece obvio, pero quizás es necesario señalar que dicha orientación no va a ser nunca definitiva siempre estará siendo disputada por la miopía de parte de nuestro conglomerado.
En ese sentido, la razón por la que el Frente Amplio se presta fácilmente para el manoseo político del poder, reside en que no hay una orientación estratégica compartida por los grupos políticos con incidencia y trabajo social como Movimiento Autonomista, SOL, Izquierda Libertaria, Izquierda Autónoma, Nueva Democracia, entre otros.
Poner de acuerdo a cinco direcciones partidarias no es cosa fácil, menos cuando cada una quiere liderar a la otra, está claro. Pero si no ocurre eso luego, vamos a seguir dependiendo de la referenciación que tiene Revolución Democrática, paladín del proyecto frenteamplista burgués y de las ocurrencias de nuestros ¿despistados? diputados.
Somos la decencia, la indignación organizada en contra de lo moribundo. Representamos, hasta donde sabemos, una tendencia histórica e infranqueable. El modelo neoliberal tal y como se estrenó en Chile no es viable a largo plazo. O madura y perfecciona o es superado por los movimientos sociales que se le oponen. No obstante, nuestra emergencia, así como nuestra decadencia, es circunstancial. Surgimos en una cancha marcada por el enemigo. Ese es un hecho, no una opinión.
¿Cómo iniciamos nuestra acción en una cancha previamente definida, con reglas y arbitraje a conveniencia? Hay que cuidarse de no ser comidos por el espectáculo con el que la minoría perversa que nos gobierna establece los tiempos, temas y legitimidades en el habla.
El problema del Frente Amplio no es de organicidad interna para evitar la parlamentarización, el problema del Frente Amplio es la formación política de base. Dado que: no existen partidos con direcciones políticas claras y no existe construcción estratégica.
Si dotamos de organicidad interna a la articulación territorial, tarea urgente e indispensable, no vamos a evitar que a futuro se replique el show pobre de nuestra coalición. No mientras en la esfera del espectáculo mainstream la izquierda siga liderada por Pamela Jiles y Mayol que en la segunda vuelta buscaban negociar con la Nueva Mayoría. "Yo no sé por qué el Frente Amplio no está negociando con la Nueva Mayoría un ministerio" decía Pamela Jiles de cara a la segunda vuelta.
Una izquierda de coalición que carece de orientación estratégica y no le da el más mínimo tinte de historicidad al acumulado que hemos logrado convocar en el Frente Amplio. Si pudiésemos sintetizar el problema en una sola idea sería una de las condiciones mismas de la coalición. Su amplitud y disputa permanente entre un proyecto socialista y otro burgués.
¿Qué duda cabe que parte del Frente Amplio solo pretende un recambio de élite? ¿Qué duda cabe que muchos de nuestros y nuestras parlamentarias no son más que polillas que buscan el brillo de cualquier cámara que puedan pillar para aumentar su ego personal?
Sí, nuestra coalición está en disputa. Eso lo hemos sabido antes de su creación, los problemas que vemos hoy son producto de esa condición. Entonces ¿cómo podemos avanzar en dar respuesta al desafío?
Lo primero, y que salta a la vista, es la construcción de un partido que de una dirección política estratégica al conglomerado. Parece obvio, pero quizás es necesario señalar que dicha orientación no va a ser nunca definitiva siempre estará siendo disputada por la miopía de parte de nuestro conglomerado.
En ese sentido, la razón por la que el Frente Amplio se presta fácilmente para el manoseo político del poder, reside en que no hay una orientación estratégica compartida por los grupos políticos con incidencia y trabajo social como Movimiento Autonomista, SOL, Izquierda Libertaria, Izquierda Autónoma, Nueva Democracia, entre otros.
Poner de acuerdo a cinco direcciones partidarias no es cosa fácil, menos cuando cada una quiere liderar a la otra, está claro. Pero si no ocurre eso luego, vamos a seguir dependiendo de la referenciación que tiene Revolución Democrática, paladín del proyecto frenteamplista burgués y de las ocurrencias de nuestros ¿despistados? diputados.


